Dos de los principales amigos de Teherán se mantienen casi en silencio y, sobre todo, quietos. Un pragmatismo radical se ha instalado sobre ellos y están a verlas venir, sabedores de que hay confrontaciones que es mejor no abordar, o no ahora.
Moscú exigió poner fin a la escalada en Irán y devolver la situación a un cauce político y diplomático, algo que no parece buscar en su conflicto con Ucrania.
El tanque de pensamiento afirma en su informe más reciente que el Kremlin está buscando formas de desviar la atención de "la incapacidad del Ejército ruso" para lograr los objetivos de Moscú, y podría provocar un incidente nuclear para ello.
El presidente ucraniano protagoniza un discurso, en el cuarto aniversario de la invasión rusa sobre Ucrania, en el que, además de ironía, ha acompañado de un repaso por la resistencia de sus habitantes y las masacres perpetradas por Moscú.
Un documental de la 'BBC' saca a la luz testimonios de militares que vieron cómo quienes rechazan alimentar la 'picadora de carne' para lograr avances de solo unos metros en el terreno acaban siendo fusilados. Bienvenidos al 'ni un paso atrás 2.0'.
Rusia lanzó su "operación militar especial" el 24 de febrero de 2022 pensando en una contienda rápida, pero no: domina el 20% del territorio y, aunque avanza, lo hace lentamente y a un precio brutal. Las negociaciones, por ahora, no prosperan.
El mandatario ucraniano expone que "la pregunta es cuánto territorio podrá conquistar y cómo detenerlo", reiterando que Kiev no acordará ninguna cesión territorial a Moscú. Ni el Donbás, ni la península de Crimea que perdieron en 2014.
En una columna de opinión publicada en el diario francés 'Le Monde', ha asegurado que "por primera vez en más de medio siglo, los dos arsenales nucleares más grandes del mundo operan sin límites ni inspecciones".
Expertos internacionales consideran que la Unión Europea ha pasado "de una dependencia masiva a otra" por el cambio de rumbo tras la invasión rusa de Ucrania.
Si la posición rusa no cambia, cualquier acuerdo dependerá de que una de las partes modifique sus condiciones o de que la presión internacional altere el equilibrio actual en el campo de batalla y en las mesas de negociación.
La película, dirigida por el cineasta estadounidense David Borenstein junto al videógrafo ruso Pavel Ilyich Talankin, se basa en grabaciones clandestinas realizadas durante dos años dentro de una escuela del remoto Karabash.