INTERNACIONAL
31/01/2020 15:13 CET

La UE después del Brexit: los retos y equilibrios de poder en un club de 27

No es un divorcio, es una amputación: se va un socio de los poderosos y Europa se ve forzada a buscar un nuevo rumbo y a reformarse en profundidad

Toby Melville / Reuters
El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el pasado 8 de enero en Londres.

Este viernes, 31 de enero, a las 23:00 horas de Londres (medianoche en la España peninsular), la bandera del Reino Unido será arriada del mástil que ocupa en el bulevar de enseñas que da la bienvenida al edificio de la Comisión Europea, en Bruselas. El fin de una era, condensado en un simple gesto. 47 años de historia común, de pertenencia al club comunitario, a los que un Brexit infernal pone fin. 

Reino Unido se va de la Unión Europea (UE) y toca hacer cambios, muchos y más profundos que los de una bandera, la salida de un puñado de eurodiputados y la marcha de los jueces británicos del tribunal de Luxemburgo. El club comunitario -ya no más los Veintiocho, sino los Veintisiete- sufre su primera ruptura. Nunca antes se le había ido un socio, parecía que el ingreso era un camino irreversible, y ahora le toca buscar su nuevo rumbo. 

Es verdad que el 1 de febrero comienza un periodo de transición, lo que mantendrá el statu quo hasta finales de 2020, pero hay que ir haciendo cosas, hay mucho trabajo en estos meses, porque tanto si acaba habiendo un Brexit suave como si hay uno salvaje la UE ya no puede ser más como era. Le va en ello su supervivencia, tras el fracaso colectivo que supone este divorcio. 

Lo que se pierde con el portazo de ‘UK’ 

“Ya os echamos en falta”, decía el expresidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, cuando en marzo de 2017 recibió la petición formal de separación de Londres. Y más que los vamos a echar: más que una separación, la UE afronta una amputación, porque no se va un aliado menor, sino uno de los más potentes. Hablamos de la segunda economía comunitaria -tuvo un PIB en 2017 de 2,3 billones de euros, aproximadamente, el 15% del total del PIB de la UE-, la primera potencia defensiva -hasta nuclear- y uno de los preciados cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. 

“Es de perder, de golpe, 66 millones de habitantes de los 510 que hoy tiene la Unión. A partir de ahí, multiplique el daño: en lo social, en lo económico, en lo cultural...”, resume el lobista bruselense Max De Gucht, que ha trabajado durante casi 20 años asesorando a la delegación británica ante las instituciones europeas. “Londres es la primera plaza financiera europea y, junto a Wall Street, una de las mayores del mundo. ¡Su economía suma como otros 18 estados de la UE, es aplastante! Su diplomacia es una de las más reputadas del mundo, no hay ni que recordarlo, y mantiene un potente sector industrial y tecnológico, esencial en áreas como la aeronáutica o los medicamentos. Es como si se fuera un hermano mayor, que prestaba ayuda y consejo al pequeño, muy valioso”, añade. 

Reconoce que la falta de antecedentes históricos -“todos vamos a ciegas”- hace muy difícil medir el impacto de esta crisis para Europa, aunque un informe de la German Bertelsmann Foundation dijo que el PIB conjunto de los otros 27 países de la UE perdería menos del 0,1% por año. La economía británica podría perder entre un 3 y un 4% de su PIB, según el Fondo Monetario Internacional, que recuerda por ejemplo que el 45% de las exportaciones de las islas se van hoy al mercado interior europeo, que se verá obviamente resentido.

Es como si se fuera un hermano mayor que se nos va, que prestaba ayuda y consejo al pequeño, muy valioso

A De Gucht, más allá de lo económico, le “preocupa” que la UE perderá peso como actor global, porque Reino Unido tiene una influencia “inigualable” en la ONU y la OTAN, además de una “especial relación” con Estados Unidos, Canadá, Australia o India. “Hay que ver cómo tapar ese hueco, no es fácil. Hace falta, para empezar, una diplomacia fuerte. Hay potencias como Rusia esperando esa salida de Londres, porque le complicaba las cosas. y eso puede afectar en conflictos abiertos o apuestas defensivas”, insiste. 

A su juicio, Londres gana con todo este embrollo en soberanía, que era lo que habían prometido sus políticos, subidos a la ola de proteccionismo y nacionalismo, “pero pierde poder, al retirarse de un organismo que, con sus errores, es una potencia mundial y aporta un marco de estabilidad y buenas prácticas encomiable”, señala. Cita al célebre autor de novela negra John Le Carre, para quien el Brexit es “la mayor idiotez perpetrada por el Reino Unido”. “Aún no podemos ni atisbar las consecuencias de todo esto, a los dos lados. Las lágrimas no nos dejan verlo claro y quedan muchos meses para asistir a nuevas alteraciones y fracasos”, augura. 

