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20/01/2020 16:06 CET | Actualizado 20/01/2020 16:08 CET

Pilar de Borbón: una infanta pobre

Han pasado varias semanas y no hay noticia del gran funeral en el Real Monasterio de El Escorial.

Hace unos días murió, por primera vez desde la Restauración borbónica por el dictador, una Infanta de España, doña Pilar de Borbón y Borbón. El primer revuelo que se armó en los medios, además del mucho desconocimiento público que mostraron por esa parte de la familia, fue si el duelo era “de la Familia Real” o “de la familia del Rey”. Y todo porque Felipe VI y Letizia acudieron al domicilio funerario en su propio —uno de los que tienen— coche y conduciendo el Rey. Como desde el peor momento de su enfermedad y posterior muerte, ya estaban los eméritos velando dentro a su querida hermana —y no tanto a su cuñada— sucedió lo que me temía. Lio de informaciones en las retransmisiones televisadas a las que una muerte, y si es realeza mejor, da mucha audiencia. 

Luis Gómez Acebo era un señor muy discreto, educado y maravilloso con la prensa. No como ella, que si te descuidabas te pegaba un bufido relleno de autoritarismo borbónico y se quedaba tan ancha

Han pasado varias semanas y no hay noticia del gran funeral en el Real Monasterio de El Escorial. Lugar donde por su rango le hubiera correspondido ser enterrada. Pero Doña Pi, como la llamaban sus íntim@s, era mucha Doña Pi. En los ya lejanos tiempos del exilio en Portugal de toda la familia y tras varios intentos de su padre don Juan de casarla con alguien de su alcurnia, ella se enamoró de un joven apuesto, pero sin sangre azul y con pocos posibles: Luis Gómez Acebo. Un señor muy discreto, educado y maravilloso con la prensa. No como ella que si te descuidabas te pegaba un bufido relleno de autoritarismo borbónico y se quedaba tan ancha. A mi me sucedió dos veces y sudé lo mio. Claro, no podía decirle lo que toda la prensa pensaba de ella, que era una borde (como su hija Simonetta). 

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Pilar de Borbón y Luis Gómez-Acebo junto a su hijo pequeño Fernando. 1974.

En los inicios de la Restauración juancarlista la pareja se vino a vivir —e intentar sobrevivir— a España, no sin la ayuda económica del Conde de Barcelona. Empezaron así a a alternar con la llamada alta sociedad, muy de la mano de Cayetana de Alba, alma angélica y caritativa con la monarquía. Pero héteme aquí que un buen día Luis y Pilar se topan en un sarao con la recién llegada baronesa Thyssen, Tita para todo el mundo, y su marido el barón coleccionista de arte, como él siempre me decía. Carmen Cervera vivía entre Suiza e Inglaterra pero como nadie le invitaba a fiestas... se aburría cual mona. Trabando amistad con una hija de don Juan y hermana del Rey es cuando el coco de Tita empieza a jugar con la idea de llevar la Colección Thyssen a España. Acuerdo que, como ya sabemos, logran gracias a los contactos de Luis Gómez Acebo y don Juan de Borbón. Transacción que reporta al matrimonio Thyssen un super pingüe beneficio económico, jamás explicado hasta el momento.

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MADRID, SPAIN - OCTOBER 08: Princess Pilar de Borbon (L) and Baroness Carmen Thyssen-Bornemisza (R) attend the Museum Thyssen Bornemisza 20th anniversary on October 8, 2012 in Madrid, Spain. (Photo by Carlos Alvarez/Getty Images)

Doña Pi y Tita se hacen íntimas y la primera le abre a la segunda puertas y ventanas del “quién es quién “ en España en aquellos momentos de fastos, alegrías y derroches socialistas. Pero una nube negra amenaza con enturbiar tanta felicidad. Luis Gómez Acebo muere de un cáncer y su enamorada esposa se queda viuda y con una mano delante y otra atrás. Amén de cinco criaturas. La baronesa, a la par que amiga, la socorre con un cargo en el Museo/Fundación y los Thyssen corren durante muchos años con todos los gasto de Doña Pi, incluido el mantenimiento del yate de Mallorca y lo que vaya cayendo.

Doña Pi y Tita se hacen íntimas y la primera le abre a la segunda puertas y ventanas del “quién es quién “ en España en aquellos momentos de fastos, alegrías y derroches socialistas.

Curiosamente, en aquella época me invita a su casa de Jamaica la Tita amiga de la prensa y, cuando me piden firmar en su libro de personas invitadas el día de mi marcha, observo con expectación que, en aquel conjunto de pequeños palacetes con embarcadero privado, habían retozado desde Don Juan, las criaturas de doña Pilar y las amiguitas famosas de los dulces retoños. 

La historia es la historia y el pasado siempre pesa. En la actualidad nadie conocíamos de verdad si las relaciones entre las amigas eran buenas o malas. Carmen Cervera ya no pasaba en olor de gloria por el Rastrillo de las marquesas y Pilar de Borbón no me constaba que trabajara para Tita.

Al velatorio la (ya no) baronesa Thyssen no acudió y mucho me temo que al funeral fastuoso de El Escorial, menos. ¿Qué ha pasado para que una amistad de años se haya truncado así? Solo mi mismidad está autorizada para dar un dato: la reina emérita no traga a Tita. 

(Doña Pilar dejó dispuesto ser enterrada en el panteón familiar de la familia Gomez Acebo y junto a su amado marido).

#YONOMEOLVIDO