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14/04/2020 12:38 CEST | Actualizado 14/04/2020 12:38 CEST

Los más vulnerables ante la Covid-19

Esta situación requiere que cambiemos el prisma. No podemos afrontarla como una crisis sanitaria más.

NurPhoto via Getty Images
Una pareja de pacientes de avanzada edad afectados por coronavirus se abraza. 

Hace un par de horas charlé por teléfono con Adriana, doctora en una de las residencias para ancianos donde la Covid-19 ha afectado al menos a 50 de sus 65 residentes. Cuenta Adriana que cuando los más lúcidos empezaron a verle la magnitud al virus, por la tele en las salas comunes o pegados a la radio en sus cuartos, algunos de ellos le dijeron que se fuera a casa, que ella, joven, tenía que cuidarse y seguir adelante, que gracias por su coraje, entrega y valentía; pero que se fuera y se salvara. Que ellos, ya viejos, habían ido allí a pasar sus últimos días, a morir. 

Adriana no se fue a ninguna parte, claro. Se quedó allí, junto a las enfermeras y al personal de limpieza. Qué se iban a ir. Había que quedarse, por imperativo moral y por humanidad, dice la doctora. Y ella, lamentablemente, también le vio la magnitud al virus: primer caso el sábado 21 de marzo, al poco 19 más. Luego 29, 38 y así hasta 50. 

Fue una de las enfermeras de esta residencia, que había trabajado con Médicos Sin Fronteras (MSF) con anterioridad, la que nos alertó de la situación. Enviamos acto seguido un equipo compuesto por personal sanitario y del área de logística a la residencia.

Uno de los ejes de acción de las operaciones de MSF contra la pandemia de Covid-19 en España es el cuidado de nuestros mayores, especialmente vulnerables ante este virus, tal y como afirma la doctora Ximena Di Lollo, nuestra coordinadora de Atención a Mayores en Residencias. El trabajo en las residencias es constante. Les asesoramos en cómo afrontar un alto número de enfermos de Covid-19 dando herramientas y formación a su personal, por ejemplo en el manejo de equipos de protección personal o higiene, y diseñando los circuitos para reducir el riesgo de propagación del virus. Es decir, realizar un rediseño del espacio para que las personas positivas de Covid-19 y los casos asintomáticos permanezcan en áreas separadas. Además de redefinir las dinámicas y movimiento tanto del personal como de residentes para que no haya riesgo de contagio entre unos y otros.   

La preocupación de Adriana es que no se vayan solos y sufriendo. Pero sabe que, por el momento, va a ser inevitable.

Pero lo que pasó en la residencia donde trabaja Adriana demuestra que el actual sistema no está preparado para gestionar un número tan elevado de pacientes al mismo tiempo en este tipo de espacios. Cuenta la doctora que la división entre habitaciones rojas y verdes funcionó hasta que algunos de los pacientes más ancianos que no presentaban síntomas, empezaron a pasar a la zona roja en medio de la noche, caminando desorientados. Luego, con gran parte del personal de baja por contagio –la propia Adriana lo está ahora-, los mismos trabajadores atendían a residentes positivos Covid 19  y sin enfermar pero con otras patología o sanos. Incluso el personal que enviaban de apoyo terminaba infectado, cuenta Adriana, que lamenta que en lugar de eso no hubieran evacuado a los enfermos a un centro hospitalario para atenderlos como es debido. 

Esta situación requiere que cambiemos el prisma. No podemos afrontarla como una crisis sanitaria más. No, esto es una emergencia y hay que analizar el problema y buscar soluciones desde un prisma de crisis humanitaria, como MSF hace en el resto de países donde trabaja. Por eso llevamos semanas reuniéndonos con autoridades y entidades privadas que gestionan algunas residencias en España, tratando de que cambien el chip y creen una cadena de mando único para que las decisiones se tomen de manera rápida y se apliquen en las residencias con celeridad. Barcelona ya ha adoptado este modelo y, desde nuestro punto de vista, es un paso esencial para afrontar los principales retos de estas instalaciones: incrementar los recursos humanos, identificar estructuras externas que se adapten a las necesidades de los mayores y promover un trato y cuidados más humanos para que, entre otras cosas, puedan tener una despedida digna. MSF acompaña y trabaja hombro con hombro con las autoridades para alcanzar estos retos. 

Un trato digno para los enfermos terminales

Antes de que Adriana tuviera que salir de la residencia por contagio, murieron dos personas. Cuenta que sin muchos materiales de protección –llegaron días después de parte de las autoridades competentes- ella y la enfermera atendieron los cuerpos y que allí estuvieron 24 horas porque los servicios fúnebres estaban colapsados. A renglón seguido me habla del trato digno a estos enfermos. Y recuerda como la mayoría de ellos entendieron la restricción de las visitas. En gran parte porque querían evitar contagiar a sus hijos, nietos, sobrinos… Pero la situación se agravaba y los ancianos veían como el personal acudía a trabajar cada vez más protegido, cada vez más asustado, cada vez más tenso. Hasta que los que mejor estaban empezaron a descomponerse, a llorar, a gritar, a llamar a sus hijos, a sus nietos, a sus sobrinos. Y Adriana sentía que aquello no era real, que no podía serlo, que tenía que ser el destino gastando una broma macabra.

Pero sí era real. Una de las líneas de acción de MSF en su trabajo en residencias es que los enfermos terminales tengan un trato digno y unos últimos cuidados todo lo humano posible en esta situación tan dura. Creemos que es clave que estas personas sean atendidas en centros especializados en paliativos. Sea un hospital o sea lo que llamamos “hotel confort”, un hotel medicalizado con cuidados paliativos para atender a estos pacientes de manera digna. En este momento estamos impartiendo formaciones a personal de este tipo de hospitales para que, por ejemplo, los ancianos que deambulan en la noche, puedan ir vestidos con su ropa, y estén también acompañados de personal de las residencias que ya conocen. 

A su vez, nosotros también estamos asesorándonos para poder ofrecer unas despedidas dignas en las residencias tanto para el residente como para su familia, para que de algún modo podamos encontrar una manera para que puedan decirse adiós.

La preocupación de Adriana es que no se vayan solos y sufriendo. Pero sabe que, por el momento, va a ser inevitable. Dice que ya no queda el tipo de fármaco que eso requiere en las residencias, al menos en la suya. Esos sedantes se encuentran a estas alturas sólo en las unidades de cuidados intensivos. Se van a ir solos, sin funeral, sin despedirse y con dolor, lamenta.