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Las bebidas alcohólicas, la "fruta prohibida"

No debemos perder de vista que las bebidas alcohólicas continúan produciendo verdaderos estragos.
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El 17 de enero de 1920, hace ahora cien años, entró en vigor la famosa Ley Seca. Pocas veces una medida de intervención del Estado ha sido más motivada por razones desinteresadas. Se derogó al cabo de 13 años, cuando se tomó conciencia de que los efectos perversos de la prohibición del alcohol eran mucho peores que los daños que se pretendían eliminar.

La ley no prohibía exactamente el consumo de bebidas alcohólicas sino la manufactura, venta y transporte, ya fuera para importar o exportar. La legislación hacía pues muy difícil su ingesta.

¿Por qué la Ley Seca? A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX un renovado interés por la moralidad y la religión surge con fuerza en EE UU. Los abolicionistas, mayoritariamente protestantes, querían salvar el mundo de los maléficos efectos del consumo de bebidas alcohólicas. Consumir cerveza o whisky después del trabajo era habitual como una forma de evasión barata. Pero claro, a las borracheras les seguían los accidentes de trabajo, la violencia en el hogar, el abandono conyugal, las enfermedades hereditarias derivadas del alcohol y un largo etcétera de miserias. Estoy segura de que todo el mundo ha visto películas donde pintorescos predicadores subidos a una tarima invitan a la gente a pedir perdón a Dios por los pecados cometidos y a que hagan cambios drásticos en sus vidas diarias.

En febrero de 1826 se creó la Sociedad americana de la templanza. Pasados ​​12 años, tenía ocho mil agrupaciones locales y más de un millón y medio de miembros. En 1839 ya existían dieciocho publicaciones periódicas clamando templanza. Como las borracheras de los hombres y la violencia a las mujeres mantenían (mantienen) una notable conexión, esta corriente se vinculó rápidamente con movimientos por los derechos de la mujer. Apareció la primera organización de mujeres feministas en el mundo, la Unión Cristiana de Mujeres por la Templanza (UCDT), un lobby dedicado a la reforma social con un programa que unía aspectos religiosos y seculares. Este lobby tuvo un papel importantísimo en el decreto de la Ley Seca. Disponía de muchos fondos y recursos con que financiaba campañas electorales de candidatos que, a cambio, se comprometían a apoyar la Ley Seca. Recibían ayudas desde personajes como Thomas Alva Edison, que realizó para ellas 102 películas denunciando los estragos del alcohol, hasta organizaciones como el Ku-Klux-Klan (¡vaya por dónde!: la UCDT no admitía a personas de color). Aparecieron extremistas como Carrie Nation, que iba a las tabernas con un hacha y destruía las botellas que encontraba a su paso.

“No debemos perder de vista que las bebidas alcohólicas continúan produciendo verdaderos estragos.”

Y, en sentido contrario, el crimen organizado. Por ejemplo, el famoso, aunque en absoluto el único gánster, Al (Alfonso) Capone (1899 hasta 1947). Como el consumo no estaba penalizado, enseguida se creó un tráfico clandestino tan próspero como el narcotráfico actual dirigido por gánsteres a los que los principios morales les importaban un rábano. Al Capone levantó, a golpe de metralleta, un imperio centrado en el negocio de bebidas alcohólicas, juego ilegal y prostitución. Ganaba 60 millones de dólares al año mientras el Estado perdía 500 de los impuestos sobre el alcohol; y con estas ganancias podía comprar a policías, jueces y políticos. La corrupción se extendió como una plaga. Efectivamente, los efectos del cambio legislativo fueron muy diferentes a los pretendidos.

Los problemas derivados del alcohol (borracheras, alcoholismo ...) de aquellos años nunca han dejado de existir. A pleno siglo XXI seguimos insistiendo en el consumo responsable. Según datos actuales del Departamento de Salud, el 4,5% de las muertes en Cataluña son debidas al alcohol. Se relaciona con el cáncer, la cirrosis hepática, los problemas cardiovasculares. También con el suicidio y los accidentes. Sin ir más lejos, el pasado jueves una mujer moría en Barcelona tras ser atropellada por un conductor borracho. Uno de cada cinco jóvenes reconoce que ha estado bajo efectos alcohólicos el último mes. Unos ochenta son atendidos semanalmente por excesos etílicos. Y el ochenta por ciento de la violencia física sobre las mujeres se hace bajo los efectos del alcohol u otras drogas. Sin que ello implique quitar o disminuir responsabilidades.

Sin duda, beber ocasionalmente con moderación puede ser un placer. Pero no debemos perder de vista que las bebidas alcohólicas continúan produciendo verdaderos estragos.

La prohibición no es la solución, aunque sólo sea por aquello de evitar el atractivo de la “fruta prohibida”; la verdadera solución radica en la adquisición de hábitos saludables y la sensatez. Palabras aburridas pero sabias.