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13/07/2019 09:43 CEST | Actualizado 13/07/2019 09:43 CEST

La gordofobia está destruyendo mi relación con mis amigas

Las críticas que hacen de otras personas o sobre sí mismas me dicen exactamente lo que opinan de mi cuerpo.

© RICK ELKINS VIA GETTY IMAGES

Mi historia comienza como muchas otras. Nace una niña. Esa niña crece viendo cómo las mujeres a las que quiere luchan contra sus propios cuerpos y se castigan a sí mismas por no ser suficientemente delgadas. Prueban las dietas que están de moda en ese momento, programas extremos de ejercicios, restricciones absurdas de calorías e incluso pociones y pastillas “mágicas”. Independientemente de lo que probaran, la pérdida de peso no era ni sostenible a largo plazo ni suficiente. Esa niña llega luego a la pubertad, termina odiando su propio cuerpo y repite el ciclo.

Pero no para siempre. Aquí es cuando mi historia da un giro radical.

Mi fe ciega en la creencia de que debía estar delgada para ser una persona valiosa se juntó con ciertos acontecimientos traumáticos hasta transformar mis dietas en un auténtico trastorno alimentario. Antes de que pudiera darme cuenta, estaba corriendo medias maratones, restringiendo seriamente mi ingesta de calorías y sufriendo con los atracones. Seguí así durante un año hasta que me fracturé una pierna por exceso de ejercicio. Me di cuenta de que ya no estaba en control del monstruo y acudí a un profesional de la salud mental especializado en trastornos alimentarios.

Engordé 20 kilos durante mi recuperación, lo suficiente para pasar de rozar el sobrepeso a ser obesa. Lo que más temía que sucediera se había hecho realidad. Por suerte, con la ayuda de mi terapeuta y mucho trabajo, empecé a comprender que gorda solo es una palabra. Descubrí que puedo ser guapa, segura y feliz con cualquier talla.

El problema es que el hecho de que yo me acepte a mí misma no significa que los demás se hayan deshecho de sus ataduras de la cultura de la gordofobia y las dietas.

'Gorda' solo es una palabra. Descubrí que puedo ser guapa, segura y feliz con cualquier talla.

Al principio, temía que mi pareja no me viera atractiva si se enteraba de que iba a ser siempre así. Sin embargo, querer mi propio cuerpo pareció encender más nuestra vida sexual de un modo que nunca había conseguido cuando estaba más delgada y odiaba mi cuerpo. Me preocupaba estar en un mundo que no mostraba representaciones positivas de la gordura en la cultura pop, pero logré encontrar a un montón de mujeres gordas que viven su vida a tope.

Algo con lo que nunca imaginé que sufriría es con cómo la gordofobia de mis amigas volvería a hacerme sentir que no valgo.

A las mujeres se les suele decir que la culpa de esos estándares de belleza poco realistas es de los hombres y los medios de comunicación. Esa solo es una parte de la verdad. Las personas que más han interiorizado esos mensajes y se esfuerzan por mantenerlos como si fuera su trabajo a jornada completa a menudo son las propias mujeres.

Yo misma he tratado de extirparme mi propia gordofobia, desestigmatizar la palabra gorda y dejar de participar en la cultura de la dieta. No obstante, cuando me encaro con las mujeres de mi alrededor y les digo que estoy incómoda con la crítica que acaban de hacer del cuerpo de otra mujer, de su propio cuerpo o cuando les pido que no utilicen la palabra gorda en un sentido despectivo, por lo general se enfadan y se ponen a la defensiva.

Hace un par de semanas, salí con un grupo de amigas y empezamos a contar historias terribles sobre nuestros exnovios. Como reacción a una historia particularmente deplorable, una de las mujeres dijo que ojalá el ex en cuestión estuviera gordo ahora. ¿Acaso la gordura es el peor mal que le puedes desear a una persona?

No sabría decirte cuántas conversaciones he mantenido sobre mujeres que iban vestidas con unas prendas “que no deberían llevar” por su peso. ¿Quién dice que no pueden llevar algo que las haga sentir bien? Quizás cuando se visten no lo hacen para que otra persona consuma su cuerpo.

Cuando les pido que no utilicen la palabra 'gorda' en un sentido despectivo, por lo general se enfadan y se ponen a la defensiva.

Una amiga mía delgada me suele comentar lo desagradable y gorda que se siente y utiliza esas dos palabras como si fueran sinónimos. A veces me pregunto qué opina ella de mi cuerpo si se siente tan desagradable en el suyo. Aunque es una persona muy agradable en general, me he dado cuenta de que cada vez paso menos tiempo con ella y sus autodesprecios.

Varias de mis mejores amigas y familiares son entrenadoras personales o trabajan para empresas de bienestar cuyo objetivo principal es ayudar a adelgazar. A lo largo de los años, me han invitado de forma periódica a probar sus productos y sistemas de entrenamiento. Cada vez que me sacan el tema, siento como si me estuvieran diciendo que no valgo suficiente, que probablemente quiera adelgazar. O sea, basta con echarme un vistazo, ¿no?

Incluso cuando no me lo comentan directamente a mí, en las redes sociales comparten publicaciones para animar a la gente a comprar sus productos y contratar sus servicios. A veces parece que digan: ¿Odias tu cuerpo? ¿Te sientes desgraciada en tu propia piel? ¿Eres una de esas personas gordas desagradables? ¡Puedo ayudarte con eso!

Estar delgada y en forma también es genial, pero solo si el motivo coincide con unos objetivos personales saludables y no le pasa factura a tu autoestima haciéndote pensar que la gordura es inherentemente mala.

Como consecuencia de todo esto y en un esfuerzo por protegerme a mí misma, he tenido que erigir barreras mentales y emocionales con la gente a la que más quiero.

La gordofobia y la cultura de la dieta penetran en nuestra sociedad, en nuestras creencias y en nuestro lenguaje. El mensaje es claro: estar gorda es desagradable, estar delgada es una virtud, si tienes sobrepeso, es por falta de disciplina. Me doy cuenta de que mis amigas están navegando en esta cultura y sufriendo sus propios problemas corporales. Comprendo que la gordofobia interiorizada es muy difícil de extirpar. Yo misma soy consciente de que aún me queda trabajo por delante.

Sí, es un desafío valorar tu propio cuerpo cuando las mujeres a las que quieres y admiras, aquellas a las que aspiras a parecerte, no son capaces de aceptar sus magníficos cuerpos ni de dejar de regirse por estándares de delgadez irreales.

Algo de lo que no se dan cuenta es de que las críticas que hacen de otras personas o de sí mismas me dicen exactamente lo que opinan de mi cuerpo.

No hace mucho, mi vida dependía literalmente de aprender a querer mi cuerpo, así que, por favor, pensad que cuando desafío vuestra gordofobia y vuestra participación en la cultura de la dieta, lo que hago es seguir luchando para salvar mi vida. Si sois capaces de escucharme, quizás hasta os sintáis más liberadas vosotras mismas.

 

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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