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08/08/2019 19:45 CEST | Actualizado 08/08/2019 19:48 CEST

La polución causa hasta un tercio de los casos de asma infantil en Europa

ilona75 via Getty Images

Hasta un 11% de los casos nuevos de asma infantil podrían ser prevenidos cada año si los países europeos cumplieran con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el 33% se podrían evitar si la reducción de la contaminación atmosférica por PM2,5 se ampliase hasta alcanzar los niveles más bajos registrados en la literatura científica. Estas son las conclusiones de un estudio realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) publicado en el European Respiratory Journal en el que se han estudiado 18 países europeos.

El asma es la enfermedad crónica más común en la infancia. Existe evidencia emergente que sugiere que la exposición a la contaminación atmosférica podría incrementar el riesgo de desarrollar esta enfermedad respiratoria durante la infancia. 

La investigación partió de datos del censo de población de 18 países europeos y obtuvo las tasas de incidencia de asma en niños y niñas de la base de datos del estudio de la Carga de Enfermedad Global (Global Burden of Disease). La exposición a los diferentes contaminantes se calculó utilizando un modelo estadístico europeo armonizado (regresión de uso del suelo o LUR) basado en múltiples medidas reales realizadas en el continente.

Para estimar la carga de enfermedad del asma infantil, el equipo científico planteó dos escenarios diferentes: el primero se basaba en los niveles máximos de contaminación atmosférica contemplados en las recomendaciones de la OMS. El segundo tomaba como referencia los niveles más bajos de contaminación del aire detectados en una revisión de 41 estudios científicos anteriores.

A cumplir

El análisis del primer escenario sugirió que 66.600 casos de asma infantil (el 11% del total de casos incidentes) podrían ser prevenidos cada año si los 18 países estudiados cumplieran con las recomendaciones de la OMS sobre los niveles de partículas PM2,5. Así mismo, las estimaciones indican que cumplir con los niveles recomendados de NO2 permitiría prevenir 2.400 casos de asma infantil al año (el 0,4% del total de casos incidentes).

“El análisis mostró que, si bien cumplir con las recomendaciones de la OMS para PM2,5 implicaría una reducción significativa de casos de asma infantil por año, ese no es el caso con NO2, donde solo un 0,4% de los casos podrían ser prevenidos. En consecuencia, nuestras estimaciones indican que las recomendaciones actuales de la OMS sobre los niveles máximos de NO2 parecen proporcionar mucha menos protección que las de PM2,5. Proponemos que estos valores sean revisados a la baja para hacerlos más apropiados para la protección de la salud de niñas y niños”, sostiene David Rojas-Rueda, uno de los científicos que lideró el estudio en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

En lo que se refiere a los resultados del segundo de los escenarios, si los 18 países fuesen capaces de reducir las concentraciones de PM2,5 hasta los niveles más bajos registrados en estudios anteriores, cada año se podría prevenir más de 190.000 casos (o el 33% de los casos incidentes). El número de casos que podrían ser evitados cada año si se alcanzasen los niveles más bajos de NO2 y carbono negro sería de 135.000 (o el 23%) y de 89.000 (o el 15% de los casos incidentes), respectivamente.

Peor en las ciudades

En general, estas estimaciones se encuentran en la misma línea que las de dos estudios anteriores llevados a cabo en el Reino Unido, los cuales concluyeron que el 22% de los casos incidentes de asma infantil se podrían atribuir a la contaminación atmosférica. Otro estudio estimó que cada año 4 millones de nuevos casos de asma pediátrico podrían ser atribuibles a la contaminación atmosférica por NO2 en todo el mundo y que el 64% de ellos se producen en centros urbanos.

Este último dato no sorprende en absoluto a J. G., una joven asmática de 22 años que reside en Barcelona. Reconoce que en su ciudad le resulta más dificultoso respirar y que tiene episodios leves de asma con frecuencia, algo que no le pasa cuando se aleja de los núcleos urbanos en períodos vacacionales. “En Barcelona siempre intento tener el Ventolin (inhalador) a mano, porque a menudo siento que me cuesta respirar bien. Por el contrario, cuando me marcho de la ciudad me olvido de él”, explica.

Haneen Khreis, primera autora del estudio e investigadora asociada al Centro para el Avance de la Investigación en Emisiones del Transporte, Energía y Salud del Instituto A&M del Transporte de Texas, considera que este nuevo análisis es “una llamada a la acción urgente”.

“Solo en los dos últimos años, han surgido diversos análisis sobre contaminación atmosférica y la aparición del asma infantil, lo cual refuerza la hipótesis de diversos grupos de investigación que sostienen que la contaminación atmosférica contribuye de manera sustancial a la carga de enfermedad del asma pediátrico. En gran medida, estos impactos en la salud se pueden prevenir y existen numerosas intervenciones que pueden reducir los niveles ambientales de contaminación del aire y la exposición de niños y niñas. Podemos y debemos hacer alguna cosa al respecto”, añade Khreis.

Los 18 países cubiertos en el estudio son Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Lituania, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza.

Qué son las PM2,5

La materia particulada 2.5, o PM 2.5 por sus siglas en inglés, son partículas muy pequeñas que se encuentran suspendidas en el aire, de un diámetro de 2.5 micrómetros. Esto es, un grosor inferior al de un cabello humano, por lo que también se las conoce como partículas finas, explica la agencia de gobierno estadounidense California Office of Environment Health Hazard (OEHHA). Al ser tan diminutas, las PM 2.5 se desplazan con gran facilidad hacia los pulmones cuando los ciudadanos inhalan el aire de la ciudad. Esto provoca efectos nocivos y enfermedades cardíacas y pulmonares que preocupan en la actualidad a expertos, activistas y políticos de la Ciudad de México. “Los niños, las personas mayores de 65 años, las mujeres embarazadas y las personas con enfermedades del corazón o pulmonares (incluyendo asma) son más sensibles a los efectos de respirar estas partículas. Los síntomas pueden incluir sibilancias -silbido agudo al pasar el aire por los conductos respiratorios-, opresión en el pecho y dificultad para respirar”, indica la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EEUU en su sitio web. Además, niveles altos de PM 2.5 producen también irritación en los ojos, en la nariz y en la garganta; tos, opresión en el pecho y dificultad para respirar; función pulmonar reducida; ataques de asma; ataques al corazón y muerte prematura en personas con enfermedades cardíacas y pulmonares.

 
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