El momento de la política

Los analistas comunitarios coinciden en que, forzados por este portazo, los mandatarios de la UE tendrán que “hacer política”, arremangarse y pringarse en la mejora de una estructura tocada. El Brexit no es sólo una muestra concreta del descontento popular en un país (que también, con su parte de verdades y de mentiras), sino que ha obligado a hacer examen de conciencia del papel de la utilidad de las instituciones, de los valores fundacionales de la Unión, de las lealtades entre los socios, de la crisis de representación política actual y del diseño del club, donde hay tensiones por los encajes entre naciones y grandes bloques de poder. 

“No es un reto pequeño, pero estamos ante una oportunidad excelente para repensarlo todo. Hay que mantener las negociaciones para el Brexit pero, en paralelo, hay que encajonarlo mentalmente y pensar en nuestro futuro”, resumen en el Grupo Renovar Europa (liberal). Sostienen, como su líder, el belga Guy Verhofstadt, que ahora no se puede “caer en la autocomplacencia” de pensar que Europa tenía la razón, que lo bueno era que no existiera el Brexit, “porque eso es cierto pero no resuelve nada”. “Hay que extraer lecciones”, constatan.

“Es nuestra responsabilidad asegurarnos de que la Unión a la que regresará el Reino Unido -porque volverá- sea otra Unión, una que convencerá a todos los británicos, también a los escépticos, de que su futuro es nuestro futuro y que este futuro está en Europa”, insiste Verhofstadt.

La Unión viene de superar grandes crisis, Reino Unido aparte, como la del euro o los refugiados, y no ha acabado de gestionarlas bien. Eso ha alimentado el populismo y el recelo, en un entorno ya de por sí enmarañado por los socios que se salen de madre (Hungría, Polonia...), los aliados que se vuelven dudosos (EEUU), las nuevas guerras comerciales mundiales (contra Washington, contra China), o las nuevas amenazas defensivas (miremos a Turquía). En mitad de todo eso, hay una posibilidad que inquieta en socios como España, Francia o Italia: que se levanten con más fuerza movimientos que también aspiran a la independencia y a una posterior integración comunitaria.

La nueva declaración hecha en el 60 aniversario del Tratado de Roma, en 2017, fijó deseos muy hermosos: una Unión “segura y protegida”, “próspera y sostenible”, con el foco en lo social y cada vez más fuerte en el tablero internacional. Pero poco más se ha avanzado desde entonces. Ahora es el momento de actuar y ya hay un plan para empezar a tomar medidas: el 9 de mayo, día de Europa, arrancará una conferencia sobre el futuro de la Unión, liderada por la presidenta de la Comisión, la alemana Ursula von der Leyen.

No es un encuentro raudo del que se esperan medidas inmediatas, sino un proceso de reflexión de dos años en el que se busca un debate profundo, con luces y miserias, que implique a los estados y a sus parlamentos, con amplia voz ciudadana. “Contención de daños”, como resume Le Monde

No es un reto pequeño, pero estamos ante una oportunidad excelente para repensarlo todo. Hay que mantener las negociaciones para el Brexit pero, en paralelo, hay que dejarlo mentalmente atrás y pensar en nuestro futuro

El Parlamento Europeo también plantea la creación de espacios, por materias o disciplinas concretas, con un objetivo similar: abrir las ventanas del entramado comunitario para que entren nuevas ideas, aire fresco, y tratar temas esenciales de futuro (estructura) y gestión (los grandes retos en inmigración, medio ambiente, seguridad o política exterior).  

“El Brexit ha alterado la agenda de la UE, ha llevado a que un proceso lento y agotador lo protagonice todo, se nos han ido demasiadas fuerzas en él, cuando aún queda mucho camino por andar. Todo eso deja a la Unión en una situación de relativa debilidad, que se suma al desgaste básico porque se te va un socio grande. Hace falta un nuevo impulso, un nuevo relato”, señala la analista italiana Jana Harte. 

En Bruselas, recuerda, se manejan aún como base potable para el trabajo los llamados cinco escenarios de trabajo que presentó el antecesor de Von der Leyen, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, poco antes de marcharse.

