Oriol Pla: "Si aceptamos que la violencia masculina es una cuestión patológica no hay ninguna revolución"

Oriol Pla: "Si aceptamos que la violencia masculina es una cuestión patológica no hay ninguna revolución"

El actor protagoniza junto a Anna Castillo la cinta 'Girasoles Silvestres'.

Oriol Pla en una foto promocional.Pol Rebaque/Cortesía de Transversal

Óscar es el típico chico macarra al que le dirías a tu amiga que no se acercara, pero lo hace, con todas sus consecuencias. Más aún si esa mujer es una madre soltera de dos niños con una mala situación económica y personal. A él le da vida Oriol Pla en Girasoles Silvestres, la última cinta del director Jaime Rosales, en la que Anna Castillo interpreta a Julia, quien deberá enfrentarse a tres hombres con tres tipos de masculinidad distinta con los que busca rehacer su vida.

Para Pla, a pesar de que se muestre un estereotipo de chulo, machito y con una masculinidad controladora, le ha supuesto todo un reto interpretativo dar vida a un modelo de hombre que “le da miedo”, pero que está presente en la sociedad. “Existe gente que no te la crees si la pones en una película, pero existe en la vida”, reclama el intérprete.

Precisamente en esa capacidad del cine y del teatro de transmitirnos estas historias confía el actor. Pla confiesa a El HuffPost espera que no caiga todo en una dictadura del streaming y en formas de consumo que primen más la cantidad de contenido que lo que ofertan o que no permitan, entre otras medidas, reproducir cintas al doble de velocidad como sucede en Netflix.

Para un actor que viene de familia de actores de teatro y músicos —hijo de Quimet Pla, fundador de la compañía de teatro Comediants, y Núria Solina, violinista y fundadora de las compañías Picatrons y Circ Cric— las artes escénicas siempre quedarán, aunque las series vayan cobrando cada vez más terreno.

Con Girasoles Silvestres es tu segunda colaboración con Jaime Rosales tras Petra (2018), ¿cómo fue?

Surgió pues de Petra, nos habíamos entendido muy bien, y yo me quedé un poco en su imaginario. Ya me lo dijo entonces, lo típico de “ya haremos más pelis” y dije yo “a saber, que nunca sabes”. De pronto, me proponían un personaje complicado y él confiaba en mí para eso y el hecho de poder trabajar ya sabiendo el método de trabajo es mucho mejor porque, al final, tienes confianza con tu compañero y puedes llegar a zonas mucho más profundas.

En este caso, Jaime quería hacer algo con el trabajo del personaje de Óscar y los dos nos aventuramos a intentar hacer una construcción del personaje. Como él siempre trabaja desde la improvisación y el uno mismo, el reto era un poco corporalizar ese personaje porque según sus normas y su forma de trabajar, era como la única forma. Ha sido muy interesante volver a trabajar con él porque creo que ha sido para los dos como viajar con una idea que desconocíamos y nos hemos aventurado los dos a salir de nuestra zona de confort y probar cosas nuevas.

Das vida a Óscar, un joven que refleja la masculinidad tóxica. ¿Cómo te preparaste para plasmar ese lado ‘macho’?

Justamente, para mí ha sido corporalizar y acercarme a una masculinidad que a mí me da mucho miedo y que es de las que por mi cultura, digamos, hemos intentado huir y temer. Existe gente que no te la crees si la pones en una película, pero existe en la vida.

Ha sido un viaje que mi reflexión era más bien a qué lleva a ciertos hombres, sobre todo adolescentes en la formación de la personalidad, a encaminarse hacia mitos o iconos masculinos que tienen que ver con la fuerza, el poderío, la armadura, la chulería, estar por encima, el no mostrar la vulnerabilidad, el gestionar muy mal eso, la comunicación, esas decisiones me las he cuestionado mucho. ¿Qué lleva a esas personas a eso? Seguramente sea supervivencia, creo que nadie escoge un camino que va a doler si no tiene otra alternativa en este misterio de la vida. Y pensé que es una persona que cree que o es así o se la come el mundo.

Me pregunté dónde estaría su modelo masculino, los padres, estos padres ausentes. Cómo se transmite la educación de qué es ser hombre de padre a hijo y qué lecciones vamos pasando de generación en generación, qué lecciones nos da la cultura y la sociedad en la que vivimos.

