VIRALES
20/12/2019 21:45 CET

La vida después de que te toque El Gordo de la Lotería de Navidad: así cambió todo para tres ganadores

"Estuvimos una semana o más en las nubes”, cuenta uno de los afortunados.

EFE
Los ganadores de la lotería se bañan en champán en el gallego bar Cascudo.

Eran las 10.46 del 22 de diciembre del 2013 cuando los niños de San Idelfonso Joel Fernández y Andrea León de Guevara anunciaron que El Gordo de la Lotería de Navidad de ese año era el 62.246. Minutos después, José Quesada, un hombre de 61 años que vive en Valladolid, iba por la calle dirección al mesón de Enrique, y una amistad suya le dio la enhorabuena por haber ganado los 400.000 euros del décimo premiado. Lo mandó al garete pensando que le estaban bromeando.

En el establecimiento le volvieron a felicitar. De nuevo, no se lo creyó. No fue consciente hasta que subió a su casa para comprobar en el ordenador los décimos. Algo parecido le pasó cuatro años después a David Eimil Ferreiro, un joven gallego que hizo rico a medio pueblo de Vilalba (Lugo) con los décimos del premiado 71.198 que vendió en su bar, regentado por la familia, en el sorteo de 2017. Él se quedó uno, igual que sus padres y su hermana, que fue la que le avisó y a la que respondió que no le vacilara.

María Rosa Valera, la propietaria de la pastelería La Piedad en Talavera de la Reina (Toledo), estaba atendiendo a una señora cuando escuchó por la radio que había salido el 66.513, el número agraciado del 2016. No dio crédito a lo que escuchaba. 

Tanto Quesada como Eimil y Valera son de costumbres. El primero compró el décimo a un amigo suyo que le lleva trayendo un número de Mondragón desde hace más de 25 años, mientras que los otros dos se quedaron con uno de los que ellos mismos vendían. De hecho en el gallego bar Cascudo, llevan 26 años vendiendo la terminación del ocho. 

Los tres son ejemplos de que la lotería, por muy difícil que parezca, toca y de que, por mucho que los 400.000 euros puedan parecer mucho, no son eternos, pero sí que aportan tranquilidad y un balón de oxigeno. 

Cada uno ha aprovechado los poco más de 320.000 euros que ganaron (tuvieron que pagar el 20% por el impuesto que el exministro Cristobal Montoro empezó a aplicar en 2013) a su manera. Solo hay un punto en común: viajes. 

Los propietarios del bar Cascudo siguen con el bar abierto, sirviendo cafés y cervezas a diario. “Vives más tranquilo, pero el premio no te quita de trabajar”, asegura a El HuffPost Eimil, que reconoce que sí que se ha viajado, pero que tampoco se ha vuelto loco con el dinero. Además, le sirvió para poder comprarse el que define como su sueño.

EFE
María Rosa Valera celebra El Gordo en la puerta de su pastelería.

Y no, no es una casa con jardín y piscina, ni tampoco el último modelo de un coche deportivo. “Me compré un cortacésped. Siempre lo digo, era mi sueño para no tener que andar buscando otro, así que me di el capricho”, comenta el joven mientras se ríe. 

Tres años después de ese día, Valera sigue trabajando en la pastelería, aunque lo hace de una forma más relajada. Antes, según explica ella misma, abría festivos y domingos para despachar el pan, mientras que ahora ya no. También le permite ir más relajada.

Años atrás te entraba angustia por los gastos, especialmente si tenías un mes malo. Ahora ya no, si lo tengo, pues no es tan grave”, recalca, de igual forma que lo hace el joven gallego. Pero ninguno ha pensado en abandonar el negocio familiar.

Valera, que a sus 55 años ha visto a sus padres trabajar en él desde incluso antes de que naciera, tiene claro que no lo va a dejar: “Es nuestro y no lo vamos a tirar por la borda, me importa. Era de ellos y cuando se hicieron mayores, lo cogí yo. Sigo y seguiré llevándolo”.

Junto a su familia, ella tampoco ha hecho inversiones locas. Reconoce que sí que se ha cambiado el coche, que ha viajado al extranjero y que salen a cenar, pero todo sin hacer grandes inversiones de dinero. “Si me pillara con 20 años pues igual habría hecho alguna locura, pero ahora ya no”, bromea.

La situación de Quesada era diferente. Cuando fue agraciado con la lotería en 2013, tenía 61 años y estaba rondando la jubilación. No pasaba por un buen momento económico, hasta el punto de que, señala, compró el décimo premiado con los últimos 50 euros que le quedaban. “Fue un cambio muy bueno”, rememora entre risas.

El premio le sirvió para jubilarse ese mismo año, aunque se queja del impuesto que Montoro aprobó ese 2013. Desde entonces, él y su mujer han reformado su casa y la que tienen en un pueblo del País Vasco, se han comprado un coche y han ayudado a sus hijas en todo lo posible.

“Fue un subidón, era como que no existía” 

Asimilar que de buenas a primeras has ganado 400.000 euros te lleva un tiempo. Quesada, Valera y Eimil, igual que el resto de ganadores de las loterías, también tienen otro punto en común: el éxtasis del momento. 

“Fue un subidón en el cuerpo. Era como que no existía”, rememora Quesada, quien afirma que él junto a su mujer y el resto de su familia estuvieron “una semana o más en las nubes”. 

Valera, que se encontraba en la pastelería cuando escuchó el número premiado, recuerda que se le “espatarraron los ojos”. “Fue una ilusión tremenda. Además, luego empezó a llegar la gente... Una felicidad tremenda”, explica la dueña del negocio.

Algo similar le sucedió a la familia de Eimil. A él, cuando fue consciente de que tenía en su poder uno de los décimos más deseados de España en ese momento, le comenzó a temblar la mano y le entraron unos nervios terribles, según narra. En el bar, donde se encontraban su hermana y su madre, la situación fue más de lo mismo.

Lo vieron aquí en el bar y cuando mi hermana le dijo que era nuestro número, tuvo que ir a comprobarlo al cajón porque tampoco se lo creía”, cuenta el joven. Cuando se quisieron dar cuenta, ya estaban bañados en champán. 

Tres personas distintas a los que la lotería les sonrió por una vez en la vida. A Quesada, Valera, Eimil y a otros tantos afortunados se sumarán los premiados este domingo. 

Photo gallery Las mejores imágenes de la Lotería de Navidad See Gallery

NUEVOS TIEMPOS