Cómo gestionar la presión si eres la única persona que lleva mascarilla en el trabajo

Conviene tener pensado lo que puedes decir cuando un compañero te pregunte por qué sigues llevándola.
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Las mascarillas ya no son obligatorias en interiores, salvo excepciones. Por supuesto, quien quiera seguir llevando mascarilla está en su derecho, pero si lo haces es posible que formes parte de una minoría en tu trabajo. Y cuando ves que eres de las pocas personas que siguen llevando mascarilla, tal vez sientas cierta incomodidad y presión social.

Por eso es importante recordar la razón de ser de las mascarillas y por qué conviene tener pensado lo que puedes decir cuando un compañero te pregunte por qué sigues llevando mascarilla.

1. Recuerda que las mascarillas funcionan y seguimos en pandemia

Si ninguno de tus compañeros de trabajo lleva mascarilla, puede que te preguntes si tiene sentido que tú la lleves. Pero las mascarillas bien hechas y ajustadas protegen, incluso cuando los demás no las llevan.

“Sí funcionan. Alguien que lleva mascarilla en un entorno de oficina va a conseguir un buen grado de protección”, afirma el doctor Mark Rupp, jefe de la División de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Nebraska.

“Llevar cualquier mascarilla es mejor que no llevarla”, afirma José-Luis Jiménez, profesor de la Universidad de Colorado Boulder y científico especializado en aerosoles. “Para compensar el hecho de que otras personas no se pongan mascarilla, hay que ponerse una mascarilla de mayor protección”.

Jiménez se refiere a las mascarillas FFP2 en adelante, que tienen filtros que impiden la inhalación de la mayoría de los aerosoles si se llevan bien ajustadas.

Ten en cuenta que lo que está en juego es tu salud. “Lo que estás haciendo es minimizar la posibilidad de inhalar una enfermedad respiratoria. Esa es la gran razón por la que hay que llevar mascarilla”, afirma Charlotte Baker, epidemióloga de salud pública de Virginia Tech.

2. Ten en cuenta que llevar o no mascarilla no tiene por qué ser en todo momento o nunca: hay opciones intermedias

Rupp aclara que la decisión de llevar o no llevar mascarilla no debe verse como una elección entre no llevar nunca la mascarilla o tener que llevarla siempre. Hay que estar abierto a cambiar de opinión según las circunstancias de cada persona y situación.

“Puedes sentirte seguro si es un interior con mucho espacio y poca gente donde vas a estar poco tiempo”, comenta Rupp. “Pero podrías sentirte muy incómodo sin mascarilla en un interior pequeño y concurrido en el que vas a tener que pasar mucho tiempo”.

Entre los factores que deberías tener en cuenta antes de tomar una decisión con tu mascarilla están los índices de transmisión del virus en tu comunidad, la ventilación del edificio, el estado de vacunación de tus compañeros y tus propios riesgos para la salud.

También deberías estar abierto a volver a ponerte la mascarilla a medida que empeoran los datos de coronavirus en tu ciudad.

3. Puede ser incómodo ser la única persona que lleva mascarilla, pero intenta no olvidar el motivo por el que lo haces

“La presión social es muy real. Se nos puede convencer de cualquier cosa si un número suficiente de personas muestra un punto de vista distinto del nuestro”, asegura la psicóloga Ramani Durvasula.

Como ejemplo, cita las investigaciones del psicólogo social Solomon Asch sobre el conformismo, según las cuales es más probable que una persona dé una respuesta con la que no coincide cuando oye a otras personas dar esa misma respuesta, solo para evitar un conflicto.

Tu decisión de llevar mascarilla no incumbe a nadie más que a ti. No le debes a nadie una explicación, pero si te sientes más cómodo dando explicaciones, que sean breves, aconseja Durvasula.

“Habla por ti y no lo conviertas en un debate de salud pública”, recomienda. “Si una persona decide llevar mascarilla, está en su derecho, pero puede volverse en su contra si lo señala como ejemplo de virtud”.

Tanto si lo haces para proteger la salud de los demás como por tu propia salud, Durvasula recomienda no hablar mucho sobre ello: “No muerdas el anzuelo”.

Si te hace sentir más cómodo, está bien desviar el tema o “ser muy directo una sola vez para dejarlo claro: ’Mira, voy a llevar mascarilla y no quiero oír nada más al respecto. No tiene nada que ver contigo”.

Darse ánimos uno mismo también puede ayudar cuando sientes la presión de los compañeros. Baker comparte lo que se dice a sí misma cuando se encuentra en una de estas situaciones.

“Estoy inmunodeprimida, así que me digo a mí misma que no quiero morir”. También me digo: ‘Hago esto por mi familia. Quiero ver a mis sobrinas, quiero ver a mis sobrinos. Quiero que crezcan en un mundo sano. Si me pongo la mascarilla, podré ir a verlos’. Y también pienso: ’Mi madre es mayor y tengo que mantenerme sana para no contagiarla”.

Para las personas que se han insensibilizado ante los riesgos de la pandemia, Baker les propone recordar otras motivaciones externas, como unas vacaciones o un concierto al que no puedes ir teniendo coronavirus. “Sea cual sea esa motivación, averigua cuál es y ponla por escrito para verla”, dice.

Una vez que conozcas tu motivación, recuérdala cuando tengas la tentación de quitarte la mascarilla.

“Defiende tus convicciones y date cuenta de que quizás seas la persona más inteligente de la sala”, concluye Rupp.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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