- El primer plan es quedarse igual, que la UE haga reformas mínimas que a nadie alteren y se centre en materias sensibles como el empleo, el crecimiento económico o la defensa ante el terrorismo. 

- El segundo defiende una marcha atrás en el europeísmo: mejor despolitizar, mejor dejar de integrar en la Unión y convertirla, de nuevo, sólo en un marco de colaboración económica y comercial, donde cada estado sea autónomo para tomar decisiones en temas como la inmigración. 

- El tercero es una especie de UE a la carta, a varias velocidades. Básicamente, se reforzaría el núcleo duro (Alemania y Francia mandarían aún más), se formarían bloques adelantados entre los más poderosos (por economía, por población) y los demás irían a remolque, en función de sus intereses nacionales y agendas domésticas. 

- El cuarto escenario es apostar por hacer menos, pero siendo más certeros y eficaces. No meterse en berenjenales como un ejército europeo, por ejemplo, pero sí afinar la política migratoria. 

- El quinto y último sería una apuesta a por todas, hacer realidad los Estados Unidos de Europa, con una base federalista. La mayor aspiración de quienes creen en la unión como solución a los problemas de cada estado miembro. Salto adelante frente a retirada. 

Para abordar cualquiera de ellos habrá que estar muy atentos al “nuevo equilibrio de fuerzas” que ha de llegar en estos meses. Reino Unido, dice Harte, era “el contrapeso al eje francoalemán, la locomotora del proyecto comunitario”, con una visión más atlantista y liberal, y ahora estos dos países están llamados a ganar “más voz aún”. “Pero también hay espacio para que asciendan otros, como es el caso de España, que por peso debe estar en cabeza, aunque su economía no sea la más boyante”. 

Alemania y Francia se han quedado bastante solos en su apuesta de más Europa y necesitan un país grande como España que crea firmemente en la UE

“Alemania y Francia -ahonda- se han quedado bastante solos en su apuesta de más Europa y necesitan un país grande, como España, que crea firmemente en la UE. Ahí están las encuestas, ustedes lo hacen como pocos. La ventana de oportunidad existe”, indica. Cita la llegada de Josep Borrell como jefe de la diplomacia comunitaria o la participación del presidente Pedro Sánchez en foros internacionales como Davos como buenos pasos en esa senda. Sólo en “primera instancia”, avisa: “tiene que influir directamente en la agenda de la UE, como con su reciente protagonismo en debates como el del cambio climático o los derechos de las mujeres y la agenda social”, concluye.  

Así queda el reparto del nuevo Europarlamento

Y a todo ese examen de conciencia, a ese repensar el futuro, se suma una reestructuración más prosaica, pero igualmente dolorosa: la del Parlamento Europeo que pierde a los eurodiputados británicos, algunos especialmente peculiares y, como regla general, buenos oradores. 

Reino Unido sale y eso obliga a que se reduzca el número de eurodiputados, que pasa 751 a 705. Como consecuencia, cambia el equilibrio de fuerzas entre los grupos políticos y entran nuevos parlamentarios. España, en concreto, ganará cinco nuevos diputados, que se sumarán a los 54 elegidos el 26-M. 

Los proclamados electos son Marcos Ros Sempere (PSOE), Gabriel Mato Adrover (PP), Margarita de la Pisa Carrión (Vox), Adrián Vázquez Lázaro (Cs) y Clara Ponsatí, (JxCat). De esta forma. el PSOE sumará un escaño a los 20 que logró en mayo, Vox pasará a tener cuatro eurodiputados, el PP llegará a 13, Ciudadanos sumará 8 en total y Junts alcanzará los tres.

Todos serán eurodiputados a partir del 1 de febrero de 2020.

El Grupo Popular (derecha y centroderecha) es el principal beneficiario del cambio, porque no pierde ningún eurodiputado británico y gana, en cambio, cinco de otros países. También es una jugada ganadora para los nacionalistas ultraconservadores, pues el Grupo Identidad y Democracia, forjado tras las elecciones de mayor pasado, en el que se encuentra el español Vox y hasta ahora el quinto mayor del hemiciclo, superará al de Los Verdes

Se espera, pese a ese vuelco, que los grupos políticos que apoyan a la Comisión, que se muestran partidarios de las instituciones, como los socialistas, los liberales y los populares, ganen influencia tras el Brexit. Amargue o no el divorcio, y más allá de las lágrimas en la Eurocámara de esta semana, en las cuestiones diarias se va un bloque poco europeísta, poco dispuesto a anteponer el bien comunitario al nacional y bastante correoso por su virtual poder de veto. 

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