De hecho, un gesto como el de Nadal con Federer de dos hombres mostrando sus emociones sigue siendo noticia.

Existe eso, sí, como que los hombres no están preparados o tienen mucho miedo de ser rechazados por justamente eso. En círculos masculinos se nota mucho, en el contexto, por ejemplo, de la cárcel, que se pensó en un momento determinado que el personaje hubiera pasado por ahí. Estuve investigando un poco y al final de lo que me di cuenta es que si encierras a unos hombres sin apenas inserción social y acompañamiento psicológico es que o aprendes a ser una bestia o se te comen. Es esto o morir. Es muy triste que sea así. 

El problema es muy sistémico y es del Estado porque si aceptamos que la violencia masculina es una cuestión patológica no hay ninguna revolución ni trabajo ocupacional que hacer. Los matamos a todos y ya está. Si aceptamos que es un fracaso social cada vez que hay un ataque de violencia de género, hay que preguntarse qué pasa en las escuelas, qué pasa en los adolescentes, qué pasa en los acompañamientos de salud mental, salud sexual, de límites, de autoestima.

  Oriol Pla como Óscar en 'Girasoles Silvestres'.QUIM VIVES

Al igual que Girasoles silvestres, hay otras muchas películas que muestran esas realidades femeninas a nivel de relaciones, parejas e incluso paso a la adultez... ¿Falta una perspectiva masculina que se salga de la norma?

Creo que no sobra nada, al final desde el punto de vista masculino sí que hay que mirarse a uno mismo y a los semejantes y revisarse, aunque esta palabra esté muy usada, preguntarse, darse la opción y apoyarse también los unos a los otros. Es verdad que estamos ahí y es muy triste y es un motivo para seguir trabajando en eso. Está muy bien que haya películas que nos cuenten esto.

¿Siempre se muestra la misma masculinidad?

Es curioso porque en esta película hay muchas cosas que Jaime trabaja muy así, es una visión como muy redonda, creo que ves a mi personaje y ves que no está bien. Tiene mucha luz, mucha ganas de vivir, pero tiene ansiedad por la vida. Había una frase de su abuela que era “lo importante es que te quieran bien, no que te quieran mucho”, que a veces confundimos. Lo triste en estos caso es que al final no es blanco o negro, es que de pronto tienes a una persona que es maravillosa que te quiere un montón y de pronto se le gira y lo justificas. Dices “ay, no, ha sido por este motivo, ha pasado por esto” y vas pasando, pasando, que al final estás en un follón muy complejo que desde dentro no se ve. Lo ves desde fuera a nuestras amigas y demás, le dices “ten cuidado”, pero se mezcla todo y dentro no lo ves.

Hay muchísimos tipos de violencia, hay una violencia más pasiva, más psicológica, hay simplemente una carga más mental. Está la carga que tiene la mujer y no el hombre. Creo que en esta peli, todos los hombres están incapacitados sentimentalmente, es muy certero y muy duro, pero nos haces preguntarnos qué pasa. Uno es una falta de humildad, otro es una falta de compromiso, otro una falta de compromiso también hasta que al final da alguien un paso hacia delante. Hay muchos tipos de masculinidades tóxicas.

Los artistas hacen cine y ya. No lo valores porque es una directora que hace una película que va de una mujer

Tanto en El día de mañana (2018) como en la serie Dime quién soy (Movistar +) muestras también otro rol en el que ese hombre es el encargado de luchar por unos ideales a ultranza. ¿Es eso signo de masculinidad?

En El día de mañana es un poco una lucha de principios, un poco Groucho Marx. “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Pero sí que entronca mucho con esta cuestión, que se carga mucho en la masculinidad esa cosa de tener éxito, triunfar y conquistar la montaña. Lo vemos en los suicidios en este país, que la gran mayoría son hombres y muchos en la crisis. Bajo la premisa de que no puedes proveer a tu familia, no eres una persona exitosa, la cosa esta de que si no estás arriba del todo, no eres nada. Me ha interesado en estos personajes mostrar la mediocridad y que no saben ni quiénes son. En Dime quién soy es alguien que lo tenía muy claro y de pronto se enamora y no era consciente del dolor que ha generado, etc, porque estaba obcecado en eso.

¿Ellas están dando un paso al frente ellas en la industria audiovisual o sigue habiendo paternalismo?

