INTERNACIONAL
28/06/2019 17:13 CEST | Actualizado 28/06/2019 17:13 CEST

Este será el apretón de manos más raro que veas en mucho tiempo

Atroz.

Carl Court/Getty Images

La reunión entre Theresa May, primera ministra británica en funciones, y el presidente ruso, Vladimir Putin, en la cumbre del G20 en Japón ha comenzado con un apretón de manos de lo más raro.

Los mandatarios se estrecharon la mano, pero no se les escapó ni una ligera sonrisa antes de sentarse para iniciar sus conversaciones en Osaka. 

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May aprovechó el cara a cara con Putin para decirle que “no puede haber una normalización de nuestra relación bilateral hasta que Rusia pare su actividad irresponsable y desestabilizante”, ha señalado Downing Street.

“El uso de un gas nervioso mortal en las calles de Salisbury formó parte de un patrón más amplio de comportamientos inaceptables y fue un acto realmente despreciable que llevó a la muerte de una ciudadana británica, Dawn Sturgess”, ha afirmado la primera ministra.

May también ha sido clara con Putin al recalcar que Reino Unido tiene pruebas irrefutables de que Rusia estaba tras el ataque.

“La primera ministra ha asegurado que este comportamiento no podrá repetirse y que Reino Unido quiere que se lleve ante la justicia a los dos individuos responsables”, explica Downing Street.

“Reino Unido seguirá defendiendo de forma inequívoca la democracia liberal y protegiendo los derechos humanos y la igualdad de todos los grupos, entre ellos el colectivo LGTBI”.

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Los comentarios de May llegan después de que Putin dijera al Financial Times que el ataque con gas nervioso contra el ex doble agente ruso Sergei Skripal el año pasado “no vale ni cinco libras”.

Antes de su encuentro, la primera ministra dejó claro de que su decisión de reunirse con Putin no significaba volver “a la normalidad” con Rusia como si nada.  

El presidente ruso quitó hierro al incidente de Salisbury calificándolo de “líos sobre espías y contraespías” que no merecían estar en las “relaciones serias entre estados”, aparte de señalar que “los traidores deben ser castigados”.

Reino Unido sostiene que la agencia rusa de inteligencia militar GRU estuvo tras el ataque contra el agente doble Sergei Skripal y su hija Yulia.

Ambos sobrevivieron al veneno, pero en julio de 2018 Dawn Sturgess murió después de entrar en contacto con el agente nervioso Novichok, que supuestamente estaba en un bote de perfume.

Scotland Yard y la fiscalía británica (Crown Prosecution Service) creen que hay suficientes pruebas para acusar a dos rusos —conocidos por los alias Alexander Petrov y Ruslan Boshirov— de conspiración para cometer un asesinato en el ataque a los Skripals.

Y de ahí la cara de Theresa May...

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido adaptado del inglés por Marina Velasco Serrano

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