INTERNACIONAL
19/02/2021 17:52 CET

Por qué la vacuna Sputnik no llega a la UE (de momento)

La Agencia Europea del Medicamento tendría que dar antes su visto bueno, pero la falta de transparencia de Rusia y las tensiones geopolíticas lo complican cada vez más.

Sergei Bobylev\TASS via Getty Images
El seleccionador ruso de fútbol, Stanislav Cherchesov, recibe la vacuna contra el covid el 16 de febrero.

El 11 de agosto de 2020, apenas siete meses después de conocer los primeros casos de coronavirus en Wuhan, Rusia registró su primera vacuna frente al covid, antes que ningún otro país. El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció entonces que su propia hija ya se había vacunado, y que el país comenzaría la producción en masa de las dosis para inmunizar a toda la población. La comunidad científica y la población en general se mostraron escépticas.

El 9 de noviembre, Pfizer anunció que su vacuna alcanzaba una eficacia superior al 90%; dos días después, Rusia contraatacaba, comunicando que su inoculado, bautizado como Sputnik-V, tenía un 92% de eficacia. La comunidad científica y la población en general se mostraron escépticas.  

El 2 de febrero, The Lancet, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, publicó un artículo donde se constataba no sólo que la Sputnik-V creaba anticuerpos y era segura, sino que su eficacia superaba el 91%. Y entonces el resto del mundo asumió que la habían subestimado. Hasta ese momento, nadie se había planteado que Occidente fuera a apostar por la vacuna rusa, pero desde entonces cabe esa pequeña posibilidad y, sobre todo, surge la pregunta de si Europa debería hacerlo.   

“Mientras no haya un dosier, es imposible que se autorice en Europa”

Sólo un día después de la publicación aparecida en The Lancet, Alemania comunicó que se ofrecía a producir la vacuna rusa en territorio germano para agilizar su fabricación, y Austria se sumó a la propuesta el 7 de febrero. Ambos países ponían un solo requisito para ello: contribuirían a su producción siempre que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) diera antes luz verde a la Sputnik. Y he ahí el quid de la cuestión. 

“La Agencia Europea del Medicamento no ha participado en ningún momento en el proceso de desarrollo de este producto ni ha recibido información, por lo tanto no puede autorizarlo si no tiene los datos”, explica Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV). “Para aprobarlo, los productores tendrían que trasladar el dosier a la agencia y esta evaluarlo con tranquilidad. Pero en Europa, mientras no haya un dosier, es imposible que se autorice un producto”, apunta. 

Con la Sputnik, no todo se ha hecho siguiendo los parámetros que se siguen habitualmente en la Unión Europea

García Rojas reconoce que “por lo que se ha publicado en The Lancet, la vacuna rusa pinta bastante bien y es bastante sugestiva”. “Pero no todo se ha hecho siguiendo los parámetros que se siguen habitualmente en la Unión Europea”, matiza, pues “la vacuna se empezó a administrar cuando todavía no había cumplido la fase 3 de ensayos clínicos”. 

El vacunólogo es consciente de que, para su aprobación, falta un componente claramente científico-sanitario, pero no sólo eso. En este caso intervienen también “cuestiones geopolíticas”, admite. “Hay un tablero de ajedrez donde varias potencias están jugando para buscar un mejor posicionamiento geoestratégico”, dice García Rojas, que cita a Rusia y China como países que “están ofertando su vacuna de manera muy favorable a determinados países”.

Rusia “tiene que dar el primer paso”

Mira Milosevich, investigadora principal del Real Instituto Elcano, menciona también la “cuestión geopolítica” para explicar por qué no se está poniendo la Sputnik en la UE, pero antes señala a Rusia como “la que tiene que dar el primer paso”. “Para que la EMA dé su visto bueno, el país que produzca la vacuna tiene que solicitar que se empiece este proceso”, reitera. Y esto todavía no ha tenido lugar, tal y como confirma Bruselas.

El problema aquí no es tanto burocrático, señala Milosevich; el problema es que Rusia “tiene que mostrar a la EMA todos los dosieres del proceso de desarrollo de la vacuna. Y no estamos para nada seguros de que el país esté dispuesto a hacerlo”, explica. 

