La vida después de dar 'El Gordo': así recuerdan los protagonistas su día grande

"Era imposible de imaginar".
Leire Garai, segunda por la derecha, celebra con su familia haber repartid el Gordo en Mondragón.
Leire Garai, segunda por la derecha, celebra con su familia haber repartid el Gordo en Mondragón.
Leire Garay

Cada 21 de diciembre, la víspera del sorteo, la ilusión de tener el Gordo de la Lotería de Navidad entre los números comprados inunda las casas de toda España. Son horas de espera en las que la cabeza, inevitablemente, viaja y piensa en lo que haría con los 400.000 euros del primer premio.

El sorteo, el más esperado del año, también acaba por regalar momentos bonitos con premios que llegan cuando más se necesitan, anécdotas curiosas o situaciones que terminan por recrear el mismísimo anuncio de la lotería. En El HuffPost, para sacarte una sonrisa, hacemos anualmente un recopilatorio con siete historias que te harán alegrarán a pesar de no haberte tocado ni un euro.

Ahora, unos años después de las primeras ediciones, hemos recuperado a algunos de aquellos protagonistas.

En 2013, la administración número 2 de Mondragón (Guipúzcoa) repartió el Gordo, el 62.246, entre una multitud de trabajadores de la cooperativa Fagor, que había cerrado dos meses antes dejando sin trabajo a cientos de familias.

“Aquello fue un varapalo muy grande porque muchas familias dependían de ella. No pudo caer en mejor momento y en mejor año. Compraron bastantes de los afectados por el cierre y les vino como agua de mayo, fue un salvoconducto enorme. Estuvo muy repartido en el pueblo y menos mal”, recuerda ahora Leire Garay, la propietaria de la administración, aunque aquel año estaba todavía su padre al frente.

Cuando se enteraron, toda la familia acudió rápidamente al local. Ese día, que se celebra Santo Tomás, los pilló fuera, pero no tardaron nada en llegar y empezar a descorchar las botellas de champán. “Se montó buena. Te venían a dar las gracias porque estaban pasando mala época”, rememora la lotera, que destaca a una persona que perdió el décimo y volvió a comprar el mismo número. Una más que acertada decisión.

La locura en la administración número 2 de Mondragón.
La locura en la administración número 2 de Mondragón.
Leire Garay

Un año más tarde, en 2014, Margarita Roca, una lotera de Caspe (Zaragoza), recreó a la perfección el anuncio de la Lotería de Navidad. Aquel año, el spot contaba la historia de Manuel, que no había comprado el décimo en su bar de confianza, pero el dueño se lo había guardado sin decirle nada. Cuando Manuel, triste por no tenerlo, fue a felicitarle, el propietario le acabó entregando la sorpresa.

Un familiar de la lotera le dijo que le apartara un número. Ella le guardó uno, el 52.028, sin decírselo y los bombos y las bolas del sorteo quisieron que acabara siendo premiado con un quinto y 6.000 euros al décimo.

“Me llamó un familiar mío que sí tenía el número para decirme que estaba premiado y lo tenía la familia. No me había dado cuenta de que era ese número. En el sorteo tienes todos los números presentes, pero no me acordaba que era el que había repartido”, rememora.

Cuando le entregó el número a la persona a la que se lo había guardado fue un momento que describe ahora, años después, como muy bonito y emotivo.

Los adolescentes de la suerte

Para abaratar el precio del viaje de estudios, los alumnos tienen diferentes opciones: vender objetos personalizados, hacer actuaciones... o vender lotería. Esto lo hacen, entre otros cientos de centros en España, en el IES Emilio Manzano, de Laujar de Andarax (Almería). En 2015 se pasaron, como se dicen coloquialmente, el juego.

Los alumnos de tercero y cuarto de ESO vendieron para su viaje de estudios a Italia casi 800 décimos del Gordo, el 79.140. En total repartieron un total de 320 millones de euros en un municipio de menos de 2.000 habitantes y una comarca de escasos 16.000.

Además, la intrahistoria del número es rocambolesca donde las haya. David Ortín, actual director y profesor de Geografía del centro, era aquel año el jefe de estudios y el encargado de organizar el viaje.

Los niños de San Idelfonso durante el sorteo de Navidad del 2015.
Los niños de San Idelfonso durante el sorteo de Navidad del 2015.
NurPhoto via Getty Images

Habitualmente compraba la lotería a un municipio cercano, pero ese año se retrasó y en esa administración ya no quedaban unos 800 décimos del mismo número. “Me movilicé al no saber casi qué hacer y llamé a mi padre que vive en Roquetas de Mar para decirle que preguntara ahí”, cuenta ahora el director.

Su padre le hizo caso y fue a una administración que les podía dar esa cantidad de papeletas del mismo número. “El lotero me dio un número y le dije que si tenía 800 décimos me iba a encantar, que el número daba igual. Así que lo cerramos y me los trajo mi padre”, indica Ortín.

