Pasados de frenada

El 90% de la población está harta de la crispación política según el último CIS, un dato terrible para nuestra democracia. Siempre nos ocurre cuando la derecha estaba en la oposición.
Cuca Gamarra, Alberto Núñez Feijóo y Elías Bendodo, en una imagen de archivo.
Cuca Gamarra, Alberto Núñez Feijóo y Elías Bendodo, en una imagen de archivo.
Alberto Ortega/Europa Press via Getty Images

El 90% de la población está harta de la crispación política según el último CIS, un dato terrible para nuestra democracia. Siempre nos ocurre cuando la derecha estaba en la oposición.

La derecha política y mediática lleva ejecutando la estrategia de la crispación desde que fue investido el presidente Pedro Sánchez, dando paso al primer Gobierno de coalición desde el regreso de la democracia. El cambio cosmético de liderazgo del PP no cambia el guion, ni a los actores secundarios, solo al actor principal y por atreverse a hablar de corruptelas en su partido.

La estrategia tiene como objetivo instalar en la sociedad una confrontación permanente por todo, demonizando al presidente para conseguir la desestabilización de las instituciones y generar un clima de rechazo a la política donde, suele ser habitual, supone un cansancio y alejamiento para los progresistas mientras generan una excitación del electorado conservador.

“Da igual Casado que Feijóo, aunque lo diga más lento. Su estrategia es la misma”

Por esto, sufrimos a diario una repelente actitud de la derecha con el Gobierno de España, donde todo se reprocha con hipérboles e incoherencia con sus actos pasados cuando fueron Gobierno, incluso, llegando a contradecirse con lo que habían dicho en días y horas. El resumen es sencillo para ellos: todo es culpa del malvado Pedro Sánchez.

Da igual Casado que Feijóo, aunque lo diga más lento. Su estrategia es la misma.

Sin los medios de comunicación de la derecha mediática la crispación sería imposible de instalarse, siendo capaces de usar un lenguaje aún más agresivo que los dirigentes del PP y Vox, y utilizando el bulo sin ningún tipo de ética.

Una de las primeras consecuencias de la crispación es obtener una clasificación uniforme de todos los actores políticos, que los ciudadanos sin gran adscripción ideológica acaben etiquetando por igual a todos sin valorar la actitud concreta de cada uno de ellos. El objetivo es equiparar al agresor con el agredido.

Las encuestas sociológicas han sostenido durante largo tiempo una permisividad mayor del electorado conservador a esta calculada contaminación de la política. De hecho, si hoy existe disgregación en las filas conservadoras se debe en gran parte por la débil respuesta que aplicó el Gobierno Rajoy, a ojos de su electorado, en distintos asuntos claves y en muy escasa medida a la corrupción sistémica del PP.

Quienes tiempo atrás fabricaron el concepto de “todos son iguales”, sabían que ampliaban sus opciones electorales de victoria al conseguir un triple objetivo; solidificar su electorado, encontrar la desafección en los más dubitativos con la política y crear desanimo en la izquierda.

La desafección se ha instalado siempre a partir del cuestionamiento del sistema político, de sus instituciones, de aquellos que las componen y de sus respuestas ante circunstancias económicas y sociales excepcionales. Distintos estudios sociológicos han señalado que en esos periodos de desafección crece el interés por la política, en aquellos que siempre estuvieron interesados, pero decae significativamente en los que se encuentran más distanciados del día a día de ella.

“El PP recuperó el Gobierno de España en 1996 y 2011 aprovechando situaciones económicas y sociales muy duras e instaurando un clima político irrespirable”

Los estrategas conservadores encuentran tierra fértil cuando se recuperan conceptos como “todos son iguales” y “hay desafección política” por los analistas mediáticos. Los agitadores conservadores campan a sus anchas en este lodazal, dando rienda suelta a las palabras más soeces que proporcionan el insulto diario al Gobierno.

El PP recuperó el Gobierno de España en 1996 y 2011 aprovechando situaciones económicas y sociales muy duras e instaurando un clima político irrespirable. En 2022, imitan a sus mayores, trayendo a la vida pública un exasperante ejercicio de agresividad verbal continuo, el cual se ven obligados a redoblar por la presión que sufren de su escisión extremista en Vox.

No obstante, creo que como ya sucedió en 1993 y 2004, esta vez la crispación creada por la derecha no tendrá rédito electoral. Hemos pasado tanto en tan poco tiempo, y vamos superando todas las complicaciones, que este Gobierno va ser respaldado en las urnas. Se han pasado de frenada en la estrategia de la crispación, al final, los españoles votan pensado con la cabeza y el corazón, nunca con las vísceras.

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