Creo que un poco, se dan más oportunidades a mujeres. Y, por otro lado, lo más importante es que ellas se dan oportunidades a sí mismas, lo veo en mis compañeras. En mi hermana que ha hecho un espectáculo ella sola, como Elena Martín, que he estado narrando con ella una película superinteresante, eso es una maravilla. Lo que pasa que luego en la prensa se le da la vuelta y en realidad de valorar la película, valoran una película hecha por una mujer, que parece que es lo correcto, pero no, y deja de preguntarle a la directora por eso.

Los artistas hacen cine y ya. No lo valores porque es una directora que hace una película que va de una mujer… Ese paternalismo puede despistar mucho. Creo que es algo que piden las artistas y las cineastas de este país, que las midan por su capacidad artística, no por ser mujeres. Me dicen que si hacen una peli mala, que lo digan. Pero sí, se está avanzando, se están dando oportunidades y se está generando sobre todo un público que es lo más importante.

El streaming está llevando a los actores a tener que hacer series... y muchas series.

Nosotros podemos hacer lo que queramos, pero sí que es verdad que hay mucho trabajo, nunca había habido tanto y nunca se había consumido tan mal por los espectadores. Es verdad que cada uno toma sus decisiones y en el peor de los sentidos, los actores muchas veces nos tiramos a hacer series porque pensamos que es lo mejor. Porque tiene mejor tirada, porque se paga mejor, o tal. Más que las series y las plataformas, es cómo consumimos la cultura. Eso nos lleva un poco a querer estar ahí en esas plataformas donde hay más recursos, se rueda con más dinero, donde muchos directores de cine y gente pone el foco, está cambiando la industria un poco.

El cine como arte cinematográfico y el teatro en sí, son dos pilares que siempre nos van a marcar el norte. Podemos hacer lo que queramos y que nos vaya mejor en el momento en el que estamos, pero que nos preguntemos como artistas para quién estamos trabajando como somos mercenarios de otros, qué historias queremos contar, que es verdad que si no lo haces tú lo hace otro. Es importante que el imperialismo americano no nos coma (risas). 

Es importante que el imperialismo americano no nos coma

Estamos dominados por pantallas. Tú que vienes de artes escénicas y tu familia también, ¿sigue estando vivo el teatro?

Sí, creo que el teatro va a estar siempre vivo porque nació en los albores de la humanidad como necesidad de expresión y tengo una concepción de él muy amplia. Ahora la gente joven no irá al teatro a ver una obra, pero sí al concierto de C. Tangana o Niño de Elche y la banda valenciana, esos son grandes espectáculos teatrales.

Hay que preguntarse hacia dónde va el teatro y creo que en este país vamos un poco tarde y no nos da la estructura margen a los artistas para arriesgarse y crear nuevas formas. Es precario, es largo… Quien sepa de teatro, sabrá que hay mil formas de hacerlo, formatos, formas espectaculares que te rompen el alma, estar ahí en el mismo espacio que los actores, rodeados de gente, compartiendo esa experiencia tan catártica es algo que va a sobrevivir sí o sí. Cojeando pero va a sobrevivir. Es un gran sitio de directores, de autores, de actores, es un manantial.

Esa catarsis no se vive en el sofá...

En el sofá puedes tener una catarsis, pero esa cosa tan bonita de ir solo al cine y estar con un montón de gente a la que no conoces de nada y juntos compartís la experiencia conjunta y os enfrentáis a un espejo que ves al mundo y te ves a ti mismo, como sociedad participamos de eso. Son sitios necesarios en nuestro día a día. Un espacio cultural es un espacio de cuidados. Entiendo que es muy caro, que un adolescente prefiera gastarse 22 euros en dos cubatas o en un concierto que en una obra de teatro que no sabe muy bien si le va a gustar, pero la gente que lo tenemos más cerca sabemos que es un sitio muy sagrado y muy necesario.

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Marina Prats es periodista de Life en El HuffPost, en Madrid. Escribe sobre cultura, música, cine, series, televisión y estilo de vida. También aborda temas sociales relacionados con el colectivo LGTBI y el feminismo. Antes de El HuffPost formó parte de UPHO Festival, un festival urbano de fotografía en el marco del proyecto europeo Urban Layers. Graduada en Periodismo en la Universidad de Málaga, en 2017 estudió el Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo y en 2018 fue Coordinadora de Proyecto en la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. También ha colaborado en diversas webs musicales y culturales. Puedes contactarla en marina.prats@huffpost.es