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26/10/2020 21:28 CET

Los epidemiólogos alertan: "El toque de queda por sí solo no basta"

Las restricciones nocturnas pueden ser útiles, pero tienen sus limitaciones y, sobre todo, deben ir acompañadas de otras medidas de salud pública.

Álex Cámara/NurPhoto via Getty Images
Control policial en Granada por la restricción de movilidad decretada por el coronavirus.

Si naciste en España hace menos de 40 años, lo más probable es que no hayas vivido un toque de queda en tu vida… hasta ahora. Este domingo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció la segunda declaración del estado de alarma para frenar los contagios de coronavirus en el país. La medida estrella en esta nueva oleada es un toque de queda nocturno, salvo en Canarias.

Aunque todavía cueste llamarlo como tal por sus reminiscencias autoritarias y bélicas, desde este domingo la población tiene restringidos sus movimientos durante la franja horaria que va desde las 23 horas hasta las 6 de la mañana, con una horquilla de una hora arriba, una hora abajo en función de lo que decida su Gobierno regional. 

Esta nueva norma, que hasta hace poco no se había puesto sobre la mesa, fue cobrando fuerza a medida que países como Francia, Bélgica e Italia la iban planteando. Los presidentes autonómicos fueron solicitándolo poco a poco hasta que el Gobierno central decidió aplicarlo bajo el estado de alarma. Parece que los políticos por fin se han puesto de acuerdo en algo, pero ¿qué piensan los epidemiólogos? 

“No es la panacea”

“El toque de queda no es la panacea, no lo resuelve todo, y no se puede pensar que va a operar en solitario”, responde Daniel López Acuña, exdirector de la Acción Sanitaria en Crisis de la OMS. No obstante, el epidemiólogo defiende con fervor la declaración del estado de alarma dadas las circunstancias. “Hay que entenderlo como el paraguas jurídico para poder establecer restricciones, pero lo que realmente cuenta son las medidas que se toman bajo ese paraguas. Una de ellas es el llamado toque de queda, que básicamente busca limitar la interacción de personas durante una franja horaria en la que se producen muchos de los brotes, ligados al ocio nocturno, a las reuniones de familiares y amigos, a los botellones, al momento en que hay más consumo y más desprotección en barras y en bares”, explica.

No diría que es una medida ineficaz, pero sí que tiene sus limitaciones y, por supuesto, debe ir acompañada de otras medidas de salud pública

“La pregunta es cuán efectiva va a ser la medida para doblegar la curva y reducir la transmisión”, admite López Acuña. “Algunos expertos dicen que puede tener hasta un 30% en la reducción de la curva. No está muy claro, pero sí sabemos que es mejor eso que nada, y es mejor eso que dar el salto a un confinamiento total, no sólo por motivos económicos, sino también psicológicos y sociales”, añade el epidemiólogo. “No diría que es una medida ineficaz, pero sí que tiene sus limitaciones y, por supuesto, debe ir acompañada de todas las medidas de salud pública que tienen que ver con diagnóstico precoz, rastreo, pruebas PCR y aislamiento de positivos. Eso es esencial”, recalca. 

“Un toque de queda no tiene la capacidad de frenar la transmisión”

López Acuña tiene claro que “el toque de queda solo no basta si no se acompaña de más medidas”, y en eso mismo inciden todos sus colegas consultados. “Desde luego, un toque de queda por sí solo no tiene la capacidad de frenar la transmisión; tiene que ir acompañado de otras medidas”, coincide Pedro Gullón, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y coautor de Epidemiocracia (Capitán Swing). 

Gullón recuerda que en el plan aprobado el pasado jueves en el Consejo Interterritorial se incluyen otras medidas básicas que no se están llevando a cabo en algunos territorios, como la recomendación generalizada del teletrabajo, y el refuerzo de todo el sistema de rastreo y vigilancia epidemiológica. “El toque de queda sólo va destinado a reducir la transmisión del ocio nocturno, en casas y en reuniones sociales, y puede ser una estrategia buena, pero tiene que ir complementada con otras”, zanja. 