Ese despiste y esa decisión hicieron que el 22 se montara una gran fiesta en el instituto ya con el Gordo entre las manos de los premiados: “Estaba en la cafetería del instituto con compañeros y llamaron a la directora, que estaba con nosotros. Ella decía por teléfono extrañada que si era verdad que había tocado. Nosotros nos mirábamos alucinando. Fuimos a la sala y lo confirmamos. Se celebró a lo grande, vinieron padres y se montó una buena fiesta”.

Ortín, que se quedó un décimo a medias con su padre, ha empleado el dinero para dar una importante entrada a la casa que se compró. “Pasaron todos los décimos por mis manos y no supe cogerme uno entero, fíjate qué cosas”, comenta ahora con humor.

El viaje de estudios, eso sí, lo hicieron a Italia y no a Miami, como dijo la por entonces alcaldesa del municipio en pleno jolgorio.

Agustín Ramos, aunque no hizo un viaje como los estudiantes, sí que hizo un cambio de rumbo profesional. Este madrileño cerró en 2016 la cafetería que había estado dirigiendo durante 24 años para abrir una administración de lotería en busca de tener más tiempo para estar con su familia y hacer menos desgaste físico.

La jugada, a nivel de éxito inmediato, no le pudo salir mejor: con cuatro meses de vida repartió el Gordo del 2016, el 66.513, de manera íntegra. “Fue llegar y besar el santo, como se suele decir”, comenta ahora Ramos, que sigue asombrado con la hazaña que hizo.

“Era imposible de imaginar. Hay gente que lleva 30 años con una administración y no ha dado un premio de estas características. Es muy difícil y darlo integro a la primera todavía más. Normalmente se reparte, esto es muy complicado. Dar un premio gordo de Navidad es muy complicado”, indica.

Agustín Ramos y su mujer celebrando que han repartido el Gordo.
Agustín Ramos y su mujer celebrando que han repartido el Gordo.
Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images

Pero como él mismo bromea, todo es más fácil si se tiene el local en el madrileño Paseo de la Esperanza. “Era una señal, el nombre lo dice todo”, se ríe.

En el lado contrario de la balanza está Eduardo Ballesteros, el lotero de la administración de lotería La Manchega de Alicante. Desde el 1954, que abrió su abuela el local, nunca ha repartido el Gordo, pero sí han dado premios altos en el sorteo de Navidad y en los que se celebran durante el año.

En 2017, por ejemplo, repartió un quinto premio, el 18.596. Lo curioso de este número es que es uno de los que tienen abonados desde su fundación, hace más de medio siglo. “Estaba muy repartido y se montó un follón de alegría de gente que vino. Se vendió la mayoría en ventanilla, así que estaba muy, muy repartido. No es el mayor premio, pero siempre está bien que te caigan 6.000 euros, es un alegrón muy bueno”, afirma Ballesteros, que avisa de que este año sí que van a dar el Gordo.

Pero en su más de medio siglo de historia han participado en anécdotas de todos los tipos. Rápidamente, le vienen a la cabeza dos. Una tiene que ver con un segundo premio de los sorteos ordinarios de lotería nacional. “El 18.622, que lo tenemos abonado, salió en el 94 como segundo y el año pasado también. Hay gente que lo juega desde entonces y le ha tocado dos veces un segundo con el mismo número”, cuenta.

A otra persona la suerte le sonrió en cuestión de semanas sin tener que esperar esos 26 años. Fue en 1996 cuando el agraciado ganó el Gordo de Navidad y, al mes siguiente, se llevó el especial del 22 de enero, con 500 millones de pesetas. “Ese segundo boleto se lo vendimos nosotros y fue algo histórico, ganar la lotería dos veces en un mes”, afirma Ballesteros.

Colas de gente para comprar lotería en La Manchega, la administración de Alicante.
Colas de gente para comprar lotería en La Manchega, la administración de Alicante.
La Manchega

Un empuje en las ventas

Repartir el Gordo trae un mayor éxito en los años siguientes. Eso lo comprobó de primera mano Ramos, que al año siguiente de dar el primer premio íntegro le aumentaron las ventas más de un 25%.

“Luego el segundo te baja a un 15% y después ya se establece a la normalidad. Dura un par de años ese porcentaje de subida”, describe.

A Ortín, al ser un instituto de una comarca más pequeña, vivió ese incremento en sus propias carnes. Incluso tuvo que pedir que no le pidieran lotería. “Aquel año vendimos casi los 800 décimos y desde entonces se venden los números completos, 1700... y siguen faltando porque hay muchas peticiones”, describe.

El director del instituto les tiene que despachar amablemente diciendo que son un centro educativo y no una administración. “Ahora se está relajando la cosa, pero había años de buscarme en mi casa e incluso estuve a punto de dejar de venderla”, confiesa.

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