BLOGS
14/02/2021 10:09 CET | Actualizado 15/02/2021 14:43 CET

'Maragall i la Lluna'. La gota malaya

El documental es un fresco que recorre cronológicamente los puntos y las cumbres principales de Pasqual Maragall.

LLUIS GENE via Getty Images
Pasqual Maragall, president de la Generalitat de Cataluña entre 2003 y 2006.

Maragall i la Lluna  (Francesca Català y José M. Mañé, 2020) es un documental sobre la vida y la obra de Pasqual Maragall. Lluna Pindado, licenciada en arte dramático especialidad en musical —tiene un pequeño reflejo en el film—, la articula con sus preguntas a 54 testimonios apabullantemente masculinos puesto que tan solo 12 son mujeres.

Este hilo narrativo se debe a que en 1993, cuando Pindado tenía ocho años, Pasqual Maragall se instaló en su casa para conocer de primera mano los problemas y las perspectivas del barrio de Roquetes que forma parte del distrito de Nou Barris, uno de los más pobres de Barcelona.

El documental es un fresco que recorre cronológicamente los puntos y las cumbres principales de Maragall: desde el culturalmente rico entorno familiar en el que se crio, hasta la manifestación en 2007 de la cruel enfermedad y la creación al año siguiente de la Fundació Pasqual Maragall per a la Recerca sobre l’Alzheimer.

La vida y el entorno familiar la relatan dos de sus hermanos; no aparece ninguna hermana. De hecho, en la página de la Wikipedia del político se las elimina; así como a su madre. También se las elimina en la de su padre, que parece que solo haya sido padre de tres chicos. Detalles. Como el nombre de la película que habría podido llamarse, Maragall i Pindado o Pascual y Luna.

Sigue con su militancia en el FOC (Front Obrer de Catalunya), los primeros trabajos en la Universidad y en el Ayuntamiento, la alcaldía, hasta llegar a su etapa como presidente de la Generalitat. Destacan los Juegos Olímpicos de 1992, momento en que Barcelona fue la ciudad de los prodigios. Así, una mañana del sábado bajabas Ramblas abajo y al final aparecía de la nada la Passarel.la sobre un mar más deslumbrante aún; un domingo descubrías un nuevo tramo de las Rondas o unas calles y avenidas creadas como por arte de magia; la mar se iba haciendo más y más amiga de la ciudad.

Aunque las instalaciones han sido en general muy útiles para la ciudad —cosa que pueden decir muy pocas sedes de Juegos Olímpicos, Ferias o Expos— y se aprovecharon para dignificar la periferia —por ejemplo, la Vall d’Hebron—, por el contrario, los Juegos llevaban también encapsulada la Barcelona —previa al coronavirus— convertida en un parque temático intransitable en algunas zonas. Esa Barcelona que se ha quedado titiritando y a la intemperie, sin recursos, en plena pandemia.

En este retrato tanto de toda un vida como de una época se explican hechos que germinaron después, hechos actuales. Hay gente que se retrata. Escuchar a José Bono es un pasaporte hacia el independentismo; Artur Mas pierde la oportunidad de, al menos, ser elegante; el rechazo de participar de Felipe González o el “apoyaré” de José Luis Rodríguez Zapatero es más revelador que si hubiesen opinado; Jordi Pujol muestra el minúsculo e ínfimo político que fue y la estrechez de miras que le caracterizó. Se retrata en su intervención sobre el Área Metropolitana, ¡qué oportunidad, no perdida sino tirada!.

Maragall fue atacado no solo por la derecha en una campaña sucísima —nada que envidiar a las de ahora— donde convergían el presunto alcoholismo y estar mal de la cabeza, sino también desde su propio partido que realmente lo crucificó, traicionó y lo defenestró de la Generalitat ¡Ay, Manuela de Madre, ay, Miquel Iceta, qué papelón! El expresident emerge como un personaje del que no se podrá decir nunca que fuera mediocre (incluso se añoran algunas de las maragalladas).

Montserrat Tura, representante de un catalanismo que el PSC ha enviado a la basura, habla de esplendores pero también de esas miserias que Diana Garrigosa, su mujer y también política, explica la mar de bien con tres detalles. El testimonio de colaboradoras cercanas, como Àngela Vinent o Margarita Obiols o la periodista Milagros Pérez Oliva, detallan la complejidad del personaje.

El final de la película es de una gran emotividad, con un Maragall que muestra todavía algunos rasgos de su personalidad y talante. De todos modos, el documental podría funcionar perfectamente sin este colofón. Porque si algo tiene el documental es que es perfectamente exportable. Como cuando ves un documental sobre el Vietnam, las obreras de las maquilas o vete a saber qué y aunque no sepas nada de ello lo entiendes y lo disfrutas. Maragall i la Lluna puede verse y tiene sentido en cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, en el Estado español.

EL HUFFPOST PARA AMBAR