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08/08/2019 12:01 CEST

Miles de criaturas 'indestructibles' podrían estar viviendo en la Luna por culpa de una fallida nave israelí

La sonda privada Beresheet se estrelló en abril, dejando en la superficie restos de ADN humano y "osos de agua", el bicho más duro de roer que existe

Este bicho tan bonito que ves se llama tardígrado (oso de mar, en plan familiar) y, desde abril, vive en la Luna. Sí, a los 50 años del paseo por su superficie de los norteamericanos, estos animales se han convertido en sus inquilinos, nadie sabe por cuánto tiempo. Los hay a miles, aunque están deshidratados y necesitan que alguien los resucite. Pero el caso es que, con ellos, hay vida en nuestro satélite. Y todo, gracias a un proyecto fracasado de Israel. 

11 de abril de 2019: la sonda Beresheet, operada por la firma Israel Aerospace Industries y SpaceIL, falla a 149 metros de llegar a su objetivo, la Luna, y se pierde todo contacto con ella en la sede de la empresa, en Yehud (Israel). Iba a ser la primera nave espacial privada en posarse en su superficie, pero lo que ocurre es que se estrella. 

La sonda llevaba como carga útil una biblioteca del tamaño de un DVD, reunida por la organización Arch Mission Foundation, que contenía grandes cantidades de información sobre el conocimiento de la humanidad, algo así como toda la Wikipedia en inglés y toneladas de libros clásicos, 30 millones de páginas de información en analógico, a nanoescala, en capas de vidrio donde se colocan átomos de níquel. Casi en una decisión de última hora, los ingenieros decidieron encartar esta información entre placas que contenían ADN humano (sangre de algunos de los impulsores del proyecto) y, también, animales, los tardígrafos, unos microorganismos que son los más resistentes de la Tierra en condiciones extremas.

Según ha avanzado Wired, los expertos creen que la biblioteca ha sobrevivido al impacto y se encuentra intacta o con poco daño y, en parte, ha sido gracias a esta amortiguación extra. Si ha sobrevivido la información, también han sobrevivido los seres vivos. “Irónicamente, nuestra carga útil puede ser la única cosa que sobrevivió de esa misión”, destacó Nova Spivack, fundador de la Arch Mission Foundation, una organización sin ánimo de lucro que busca crear una copia de seguridad de nuestro planeta.

Los osos de agua o de mar son capaces de sobrevivir en el vacío o en condiciones de presión y temperatura extremas. Además, pueden superar estados de criptobiosis -la suspensión de los procesos metabólicos-, así como resistir hasta diez años sin agua.

No obstante, la fundación ha indicado a través de su cuenta de Twitter que estos animales “no pueden moverse ni reproducirse en la Luna”, por lo que permanecerán aletargados y sin actividad hasta que sean trasladados a un lugar con una “atmósfera adecuada” y luego rehidratados, para potencialmente ser reanimados. O sea, que lo van a tener duro en la Luna, porque ni hay esas condiciones especiales para ello ni manos que sepan darles la vida. Al menos, por ahora. 

La información de Wired destaca que, por muy escandaloso que suene este envío de vida por parte de los israelíes, en realidad no hay un derecho espacial que lo impida y la NASA, que es quien marca la pauta, no se opone a que se lleve al satélite este tipo de animales, ya que no es zona prioritaria de estudio de vida y no se alterarían sus investigaciones. 

Y sobre el ADN, no, no es el primero que se queda en la Luna. Como recuerdan en Xataca, antes llegaron las heces de los astronautas... 

 
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