INTERNACIONAL
17/10/2019 21:10 CEST

Las diferencias entre el Brexit pactado por May y el aceptado por Johnson

Peter Nicholls / Reuters
Theresa May y Boris Johnson, ante la residencia de Downing Street, en mayo de 2017. 

Pocos daban un euro por un acuerdo in extremis entre Londres y Bruselas, pero ha llegado. La antecesora del primer ministro británico, Theresa May, ya logró cerrar un documento con Europa y lo presentó tres veces en la Cámara de los Comunes, pero tres veces que se vio arrollada por el no. Tumbaron su acuerdo los opositores laboristas pero también, y a decenas, sus propios compañeros conservadores. Hubo que pedir dos prórrogas de un Brexit que en principio debería de haberse materializado el pasado 31 de marzo.

Ahora Boris Johnson tiene el mismo reto por delante. De momento, en sus filas no hay muchas críticas, pero sí entre los unionistas norirlandeses, los escoceses y, de nuevo, los laboristas. 

¿Qué es lo que ofrece de diferente este acuerdo para que, ahora sí, los tories lo vean pasable? Poco, en realidad. La prensa británica reconoce hoy que algunas de las concesiones logradas hoy ya estuvieron sobre la mesa en tiempos de May, pero entonces no se aceptaron. Ahora el tiempo apretaba, con la amenaza de un Brexit duro más que posible tras el 31 de octubre, fecha tope para llegar a un acuerdo. 

Lo firmado este jueves es, a grandes rasgos, el viejo acuerdo de May. Se mantienen intactos los términos pactados en cuanto al mantenimiento de los derechos de los ciudadanos europeos en el Reino Unido -tanto para los residentes como para los que lleguen durante el período transitorio hasta finales de 2021 o 2022- y la voluntad de Londres de saldar las cuentas pendientes con el club comunitario tras la salida -aproximadamente 50.000 millones de euros-. 

Eso sí, tiene un importante añadido sobre el nuevo protocolo para gestionar las relaciones entre Irlanda e Irlanda del Norte. También un poco más de manga ancha para Londres en cuanto a futuros acuerdos comerciales, pero poco más. Desde luego, no mucho que justifique la furibunda oposición de Johnson a May, que acabó llevando a este brexiter a dejar su cargo de ministro de Exteriores y a iniciar una carrera que le ha llevado, a lomos del “Brexit sí, como sea”, hasta Downing Street

Frontera de Irlanda

Ahora el protocolo es menos garantista de lo que a la UE y a Irlanda le hubiera gustado pero, aún así, jurídicamente sostenible. Se han añadido 15 folios (64, en realidad, pero lo demás son anexos) con los que se intenta evitar una frontera dura en la isla de Irlanda. El truco: una solución que solo engloba a Irlanda del Norte. Este territorio formará parte de la Unión Aduanera del Reino Unido, pero deberá cumplir con las reglas del Mercado Único Europeo. Esto significa que la frontera en la que se realizarán los controles y verificaciones por parte de las autoridades británicas con supervisión de la UE estará en el mar de Irlanda, y no en la que separa a Irlanda del Norte de la República de Irlanda.

Irlanda del Norte permanecerá además legalmente en el territorio aduanero del Reino Unido. No habrá controles aduaneros en la frontera, pero se pagarán aranceles sobre ciertos productos comerciales. No se pagarán derechos de aduana sobre los “bienes personales” que se transiten de Gran Bretaña a Irlanda del Norte. Eso protege las compras online y todos los artículos comprados para uso personal, no comercial.

Los derechos de aduana se pagarán sobre los bienes importados del Reino Unido para uso comercial a menos que se pueda demostrar que los bienes permanecen en Irlanda del Norte o son para uso personal.

Un sistema de reembolsos permitirá que los importadores sean reembolsados.

Los aranceles se aplicarán a los productos comerciales que ingresen desde Gran Bretaña a Irlanda del Norte desde terceros países, a menos que se pueda establecer que son para uso exclusivo en Irlanda del Norte. Las autoridades del Reino Unido harán este trabajo en nombre de la UE. Si se puede demostrar que estos productos permanecen en Irlanda del Norte, los aranceles se reembolsarán al importador.

Los criterios sobre cómo demostrar que la importación de tales productos permanecen en Irlanda del Norte y califican para un reembolso de derechos aún no se han resuelto.

Consentimiento

No se puede hablar de vencedores y vencidos, más aún cuando los Parlamentos no han dado aún su veredicto. Ha habido cesiones por las dos partes pero, en el lado europeo, quizá la más reseñable es el llamado mecanismo de consentimiento. Se trata de una cláusula que abre una vía de escape a este modelo y el mayor paso atrás dado por los negociadores europeos durante todo el proceso.

La postura de Dublín respecto a este punto, que había vetado desde el inicio, cambió según fuentes diplomáticas después de que el primer ministro Leo Varadkar se reuniera con Johnson. Como ya avanzaban este jueves fuentes europeas, el nuevo texto permite que cada cuatro años la Asamblea de Irlanda del Norte pueda votar para abandonar el polémico backstop, lo que supondría su completa desconexión de la UE. Un cambio que sólo puede llevarse a cabo si lo aprueba la asamblea de Stormont, en Belfast. 

Controles

Según el acuerdo, el Reino Unido y la UE subrayan su “firme compromiso de no realizar controles aduaneros y reglamentarios y (establecer) una infraestructura física (de separación) en la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte”. Eso es algo que hubiera entrado en vigor con un Brexit duro, según lo hablado con May. También comparten el objetivo de “evitar los controles en los puertos y aeropuertos de Irlanda del Norte”.

Futuros acuerdos comerciales

La UE y el Reino Unido buscarán un acuerdo de arancel cero con cuotas ilimitadas. Todo el Reino Unido, incluida Irlanda del Norte, estará libre de firmar acuerdos comerciales. Es uno de los mayores logros de Johnson, del que ha hecho gala en las redes sociales. El texto le permite “cumplir con el Brexit” -el 31 de octubre- y recuperar el control de sus “leyes, las fronteras, el dinero y el comercio”, sostiene. 

La frase de la pasada declaración política de que “el Reino Unido considerará alinearse con las normas de la Unión en áreas relevantes” en cualquier futura negociación comercial ha sido ahora abandonada. Una fuente dijo a The Guardian que la eliminación de esta promesa aunque vaga de alinearse con la UE en el futuro ha sido la clave para desbloquear el proceso. 

IVA

La ley de la UE sobre el IVA se aplicará en Irlanda del Norte. A Bruselas le preocupaba que las diferencias en el IVA pudieran crear distorsión comercial y dañar la credibilidad del mercado interior y su argumento se ha acabado imponiendo. 

Mercado de electricidad

La isla de Irlanda se considera como un mercado único de electricidad, para que los hogares en Irlanda del Norte puedan obtener su energía de un proveedor en Irlanda del Norte o la República. Hubo temor de que esto pudiera ser interrumpido por Brexit, porque no estaba garantizado con May. Según el acuerdo de Johnson, las disposiciones de la ley de la UE permanecen, por lo que nada cambiará.

Compromisos esenciales

Se garantiza que el Reino Unido se mantendrá en línea con los convenios de la UE sobre el clima, el medio ambiente y los derechos de los trabajadores en un futuro acuerdo comercial. Johnson había amenazado con romper con todo esto para ir por libre. El pacto con May expresaba esta garantía con menos rotundidad.

 
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