Melania Trump nos está tomando el pelo con su ropa

La primera dama estadounidense no necesita Twitter (aunque lo tiene), ella manda mensajes a través de sus prendas.

Melania Trump no habla mucho. La primera dama estadounidense es poco dada a los grandes discursos, ha concedido pocas entrevistas y sus mensajes en Twitter están a años luz de las vomitonas de palabras de su marido.

¿Cómo saber entonces qué pasa por la cabeza de la exmodelo eslovena? Su figura esta plagada de enigmas y, a falta de conocer bien a la primera dama, la prensa especializada ha intentado dilucidar qué nos quiere decir Melania a través de su ropa.

Su armario (y los mensajes que manda) no está exento de polémica. Todo lo contrario. El pasado 11 de septiembre Donald y Melania compartieron una imagen para recordar a las víctimas del 11-S y el abrigo de la primera dama se convirtió en el protagonista indiscutible. La fotografía se tomó en la ceremonia que se celebró en Pennsylvania en 2018 en recuerdo del atentado y para muchos críticos del matrimonio, las costuras de la prenda parecían simular el impacto de un avión contra una torre.

Si hubiera sido un caso aislado, podría quedarse en una anécdota, pero el historial conflictivo de Melania con su armario viene incluso de antes de llegar a la Casa Blanca. Una cosa parece evidente: la primera dama no quiere pasar desapercibida, y sus elecciones de estilo lo demuestran. En palabras de la jefa de moda del Washington Post, Robin Givhan: “Melania viste para lo que sería un editorial de moda del evento al que asiste”.

No queda muy claro si Trump quiere mandar ciertos mensajes, reírse de su marido, de la prensa o de los propios americanos. Lo único que parece cierto es que la primera dama está tomándose con sentido del humor el debate sobre su armario y que las opiniones negativas le dan bastante igual. Es un suma y sigue. Hacemos un repaso a sus elecciones más criticadas, que tiene pinta que no serán las últimas.

La blusa pussy bow

“Cuando eres una estrella te dejan hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el coño”. Era octubre de 2016, faltaba apenas un mes para las elecciones y el Washington Post publicaba un vídeo en el que Donald Trump, en una conversación informal, soltaba esta frase que recibió un aluvión de críticas. Dos días después, Melania lució una blusa pussy (coño en inglés) bow de Gucci en el debate presidencial.

Desde su gabinete dijeron que la elección no era intencional, pero lo que se viste en este tipo de eventos nunca es casual. La blusa era la forma de comentar el famoso vídeo: ¿era un crítica a su marido o una forma de avergonzarlo en público? Solo ella lo sabe.

El velo de la discordia en el Vaticano

Las imágenes de Melania e Ivanka Trump durante una audiencia con el Papa Francisco en el Vaticano en mayo de 2017 dieron la vuelta al mundo, y no para bien. Las elecciones estilísticas de ambas dejaron mucho que desear a nivel estilístico, pero las críticas no cesaron ahí. Es habitual llevar velo y vestir de negro, como hicieron ellas, en este tipo de audiencias, así que hasta ahí todo bien. El problema vino porque unos días antes la primera dama no se había cubierto la cabeza durante un viaje a Arabia Saudí, algo que muchos vieron como una falta de respeto hacia la religión musulmana. Más todavía cuando siguió el protocolo ante el máximo representante de la fé católica.

Taconazos para visitar una zona devastada

En agosto de 2017 el huracán Harvey dejó las peores inundaciones que se recordaban hasta la fecha en Texas. Como viene siendo habitual, el presidente y la primera dama se desplazaron hasta la zona para conocer los daños. Lo que no es tan habitual fue el look elegido por Melania Trump para visitar una zona devastada por un huracán: taconazos de vértigo, gafas de aviador, chaqueta bomber y pantalones capri. La primera dama fue acusada de estar totalmente desconectada de la realidad de los afectados, de parecer Barbie al rescate o de haber salido de la película Top Gun. Melania se cambió durante el vuelo y bajó del avión con deportivas y coleta.

El traje de sufragista

En su primera aparición pública en enero de 2018 tras las acusaciones de Stormy Daniels, la actriz porno que aseguró haber tenido una relación con Donald Trump, Melania eligió un traje blanco de Dior. Fue durante el debate del Estado de la Unión y su elección, una vez más, no pasó desapercibida. En parte porque Hilary Clinton hizo suyo este conjuntos durante la campaña y numerosas personalidades en Estados Unidos lo han lucido como un guiño a las primeras sufragistas. ¿Estaba Melania protestando silenciosamente contra su marido? Solo ella lo sabe, pero, en un acto en el que todo se mide al detalle, no parece coincidencia.

En realidad no me importa, ¿y a ti?

Con medio mundo en shock por los campos de detención de menores en la frontera entre Estados Unidos y México que tenían a niños en jaulas, Melania Trump decidió hacer una visita espontánea a la zona en junio del pasado año. La primera dama tenía buenas intenciones, si no fuera por la parka que se enfundó. Un modelo de Zara con una frase que decía: I really don’t care, do u?, que podría traducirse como ‘En realidad no me importa, ¿y a ti?’. Una elección inapropiada por la que le llovieron tantas críticas que su oficina de prensa se vio obligada a dar la cara. Su marido tampoco pudo dejar pasar la crisis y aseguró que su mujer se estaba riendo de las fake news, pero no convenció a nadie.

El sombrero colonizador

Por si el escándalo de la chaqueta no hubiera sido suficiente, Melania se plantó en su primera gira oficial por África en octubre con un sombrero que fue el blanco de todas las críticas. En un safari por Kenia, la primera dama lució un modelo salacot, un símbolo del colonialismo blanco en el continente africano. Se utilizaba por la creencia de que el sol africano afectaba más al cerebro blanco, dando pie a acusar a Trump de no tener ni idea de la historia de África o, lo que es peor, de una total falta de respeto.

Protagonista de My fair lady

Para su visita a Reino Unido este mes de junio Melania tiró de hemeroteca, y lo que muchos vieron como un homenaje a Diana de Gales, para otros era un disfraz del personaje de Audrey Hepburn en My fair lady. Una vez más, la primera dama fue acusada de no tomarse en serio su trabajo y de creerse una estrella de Hollywood más que una representante diplomática de su país.

Melania Trump, en el tiempo