Cada mujer tiene orgasmos a su manera: aquí, cinco ejemplos

"El sexo no tiene por qué ser solo por penetración. A veces los preliminares son el objetivo en sí".

Son dos palabras que apenas se oyen en las clases de educación sexual: placer femenino. Desde muy jóvenes se enseña a las mujeres a no quedarse embarazadas. Ellas aprenden sobre el orgasmo masculino, pero aparte de eso y de la educación necesaria para no tener bebés, no se les enseña nada más. Y las cosas no mejoran mucho al llegar a la edad adulta, cuando el placer femenino en la tele, en el cine y en el porno se representa de modo completamente irreal. No es de extrañar que tantas mujeres tengan problemas para llegar al orgasmo.

Los hombres llegan al orgasmo en el 87% de las relaciones sexuales, mientras que las mujeres se quedan en un 65%, según un estudio sobre los orgasmos.

Los hombres heterosexuales son los que más frecuentemente llegan al orgasmo, seguidos por los gais y los bisexuales, luego las lesbianas, después las bisexuales y al final las mujeres heterosexuales.

“A las mujeres se las educa para que no comenten sus necesidades, que no sean difíciles ni exigentes, que no sean presumidas y que no se muestren muy sexuales”, explica Lisa Williams, coautora de More Orgasms Please: Why Female Pleasure Matters. “Luego crecemos, llegamos al dormitorio y, evidentemente, eso afecta”.

Nunca es demasiado tarde para descubrir el poder del placer femenino, pero no hay un modo infalible de lograrlo. Como prueba, puedes leer cinco testimonios distintos sobre cómo alcanzaron el orgasmo estas mujeres.

‘Con 24 años, besé a una chica y sentí fuegos artificiales’

Shilpa salía con hombres durante su adolescencia y sus primeros años de veinteañera, pero nunca estuvo realmente satisfecha. “Aunque me gustaba, sobre todo la parte de los besos y los mimos, nunca tenía mucha ilusión, y cuando estábamos haciéndolo, tenía ganas de terminar”, recuerda. “Y entonces, besé a una chica en una discoteca cuando tenía 24 años y sentí fuegos artificiales”.

Ese beso —“como las chorradas que vemos por la tele”— fue el momento en el que Shilpa empezó a explorar su sexualidad. El año pasado conoció a su novia.

“Empecé a tener ganas, incluso ansias, de practicar sexo. Ahora me flipa dar y recibir orgasmos”, asegura.

“Para mí, tener un orgasmo físicamente es como si todos mis órganos se compactaran y luego salieran a dar una vuelta por el mundo. Emocionalmente, siento que por fin todo encaja, como si todo tuviera sentido en el universo”.

Shilpa señala que su “papel principal” en el sexo heterosexual era “complacer” al hombre, pero que en relaciones entre personas del mismo sexo, las cosas son más equitativas.

“Aún tienes que descubrir qué es lo que le gusta a tu pareja y cómo se excita”, añade. “Aunque tenéis los mismos órganos, todo el mundo llega al orgasmo de distinto modo”.

‘Conocí a un hombre que me hizo sentirme segura cuando estaba desnuda’

Natasha, de 44 años, descubrió el placer femenino a los 18 años con un novio que “se esforzaba mucho” por complacerla.

“Dijo muy seriamente que no podía concebir que un hombre tuviera sexo vaginal sin haber provocado antes un orgasmo oralmente. También era bueno en el sexo penetrativo, en todas las posiciones, y me acostumbré a sentir placer. Me hizo sentirme segura cuando estaba desnuda y excitada”, reflexiona Natasha.

“Mi cuerpo y mi feminidad me resultaban naturales y sagrados, algo que podía disfrutar con su ayuda, no algo de lo que me sintiera avergonzada ni algo que fuera un regalo para un hombre. Mi cuerpo era un regalo para mí”, describe.

La relación terminó porque a él le gustaba “expandir por ahí su amor” y Natasha tuvo que esperar hasta los 30 para volver a disfrutar de verdad con el sexo. Pero esa relación también acabó en infidelidad.

“Ahora que he superado los 40 y desde entonces he tenido dos relaciones largas (y unas relaciones sexuales no tan satisfactorias), empiezo a preguntarme si es posible encontrar buen sexo y al mismo tiempo una relación leal y buena”, lamenta.

“Con otros hombres, sobre todo recientemente, sentía como si estuviera dándoles mi cuerpo a ellos, y eso me corta el rollo. Por esas relaciones sexuales fantásticas que tuve cuando era joven, los malos amantes me han quitado las ganas de practicar sexo”.

