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15/04/2020 11:35 CEST | Actualizado 15/04/2020 11:35 CEST

La encrucijada del coronavirus en la India

Es un momento en el que los países deberían mostrar más solidaridad y los gobiernos unirse para no generar un mundo más injusto que el que había antes.

Hindustan Times via Getty Images
Preparativos en una ciudad de la India para mantener la distancia social durante un reparto de alimentos a personas pobres. 

Entre las cuatro paredes de mi casa, con luz, con electricidad, con un grifo del que sale agua, con una nevera llena de comida… Una confinada de lujo. Así me siento cuando desde la otra parte del mundo me envían un mensaje que me trae a la cabeza aceras que son hogares, miradas que son súplicas. Llega de la India, el segundo país más poblado del mundo, con 1.368 millones de personas que deberán estar confinadas hasta 3 de Mayo, y desde el pasado 25 de marzo, para evitar que explote una bomba vírica. 

“En India tenemos 139 millones de trabajadores migrantes y la mayoría viven del trabajo de cada día, así que se han quedado sin ingresos con el encierro. La OIT dice que unos 400 millones de indios van a sufrir una crisis económica. Sin empleo, sin salarios y con alquileres en las ciudades muy altos, millones ya comenzaron retornar a sus aldeas cuando se anunció el confinamiento, sobre todo desde ciudades y estados donde se detectó el Covid-19”. Me lo cuenta  Sandeep Chachra, director ejecutivo de Action Aid en India, una de las organizaciones que desde el primer momento se puso a trabajar para intentar paliar el impacto de la crisis humanitaria que se les viene encima. Con su equipo trabaja Alianza por la Solidaridad-Action Aid en proyectos que se estaban iniciando en el subcontinente destinados a mejorar la independencia económica de las mujeres. Las restricciones se lo están poniendo muy difícil. 

Como en tantos otros lugares del mundo, en la India nadie sabe cuál es la real expansión del virus. A día 15 de abril, las cifras oficiales hablan de menos de 10.000 contagiados y unos 358 muertos. Pocos parecen. El Gobierno indio quiere aumentar el número de test que realiza para tener una imagen más real, identificar los focos y bloquearlos para evitar que el Covid-19 llegue al interior del país, pero ahora mismo no se sabe si lo conseguirá. Gran productor de fármacos a nivel mundial, hace días bloqueó la exportación de un medicamento contra la malaria que podría ser útil para tratar la infección, podría porque es algo pendiente de pruebas científicas concluyentes. Ante las amenazas de Donald Trump, que parece fiar su futuro político a la disponibilidad de este fármaco en su país, Narendra Modi tuvo que dar marcha atrás a una medida, que por desgracia estaba en línea con el desbocado nacionalismo proteccionista que vivimos estos días, curiosamente también en Estados Unidos, y que es un varapalo para quienes habitan este planeta en condiciones de pobreza, cuando no miseria absoluta.

Se echa en falta un paquete de ayudas masivas para los 400 millones de trabajadores informarles si se quiere evitar una gran crisis humanitaria.

Ante la masiva llegada de familias a zonas rurales indias desde las ciudades, enseguida los estados de destino, explica el responsable de Action Aid, han decretado poner en cuarentena obligatoria a los recién llegados durante 14 días.  A lo largo y ancho del país se han montado más de 28.000 campamentos, de los que 15.000 están en Kerala, al sur. Son sus ‘arcas de Noé’ para tratar de evitar la propagación de una infección que podría ser devastadora. Pero Chachra es consciente de que no basta. “Muchos de los trabajadores siguen atrapados sin poder salir en lugares diferentes a los de su origen y aunque hay campamentos improvisados, en realidad  allí están sólo una parte de los que realmente hay, así que hay mucha preocupación de que haya más oleadas de migración y que no haya capacidad para atenderlas. Ni siquiera hay medidas oficiales que garanticen un traslado seguro a las aldeas, ni cómo se gestionará la comida o su alojamiento en los campamentos”.

Y es que muchas de las cadenas de suministro se han roto con el cierre de comercios y son muchas las familias no tienen reservas de alimentos para 21 día de encierro. Algunas ni siquiera tienen casa, así que si esta medida de extendiera más días, como muchos estados ya recomiendan, el hambre se haría presente, augura Chachra. Las ayudas oficiales anunciadas por el Gobierno de Modi para los pobres, reconoce, no están llegando y, además, ¿cómo podrían identificar a los que lo necesitan si no están registrados en ningún sitio? 

DIPTENDU DUTTA via Getty Images
Reparto de alimentos en Siliguri. 

Paliar este primer handicap es lo que están tratando de hacer muchas ONG y organizaciones de la sociedad civil, como Action Aid, que intentan esquivar como pueden las limitaciones de movilidad que se han impuesto para llegar a los más vulnerables y que trasladan a las autoridades los listados con aquellos que precisarán apoyo para sobrevivir. Me comenta su director que en estos días ya han proporcionado raciones secas o alimentos cocinados a casi 100.000 familias en 18 estados, de las que 40.000 familias fueron en colaboración con las autoridades locales. Y me envía fotos en las que veo a madres, padres e hijos haciendo largas colas para conseguirlas. “Se han instalado muchas cocinas comunitarias para proporcionar comida preparada a familias y personas sin hogar que no pueden cocinar sus propios alimentos. También estamos ayudando a generar conciencia en las comunidades sobre lo importante que es la  higiene para prevenir una mayor infección por Covid-19”, me explica Sandeep Chachra.

Es un momento en el que los países deberían mostrar más solidaridad y los gobiernos unirse para no generar un mundo más injusto que el que había antes.

Visto desde el terreno, me dice que, pese a que hay problemas de coordinación, fue muy positivo que el Gobierno involucrara a ONGs y entidades privadas en su respuesta humanitaria, aunque se echa en falta un paquete de ayudas masivas para los 400 millones de trabajadores informarles si se quiere evitar una gran crisis humanitaria. 

Chachra echa en falta un “espíritu de cooperación internacional” en eta crisis, salvo contadas acciones, como la de los médicos cubanos. “Las plataformas multilaterales como el G20 u otras formaciones regionales a nivel continental necesitan formular un plan de respuesta colectiva para enfrentar la pandemia, por ejemplo, con un paquete de estímulo fiscal para la economía global que aborde los problemas de los países en desarrollo. Instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial han anunciado paquetes de ayuda, pero deberían ser una combinación de donaciones y préstamos a bajo interés, sin ninguna condición de mantener déficit fiscales bajos, para no caer en errores del pasado”, defiende.

Este tipo de acciones, unidas a la suspensión indefinida de la deuda de los países en desarrollo, deberían ser cuestiones a abordar desde ya que no se están teniendo en cuenta. Es más, es un momento en el que los países deberían mostrar más solidaridad y los gobiernos unirse para compartir recursos, incluidos datos y conocimientos científicos, que no generen un mundo más injusto que el que había antes de que un microorganismo invisible nos cambiara la vida. 

 

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