POLÍTICA
19/04/2020 09:33 CEST

Sánchez vs. Casado: una relación de hielo política y personalmente

Los dos líderes se distancian más en el momento más dramático de España: una cuestión de fondo y formas.

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Casado

“El presidente del Gobierno va a iniciar esta semana las citas para empezar a trabajar en el gran acuerdo de país para la reconstrucción social y económica. Les anuncio que empezará estas entrevistas con el señor Casado este próximo jueves”. Mediodía del pasado martes, palabras de la portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, en La Moncloa tras el Consejo de Ministros. Con millones de personas enganchadas a sus pantallas, móviles y radios a la información sobre el COVID-19.

Travelling al número 13 de la calle Génova en Madrid. Pablo Casado y los suyos no dan crédito. No han recibido ninguna llamada desde el palacio presidencial y no tienen cerrada ninguna fecha. Ningún contacto, ningún mensaje. El popular había dicho que iría a la reunión con Sánchez días antes, pero le sienta a cuerno quemado. La indignación se extiende entre los suyos: esto no se puede hacer así con el principal partido de la oposición y la única formación, junto al PSOE, que ha gobernado durante los cuarenta años de democracia. Al final tras días de negociaciones y plantones hay fecha: este lunes a las 11 por videoconferencia.

No es ningún secreto que Pedro Sánchez y Pablo Casado no tienen afinidad política ni personal. Las relaciones era hasta ahora “cordiales”, como señalaban los dos, pero nunca hubo fondo. Este momento es en el que queda más patente esa lejanía, justo cuando el país vive sus peores momentos en décadas y cuando precisamente los españoles reclaman con más fuerza que vayan de la mano (el 91,4% de los ciudadanos cree que debería haber grandes acuerdos y el 87,8% entiende que los partidos deberían apoyar al Gobierno y dejar las críticas para más adelante, según el CIS).

Desde su primera reunión en verano de 2018 constataron que estaban muy lejos

 

Una relación que nunca ha existido y cuya formalidad empezó por un giro inesperado en la política española: la moción de censura contra Mariano Rajoy. Sánchez llegaba de forma sorprendente en junio de 2018 tras reunir los votos de una mayoría del Congreso para desalojar al PP tras la sentencia de Gürtel. Entonces empezaba una travesía por el desierto de los populares que desembocaba en unas inéditas primarias dentro de la derecha con la victoria también sorprendente de Pablo Casado frente a la favorita Soraya Sáenz de Santamaría.

Desde su primer encuentro en 2018 quedó claro una cosa: ninguno se fía del otro. En el entorno de Sánchez siempre explican que no han encontrado en el popular nunca una oposición de Estado ni lealtad en momentos tan complicados como los disturbios en Cataluña ni en los bloqueos de las investiduras. En cambio, en Génova 13 argumentan que al socialista sólo le interesa el poder y que está dispuesto a todo por conservar La Moncloa. Y esos pactos, comentan, son un mero “señuelo”. 

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“Deslealtad” y “ansias de poder”

Una queja constante entre los populares estos días: sólo Sánchez le ha dedicado cuatro minutos a Casado durante esta pandemia. Les duele que traten así a su líder cuando hasta ahora había ido apoyando las medidas propuestas por el Gobierno como el estado de alarma. “No podemos entender el comportamiento del Gobierno”, apuntan durante estos días desde la dirección del Partido Popular. Los populares contactaron con el gabinete de Sánchez para mostrar su disconformidad, pero también con la intención de un pulso: solo reunión a la semana siguiente consensuada por ambas partes.

Una sensación que han extendido los populares es que dudan de la voluntad de Sánchez de querer de verdad un pacto. Lo verbalizó el propio Casado durante la sesión de control en su rifirrafe con Sánchez y entienden muchos dirigentes del PP que el presidente sólo busca esos pactos para parapetarse y seguir en su despacho en La Moncloa. Los populares siempre ven a Sánchez obsesionado con su imagen y siguiendo siempre a su “gurú”, como lo llaman, de Iván Redondo -al que conocen muy bien durante su época junto a José Antonio Monago y Xavier García Albiol-. “Es un manipulador”, señalan fuentes de Génova.

Unos pactos que desdeña Casado también por otro factor: la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición. Desde el Partido Popular se está a la misma altura que Vox en sus críticas a Pablo Iglesias y los ‘morados’. En el PP no piensan darle una victoria de un gran consenso con una foto con el líder de Unidas Podemos y desde la derecha mediática y política se intenta hacer fracasar esa unión PSOE-UP. Por el momento, el PSOE se resiste a esa tentación y rechaza cualquier idea de romper o formar otro tipo de Gobierno de concentración. Un Ejecutivo “sólido”, señalan fuentes gubernamentales que alejan esa ruptura. Desde el entorno de Iglesias aseveran que son muy conscientes de las presiones desde la derecha para hacerlo caer del Ejecutivo 

El PP evita también cualquier foto con Unidas Podemos

 

En el círculo de Sánchez también ven, según fuentes socialistas, a un Casado “obsesionado” con Vox y escorado hacia la derecha. “Se está equivocando, debería remarcar más las diferencias con Abascal que competir”, señala una persona de confianza del presidente del Gobierno sobre Casado, además de subrayar que el también líder del PSOE quiere un pacto “de corazón”.

Una de las cosas que más enfada al presidente del Gobierno es siempre cuando desde la derecha se duda de la legitimidad del Gobierno, unas sospechas que siempre se vierten cuando se habla de la moción de censura o por el apoyo de ERC durante la investidura. Y un momento que marcó mucho la relación fue cuando la noche electoral del 10-N a la hora que se cerraban las urnas el ‘número dos’ del PP, Teodoro García Egea, apuntó a que Pedro Sánchez debía irse para buscar alguna fórmula. En menos de 48 horas armó el presidente una mayoría con Unidas Podemos para formar el primer Gobierno de coalición.

Sánchez es una persona, como reconocen algunos de sus allegados, que nunca olvida los ataques personales. Y en su mente tiene también aquella declaración de Casado antes de las elecciones de abril, cuando el líder del PP lo llamó: “felón”, “incompetente”, “incapaz”, “traidor”... Una relación de hielo que se vería también después de los debates electorales, cuando Casado parecía mucho más cómodo hablando fuera de cámara con Pablo Iglesias.

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Los dos pertenecen a generaciones diferentes -Sánchez es de 1972 y Casado de 1981-, pero también comparten algunos aspectos: los dos son políticos criados desde las organizaciones juveniles de sus partidos, adoran la comunicación, se presentan como renovadores dentro de sus partidos, adoran la estrategia política y les gusta más la competición electoral que la gestión gris. Una cosa también que les ha marcado a los dos: han crecido políticamente en los ambientes políticos madrileños y conocen muy bien los entornos del otro y sus modus operandi.

Nunca son fáciles las relaciones entre los presidentes y los líderes de la oposición. En el PSOE dicen que siempre son más leales que el PP cuando el otro gobierna y ponen de manifiesto la actitud que tuvo Sánchez con Mariano Rajoy durante el 1-O. Es verdad que ese fue un punto de inflexión entre ellos, porque hasta entonces el expresidente del Gobierno decía de Sánchez en la intimidad que era como hablar con un “marciano”. Pero aquellos días duros en Cataluña hizo que los dos se descubrieran e incluso forjaran una buena relación durante largas reuniones y cenas en La Moncloa.

Esas cenas parecen hoy imposibles entre Sánchez y Casado en los días más dramáticos del país.

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