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22/01/2020 06:01 CET | Actualizado 22/01/2020 06:01 CET

La trinchera comunicativa del Gobierno

Con el cambio del Consejo de Ministros a los martes, el Gobierno gana algo fundamental: la posibilidad de marcar la agenda.

Agencia EFE
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), preside el primer Consejo de Ministros celebrado en el Palacio de la Moncloa. 

En su primera semana, el Gobierno aprobó una medida que ha pasado mediáticamente desapercibida pero que será vital para la supervivencia del Ejecutivo: el cambio del Consejo de Ministros del viernes al martes.

Si por algo es previsible que se caracterice esta legislatura es por una guerra cultural sin tregua, en la que la oposición planteé un Vietnam cada semana, como dice Enric Juliana. Un escenario en el que, con el Consejo de Ministros el viernes, la oposición tenía una considerable ventaja para ganar cada batalla.

De no haber aprobado este cambio, la oposición disfrutaría de una autopista libre de lunes a viernes para asediar al Gobierno, para marcarle el paso por medio de cualquier crítica que hiciesen, polémica que alentasen o debate que creasen, como estamos viendo a cuenta del Pin Medieval (primera norma para luchar contra la ultraderecha: no utilizar su lenguaje). El Ejecutivo estaría cada semana a la defensiva, cautivo a merced de la oposición, respondiendo continuamente sobre los temas que ella hubiera puesto en la agenda, pues las medidas que aprobase los viernes se diluirían durante el fin de semana, mermando sensiblemente las posibilidades de que la población las percibiese.

Así, en este contexto de guerra ideológica, para la vida del Ejecutivo se presume primordial no salir quemado cada día, no ir dejándose vidas cada semana. Se presume trascendental aparecer como un Gobierno fuerte, con rumbo, que es activo y está tomando medidas que favorecen a la gente, y no dar la imagen de un Gobierno débil, reactivo, y desorientado a cada golpe de la oposición. El Ejecutivo debía aprender la lección del Ayuntamiento de Madrid con Manuela Carmena, en el que cada ataque de la oposición hacía temblar las rodillas al Ayuntamiento y dar un paso atrás, como en el caso Guillermo Zapata, lo que provocaba que se extendiese la sensación de una administración débil y sin las ideas claras, lo cual alentaba a la oposición a seguir golpeando con el ariete.

En este contexto de guerra ideológica, para la vida del Ejecutivo se presume primordial no salir quemado cada día.

Con el cambio del Consejo de Ministros a los martes, el Gobierno gana algo fundamental: la posibilidad de marcar la agenda. De este modo, será él quien lleve la iniciativa y haga girar el debate público semanal sobre lo que le interesa. Así, cavando esta trinchera comunicativa, corta la autopista que la derecha tenía de lunes a viernes, que se verá obligada a ir a remolque de cada decisión del Gobierno, teniendo mucho más difícil lograr que se hable de lo que a ellos les interesa, como ha ocurrido esta primera semana de Gobierno.

Un Gobierno debe tomar medidas para cambiar materialmente la vida de la gente, en eso consiste la política, pero en el contexto mundial y mediático actual, y más para un Gobierno que no goza por sí mismo de la mayoría parlamentaria, tan importante como hacer es mostrar qué se hace, tan importante como hacer política es llevar a cabo una buena comunicación. Al fin y al cabo, como me dijo un día Rubalcaba (Q. E. P. D.), la comunicación política es, esencialmente, política.

 

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