Tenemos evidencia de que en entornos sociales y familiares está habiendo muchos brotes, pero sabemos poco sobre la hora a la que estos se producen

Por otro lado, el epidemiólogo reconoce que en su gremio existen dudas de la efectividad de la medida en sí. “El toque de queda nocturno puede tener sentido si tenemos evidencia clara de que se están produciendo brotes en lugares donde había contacto físico a esas horas; es decir, si tenemos pruebas de que, con la hostelería cerrada, se están celebrando fiestas en casas, y que estas están provocando un número significativo de brotes”, explica. “De momento, tenemos evidencia de que en entornos sociales y familiares está habiendo muchos brotes, pero sabemos poco sobre la hora a la que estos se producen”, admite Gullón. 

“Habría que investigar mejor el origen de los casos”

Según los últimos datos de Sanidad, el ámbito social en el que se registra un mayor número de brotes (29,8%) y de casos (26,9%). Entre ellos, destacan especialmente los brotes relacionados con reuniones familiares y de amigos, pero además “se observa un aumento de los brotes que se producen en establecimientos de restauración como bares y restaurantes”, señala el informe.   

“Se sabe que se están produciendo celebraciones en el ámbito privado, ya sea en botellones o en las casas, y que ahí está habiendo contagios, así que el toque de queda es una forma de ir contra ello”, resume Fernando Rodríguez Artalejo, portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología y catedrático de Salud Pública de la UAM, que enseguida apunta a la cuestión que invade a todos los expertos: “El único problema es que es muy difícil calcular de antemano qué eficacia va a tener la medida”.

Es muy difícil calcular de antemano qué eficacia va a tener la medida

En su opinión, “habría que investigar mejor el origen de los casos”. “No tenemos mucha información sobre la distribución de los contagios dentro del ámbito social; es decir, no está muy claro cuántos se producen en las comidas del domingo, cuántas en fiestas por la tarde, cuántas en restaurantes y cuántas en botellones”, lamenta Rodríguez Artalejo.

El efecto dominó

Para Joan Ramón Villalbí, miembro de la Junta directiva de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), es evidente que el toque de queda, como el resto de medidas aplicadas durante la pandemia, “va en una dirección: limitar la posibilidad de que la gente se encuentre con otra gente”.

El motivo de que se aplique ahora se encuentra en el fracaso de la reducción inicial de aforos y horarios. “Primero se intentó limitando aforos y horarios, pero ha surgido la cuestión de que, aunque se cierren bares, la gente se reúne en casas, o hace botellones en la calle”, señala Villalbí. “Al mismo tiempo, otros países de nuestro entorno han empezado a adoptarlo como una herramienta más fácil de gestionar que otras, y se ha visto valor en ello”, añade el epidemiólogo. “Cuando uno ve que el vecino hace algo y le va bien, lo copia”, ilustra. 

Creo que los toques de queda a las 12 de la noche no son igual de efectivos

Dentro de Europa, Francia ha sido pionera en establecer toques de queda entre las 21:00 y las 6:00 horas para 46 de sus 67 millones de ciudadanos. Después, Bélgica decretó el toque de queda entre las 23:00 y las 05:00 horas. En Italia, sin un toque de queda como tal, se ha ordenado el cierre de la hostelería y de negocios a las seis de la tarde. 

En opinión de López Acuña, el horario “más sensato” para España sería de 10 de la noche a 6 de la mañana. “Creo que los toques de queda a las 12 de la noche no son igual de efectivos”, confiesa, en referencia a la decisión de Madrid de cerrar la hostelería y aplicar el toque de queda a partir de medianoche. 

“Los toques de queda sólo son la medida inicial”

De momento, el Gobierno de España ha dado libertad a las comunidades para decidir sobre medidas más estrictas como confinamientos perimetrales, pero puede que esto no sea así dentro de unas semanas, alerta Daniel López Acuña. “Tenemos que estar muy preparados para entender que los toques de queda sólo son la medida inicial; puede llegar a ser necesario medidas de la fase 1 de la desescalada o el confinamiento total que tuvimos en primavera en caso de que no se doblegue la curva y sigan ascendiendo los casos”, advierte. “Hay que reducir la vida social: por ahora es una recomendación; pero si las cosas no cambian lo suficiente, si la curva no se estabiliza, tendremos que llegar a la prohibición”, asegura el experto. 

Con o sin toque de queda, “hay que seguir insistiendo en la reducción de contactos, en la noción de burbuja, en la mascarilla, en la distancia de seguridad, en evitar aglomeraciones”, enumera el epidemiólogo, de carrerilla. “Y no descartar más confinamientos, sobre todo de cara a los puentes”, avisa López Acuña.

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