Es el Kremlin, y no un laboratorio privado, el que negocia

En esta especie de pulso también tiene mucho que ver, de nuevo, la diplomacia. “La vacuna se ha convertido en una cosa del Gobierno”, afirma la investigadora. A diferencia de los contratos que ha firmado la UE con laboratorios privados como Pfizer, Moderna o AstraZeneca, en el caso de Rusia, es el Gobierno quien lleva a cabo estas gestiones. El Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, donde se produce la Sputnik, “no es quien realmente negocia, sino que es el Kremlin, que tiene más influencia y que es el que está haciendo propaganda de la vacuna”, explica Milosevich.

El papel de la geopolítica

Desde un principio, el nombre elegido para la vacuna rusa —el mismo que se puso al primer satélite de la Unión Soviética enviado al espacio en 1957, en plena Guerra Fría—, ya daba una idea de que la búsqueda por la vacuna iba a ser una verdadera carrera entre potencias, y no sólo en pro de la salud pública mundial. 

“Para Rusia es muy importante estar presente en determinadas zonas del mundo y demostrar que su producto está en el mercado internacional”, indica Mira Milosevich. Por eso hasta 29 países, entre ellos de Latinomérica, los Balcanes y varios laboratorios privados de India, Pakistán e Irán, ya han negociado con el Kremlin su envío de dosis. 

YURI CORTEZ/AFP via Getty Images
La vicepresidenta venezolana Delcy Rodriguez saluda al embajador ruso en Venezuela, Sergey Melik-Bagdasarov, por la llegada de las primeras 100.000 dosis de Sputnik a Venezuela el 13 de febrero.

La vacuna llegará incluso a Hungría, cuyo gobierno presidido por el ultranacionalista Viktor Orbán se ha desligado de la UE y ha firmado su propio acuerdo con Putin. Pero hay más voces que piden la Sputnik dentro de la Unión. 

En Serbia, que no pertenece a la UE, la vacunación con la Sputnik ha comenzado, y la nación se ha convertido en el segundo país de Europa por porcentaje de población vacunada, sólo por detrás de Reino Unido (que tampoco está ya en la UE, recordemos). El revuelo al ver lo bien que la va a Serbia ha sido tal que muchos de sus vecinos croatas (que sí forman parte de la UE) están cruzando la frontera para ir a vacunarse allí —según cuenta Milosevich—, y la semana pasada la embajada rusa en Croacia se vio colapsada por la avalancha de llamadas y visitas de ciudadanos que pedían recibir la Sputnik. 

A dónde van a parar las vacunas rusas

Pese a la euforia surgida en las últimas semanas, Rusia sólo ha puesto 2,7 dosis por cada 100 habitantes, dos veces menos que la media de la Unión Europea, que se sitúa en torno a 5,5. 

Milosevich sostiene que este retraso no se debe a problemas de producción, sino a la desconfianza de la gente hacia la vacuna según una encuesta del centro independiente Levada, el 58% de la población rusa era reacia a ponerse la vacuna en diciembre, y a que una importante cantidad de las dosis fabricadas está siendo destinada a la venta para otros países. “Esto supone un beneficio comercial, pero también una muestra de soft power, que garantiza la proyección de su poder”, explica la investigadora.  

La venta de vacunas a otros países supone un beneficio comercial, pero también una muestra de 'soft power', de proyección de su poder

“Básicamente, esto quiere decir: ‘Aunque los países occidentales pretendan aislarnos con restricciones económicas, diplomáticas y financieras por la guerra de Ucrania y la anexión de Crimea, nosotros somos tan capaces como otros o más’”, ilustra Milosevich. 

Y en Europa... el pulso sigue 

Todavía hay quien confía en que en los próximos meses la EMA evalúe y dé finalmente luz verde a la Sputnik, pero, por lo pronto, el pulso continúa. Aunque a principios de mes Josep Borrell, alto representante para la Política Exterior de la UE, felicitó a Rusia por la Sputnik y consideró una “buena noticia” que fuera aprobada por la EMA ante la “escasez de vacunas” en Europa, este miércoles, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuestionó abiertamente el hecho de que Rusia esté ofreciendo “millones y millones de dosis mientras no progresa lo suficiente a la hora de vacunar a su propia población”.

La respuesta de Rusia no se ha hecho esperar, y han acusado a Von der Leyen de intentar “politizar el problema” y de mostrar “un nivel inadecuado de conocimiento”.  

En los últimos meses, la UE ha firmado contratos con AstraZeneca, BioNTech/Pfizer, Moderna, Sanofi/GSK, Janssen y CureVac, y ya está aplicando vacunas de las tres primeras. El tiempo y la diplomacia dirán si finalmente también alcanza un acuerdo con Rusia y si la Sputnik cruza el ‘telón de acero’. 

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