‘Dejé de tomar la pastilla y descubrí el placer pasados los 30’

Claire, de 49 años, tuvo un sexo mediocre durante su matrimonio, ya que la pareja se centraba especialmente en complacerlo a él. A los 29 años se divorció y dejó de tomar la pastilla. Con esos dos factores, su vida sexual mejoró mucho a partir de los 30.

“Mi primera percepción real del placer fue tras el divorcio. Dejé la pastilla y entonces me di cuenta de que había estado impidiendo a mi cuerpo reaccionar”, explica.

“Descubrir que estar excitada y mojada ya no me costaba tanto como antes me quitó una gran presión y me hizo relajarme y descubrir lo que me gusta y lo que no”, señala.

Claire piensa que las pastillas anticonceptivas le provocaban sequedad vaginal, porque cuando volvió a tomarlas temporalmente, volvieron sus viejos problemas.

“Noté que mi cuerpo de repente dejó de reaccionar, así que entendí que lo que había sido una fuente de fricción en mi matrimonio se debía menos a nosotros y más a ese medicamento”, comenta. Su nueva pareja también ayudó: “También era más considerado e incorporó el vibrador a nuestras relaciones sexuales. El sexo con él era muy placentero y mi cuerpo reaccionaba y respondía”.

‘Aprender a darme placer a mí misma me ayudó a enseñarles a mis parejas’

Abigail Geiger, de 28 años, explica que hasta hace poco había tenido menos de 10 orgasmos en los 10 años que lleva siendo sexualmente activa. El verano pasado decidió ponerse manos a la obra.

“Estaba deprimida en mi casa después de un desengaño amoroso especialmente duro cuando me encontré con unos vídeos que prometían ayudar a cualquier mujer a tener orgasmos. Al principio desconfié, pero algo me hizo darle al botón de reproducir”, cuenta.

El vídeo, comentado por la terapeuta sexual Vanessa Marin, hablaba de los posibles motivos por los que a una mujer le puede costar llegar al orgasmo y Abigail se dio cuenta de que se había pasado diez años concentrándose en dar placer a sus parejas en vez de en dárselo a sí misma.

“Empecé a masturbarme y tuve un orgasmo al segundo intento. Fue un gran alivio. No fue el típico alivio de después de un orgasmo. También fue una sorpresa: estaba sorprendida por haberme provocado a mí misma la misma euforia después de haber asociado orgasmos con sexo en pareja durante toda la vida”, recuerda.

Ese momento fortaleció su conciencia de sí misma: “Me hizo sentirme poderosa. Naturalmente, eso se transfirió al sexo con mis parejas. Aprender a darme placer a mí misma me ayudó a enseñarles a mis parejas para que el sexo fuera una calle de doble sentido”.

Empezar a masturbarse poco antes de los 30 años le ha enseñado que ella misma es su pareja más importante. “Ya no me cuesta llegar al orgasmo por mí misma. Ese es un gran paso para mí. Lo que me cuesta ahora es reunir la confianza necesaria para hablar de ello. Ese es mi próximo objetivo”.

‘Tomé las riendas y fue una liberación para mi cuerpo’

Llegar al orgasmo por su cuenta nunca había sido un problema para Emma, de 27 años, aunque sí le costaba alcanzar el orgasmo con la penetración.

“A mí no me funciona. Centrarme en tener orgasmos me incomodaba, así que renuncié a tener orgasmos con mi novio”, explica. “Llevamos seis meses juntos y hace poco, durante los preliminares, disfruté de verdad. Normalmente, cuando empieza a gustarme, pasamos a la penetración, pero él se corre y yo, no. Esta vez, cuando empezó a ponerse el condón, le dije que no parara y que siguiera con los dedos y la boca”.

Ese cambio de rumbo la llevó a su primer orgasmo con su novio y les enseñó mucho a ambos sobre el placer. “Fue como si hubiéramos encontrado algo nuevo que hacer juntos y que a ambos nos encantaba”, afirma. “Físicamente, mi cuerpo se sintió liberado y me quedé tumbada en el sofá un buen rato de lo bien que me sentía. Me hizo sentir poderosa el hecho de enseñarle a mi novio que yo también puedo llegar al orgasmo si probamos distintas cosas”.

La experiencia le enseñó a Emma que los orgasmos de las mujeres son igual de importantes.

“A veces tienes que tomar las riendas. El sexo no tiene por qué ser solo por penetración. A veces los preliminares pueden ser el objetivo en sí. Probad cosas nuevas y no os sintáis mal por tener vuestras propias necesidades”, anima.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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