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24/09/2019 07:20 CEST | Actualizado 24/09/2019 07:20 CEST

¿Proteger el estilo de vida europeo?

¿Qué será lo siguiente, el 'European Dream'?

Francois Lenoir / Reuters
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

En las instituciones europeas todo es grande. Cuando me preguntan por mi experiencia como reciente eurodiputado, todavía las palabras que más me asaltan son tales como “abrumador” o “abrumado”. Y uno comienza sintiendo eso desde la perspectiva puramente física. Los edificios que contienen los servicios del Parlamento, tanto en Bruselas como en Estrasburgo, son colosales. Y ello hasta el punto de que, teniendo al comienzo del mandato una lesión que me dificultaba caminar, una de las pesadillas diarias era ir a éste o a aquel departamento en el que se regularizaban cosas diversas, porque cada viaje tenía trazas de gran expedición. 

Cuando ya uno se va introduciendo en las tesituras propias del mandato representativo que ejerce, la sensación de grandeza se acrecienta. Ya desde el principio, el volumen de información que te llega sobrepasa. Por más que se tenga una idea previa o un conocimiento teórico de la institución, uno no se puede hacer una verdadera idea del nivel de exigencia que realmente implica (intentar) hacer las cosas bien -partimos de ese presupuesto, pero no está de más explicitarlo al menos una vez-. 

Lo siguiente que asalta en cuanto a las dimensiones, es lo tremendamente grande que es Europa. Y lo digo, claro está, más allá de la mera constatación física del tamaño del continente o de su población. No hace falta más que asistir a unas pocas reuniones para percatarse de lo mucho que nos une…y de lo mucho que no. Las diferencias culturales, de mentalidad, son muy llamativas. Esto se ve muy bien en un Pleno del Parlamento, observando el diverso comportamiento según la cultura política a la que pertenecen los miembros -siendo lo más llamativo, por supuesto, ese parlamentarismo ruidoso de los británicos-.

Toda esta introducción, me sirve para acabar por asombrarme aún más de que la Unión Europea exista más allá de su aspecto simbólico y del ejercicio de un puñado de tareas de coordinación. La Unión es una extraordinaria y compleja maquinaria, que permite armonizar y hacer funcionar un engranaje compuesto por multitud de piezas, cada una de ellas con un universo subjetivo diverso -cuando no contradictorio con otra pieza del engranaje-. Eppur si muove.

Europa es muy grande y diversa, sí. Pero insisto, también tiene una cultura común compartida.

Pero decía más arriba, que es evidente que hay muchas cosas que nos unen en Europa. Hay una cultura común que proviene de siglos de pensamiento compartido, el humanismo y la ilustración que nos capilarizan más a fondo que nuestros propios hechos diferenciales. Tenemos una cultura compartida y es nuestro trabajo hacer más evidente a cada ciudadano y ciudadana de la Unión esta circunstancia. Es la cultura la argamasa con la que se construyen sueños de trascendencia compartidos, es con la cultura como podremos seguir avanzando en una integración cada vez más armoniosa. 

La presidenta de la Comisión Europea ha intentado estos días explicar la aparición de una nueva cartera, que responde al estrambótico nombre de Protecting the European Way of Life (Protegiendo el Estilo de Vida Europeo). Afirma von der Leyen que el “estilo de vida europeo” se sustancia en valores como la democracia, el respeto al Estado de Derecho y a los Derechos Humanos (y estoy de acuerdo). Dice la presidenta que es su objetivo, mediante la visibilidad simbólica del título, reafirmar eso. 

Pero si esa es la idea, empieza mal. Asignarle competencias en materia de migraciones precisamente a esta cartera, sugiere un “estilo de vida europeo” utilizado más como herramienta uniformadora frente a las “bárbaras hordas” que provienen del exterior. Si hay una característica en Europa, como antes decía, es nuestra diversidad. Si trasladáramos eso de “nuestro estilo de vida” a las personas que van llegando (o ya lo han hecho), ¿qué región continental tomaríamos como referencia? Porque hay profundas diferencias entre estados miembros en materias tales como laicidad o separación de poderes. Por no hablar de la contradicción, que supone en sí misma, la importación desde los Estados Unidos de un término como way of life, absolutamente ajeno a nuestra tradición cultural. ¿Qué será lo siguiente, el European Dream?

Sugiere un “estilo de vida europeo” utilizado más como herramienta uniformadora frente a las “bárbaras hordas” que provienen del exterior.

La comisaría de la que hablamos también tiene asignadas algunas tareas en materia de cultura; de hecho, la cultura es una materia que se halla diseminada por varias carteras del colegio de comisarios. Y todo eso es un gran error. Comparto con la señora von der Leyen la importancia de lo simbólico, nombrar aquello que queramos que tenga significación. ¿Qué conclusión podemos extraer pues de la desaparición de una comisaría de cultura, de la eliminación de la cultura del frontispicio de las grandes políticas públicas? ¿Realmente es preferible sostener en su lugar esa pobre emulación nominal norteamericana, que mantener la cartera de cultura? Por no hablar de la anunciada reducción de recursos que se plantea en todos los grandes programas culturales de la Unión, que desde el Parlamento Europeo estamos tratando no solo de evitar, sino de conseguir aumentar su dotación.

Decíamos que Europa es muy grande y diversa, sí. Pero insisto, también tiene una cultura común compartida, que se ha ido haciendo cada vez más presente por la propia existencia y funcionamiento de las instituciones europeas. Y solo será a través de la cultura como podamos seguir avanzando en un proceso de profundización de la propia Unión: más como proceso de ciudadanía, que pretendiendo sostenerla en una emocionalmente lejana élite burocrática.

 

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