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05/02/2020 14:51 CET | Actualizado 05/02/2020 14:52 CET

Pilotar un caza a 400 km/h junto al avión canadiense: "Las cosas salen solas"

El piloto del F-18 que asistió al Air Canadá relata su misión.

EFE
El jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, general Javier Salto Martínez-Avial (i) y el capitán Roberto García Macías.

La llamada que el capitán Roberto García recibió este lunes por la tarde no estaba en su agenda. ¿Podía pilotar en media hora su F18 para inspeccionar los daños de un avión de pasajeros que sobrevolaba Madrid con el tren de aterrizaje dañado? Podía y quería.

Este militar del Ala 12 del Ejército del Aire, la de los pilotos de caza de Torrejón de Ardoz (Madrid), ha relatado este miércoles cómo encaró la misión. En tiempo récord, se subió al avión supersónico y despegó para ponerse, a una velocidad constante de 400 km/h, al lado de la aeronave y chequear sus ruedas. Y lo hizo, según cuenta él mismo, con la mente fría y los nervios bajo control.

“Después de años de experiencia las cosas salen solas”, explica igual de tranquilo ante una sala llena de periodistas junto a su superior, el coronel Jerónimo Domínguez, y el jefe máximo del Ejército del Aire, el general Javier Salto. Solo se atisba una sonrisa cuando un reportero pregunta si se le gratificará por lo que ha hecho.

Los tiempos lo dicen todo

El avión de Air Canadá con 130 pasajeros a bordo que aterrizó felizmente en Barajas con el país en vilo y los madrileños mirando al cielo necesitaba saber, antes de decidir cómo tomar tierra, hasta qué punto tenía dañadas las ruedas. 

Por eso, el centro de aviación civil preguntó a las 16.56 horas al Ejército del Aire si había disponibles pilotos y cazas para aproximarse a él en poco tiempo. Desde ese momento, las llamadas se amontonan. Los tiempos lo dicen todo.

A las 17.03 comunican que la misión se puede realizar, explica el coronel Domínguez; a las 17.10 se activa; el capitán García, “entusiasmado”, recoge su equipo de vuelo y ultima los detalles; a las 17.40 el F18 Póker 81 despega de la base con el piloto a bordo y seis militares controlando desde tierra la maniobra.

“Me indican el rumbo, lo coloco en el radar y hago contacto visual”. En poco tiempo García se reúne con el avión de Air Canadá a unos 60 kilómetros al sur de Madrid, en una zona despoblada, y comienza su trabajo. Pero antes ambos disminuyen la velocidad para que el piloto canadiense pueda bajar el tren de aterrizaje.

Una rueda dañada

El problema está en las ruedas y posiblemente en el motor, pero el piloto comercial no sabe hasta qué punto están dañadas. Juntarse en vuelo a una velocidad constante es una maniobra que García ha practicado muchas veces. “Toda la conversación fue en inglés. Le pido autorización para juntarme y lo hago por la derecha”.

Así, ambas aeronaves vuelan codo con codo “a pocos metros” y García inspecciona primero el tren derecho, nada; el delantero, nada; y finalmente el izquierdo. Una rueda de las diez que tiene el avión está dañada. El motor, relata García, no lo parece: “Lo vi desde todas las posiciones y no salía humo ni llamas, desde fuera era totalmente normal”. 

Esta información, dice el capitán, fue crucial para que el piloto canadiense supiera cómo aterrizar. “Me tranquilizó el estado del avión”, reconoce, y también el tono del piloto al hablar: “Me inspiró confianza y tranquilidad. Espero que se la haya inspirado yo también a él”.

¿Nervios al encarar la misión? “No muchos” porque, dice, en esas situaciones “uno se aísla bastante” y se centra en cumplir con los objetivos. “Nos hemos visto en situaciones comprometidas a lo largo de la vida aeronáutica” que no describe.

“Cabeza fría”

García estuvo unos 15 minutos junto al avión de Air Canadá y luego volvió a Torrejón, donde siguió con “la vida normal de un piloto de combate”.

Tenía otra misión con un compañero y enfocó su mente en ella, hasta el punto de que tuvo que ser un soldado el que, mientras se vestía con el traje “anti g”, le informó de que el avión había aterrizado bien.

La perspectiva al relato en primera persona de García se la pone el jefe del Ejército del Aire. El general Salto, a su lado, explica cómo estos pilotos tienen “características especiales”: “Tienen que tener la cabeza fría, estar preparados y tomar decisiones en décimas de segundos sin consultar a nadie”.

Según Salto, el tiempo de respuesta del Ejército fue “excelente” y se consiguió hacer sin movilizar al caza que siempre tiene que estar listo en 15 minutos para controlar el espacio aéreo y evitar tragedias como la del 11S.

“Seguro que el capitán va a tener muchas condecoraciones y ascensos a lo largo de su carrera porque es un profesional de diez”, asegura, aunque tendrá que esperar porque la misión de este lunes no deja de ser una de las que el Ejército hace “con frecuencia” en nuestros cielos.

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