El presidente, sin corbata y a 27 grados, ha seguido bajando al ruedo, manteniendo el discurso y el programa de giro a la izquierda.
|
Pedro Sánchez en el Senado.
Pedro Sánchez en el Senado.
Juanjo MartínEFE

“¿Es insolvencia o es mala fe?”. Sánchez usa las acusaciones que Feijóo ha vertido contra la labor del Gobierno estos meses para acorralar al gallego, que aún no ha logrado hacerse con la situación en los cara a cara nacionales, habituado a marcar él el paso en Galicia. El presidente ha dejado para el final del debate el ensañamiento con Feijóo, tratando de desmontar las vagas propuestas que el líder del PP ha realizado desde marzo. Y le ha cambiado el pie. Feijóo lo reflejaba en su cara.

El presidente le rectificaba. Ni las pensiones entran en la regla de gasto, ni las instituciones financieras señalan que España vaya a entrar en recesión, ni se pueden financiar la sanidad, las pensiones o la educación bajando impuestos. “Esa afirmación de que nos estamos forrando cuando la mayoría de los impuestos van a las comunidades autónomas, ¿es insolvencia o mala fe?”, era la pregunta retórica que repetía con insistencia. Ha recordado las subidas de impuestos de Rajoy, que subió el IVA de la energía al 21%, entre a otros sectores. Mientras tanto, el líder popular pasaba las hojas de sus papeles sin parar o consultaba su móvil con nerviosismo. No estaba cómodo.

Dice el presidente que no va a permitir que los poderosos y los “apellidos ilustres” que influyen en la política y en los medios de comunicación, a los que el PP representa, ganen la partida. Aunque se dediquen a predicar el apocalipsis. Y cuando las bancadas del PP y de Vox se han reído y protestado, les ha increpado con lo que “ustedes hicieron con la crisis financiera del 2008.” Y quién la pagó, los españoles de a pie.

Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez.
Europa Press News via Getty Images

Justo la voz de los ciudadanos de a pie es la que se ha arrogado el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, nada más subir a la tribuna, dirigiéndose a Sánchez en nombre de todos los españoles para insistir en el alza de los precios de la energía y la inflación, en la necesidad de recuperar la energía nuclear justo cuando las consecuencias del cambio climático se hacen cada vez más patentes. La sensación de que Feijóo ha estado flojo, pillado a destiempo, planeaba en el hemiciclo, también entre las filas populares que esperaban más de un líder al que las encuestas llevan en palmitas. La teoría de algunos diputados populares de que lo mejor para Feijóo es evitar los enfrentamientos con Sánchez y dejar que el cambio de tendencia política le conduzca a Moncloa dentro de año y medio, resultaba hoy un buen consejo.

Un Sánchez henchido ha cargado contra el catastrofismo de la derecha y la extrema derecha. “Los salarios van a seguir subiendo porque los trabajadores merecen un pago justo por su trabajo y el estado del bienestar va a ser cada vez más fuerte”. Pedro Sánchez, sin corbata y a 27 grados, ha seguido bajando al ruedo, manteniendo el discurso y el programa de giro a la izquierda, la socialdemocracia de aquel rostro humano que se ha ido diluyendo desde los años 90. Ha respondido a la bancada popular cuando han empezado a cuestionarle: “Mientras sea presidente del Gobierno, el Estado y todos sus recursos financieros van a estar al servicio de la ciudadanía (los populares protestan) y vamos a poner los intereses de la gente por encima de todo lo demás (el gallinero de los populares se revuelve y Sánchez les contesta): ‘Ustedes en la crisis financiera aplicaron no ERTEs, sino despidos; y una reforma laboral dura… Ustedes solo saben decir no, no y no’”.

Feijóo, pese a estar refugiado en sus papeles, ha salido a defenderse. Ha sido un diálogo de sordos, cargado de reproches. Ambos líderes se han acusado de la política del “no es no” y aunque Sánchez ha enumerado las tres razones fundamentales por las que no puede haber un gobierno de concentración —además de que no cree en él— Feijoo ha vuelto a reiterar lo suyo. “Vengo a ofrecer un acuerdo en política energética” ha repetido. Agotado el debate, parapetado en las medias palabras. “Señor Sánchez su intervención no es propia de un presidente”, le ha espetado Feijóo, dolido por su ensañamiento y la ventaja que le ha dado el formato a Sánchez. “Sin despeinarse, puede mentir de una manera absoluta”, le ha respondido el presidente.

Feijóo desde la tribuna.
Feijóo desde la tribuna.
Europa Press News via Getty Images

“Vive en un mundo feliz. Si quiere bajar los impuestos nos tiene que decir qué servicios públicos quiere recortar. Cuando gobiernan ustedes no los bajan, sino que se los suben a la clase trabajadora”, le había atacado momentos antes, descalificando así la parte esencial de las propuestas populares.

Pese a todo, debemos prepararnos para lo peor

Este largo debate, ha dado para quejarse de cómo se insultan uno y el otro, pero no ha aclarado mucho más. Solo prever cómo va a ser el año que queda

Y todo ello no evita que no debamos “prepararnos para lo peor”, ha dicho Sánchez. Pese a todo lo anterior, al principio se ha puesto el parche, al asegurar que es muy consciente del temor en los hogares, con la inflación disparada, que afecta a “colegios, a los precios de la energía y a llenar la cesta de la compra”, pero ha denunciado también el apocalipsis “que proclama la derecha y la extrema derecha”. No va haber apagones ni racionamiento de bombonas de butano”. Un Sánchez que sigue girando hacia la izquierda, pese a que las encuestas demuestran que hay votos socialistas que se escapan hacía Feijoo.

El presidente confía en el tiempo que le queda para las elecciones generales, aunque de por medio están las autonómicas de mayo. Mientras Sánchez avanzaba, lo hacían también las frentes perladas de sudor de los senadores y los abanicos en la tribuna. Los 27 grados pesaban.

“Señoría de la bancada popular, dejen de hacer el ridículo. somos plenamente conscientes del impacto que están teniendo las medidas” y Putin es el culpable. Ni el mismo Putin, según Sánchez, quizá sepa lo que va a hacer. Por último, Pedro Sánchez ha utilizado muletillas bien reales, como la nula mención de Feijóo de la emergencia climática o el intento de recuperar la nuclear y las energías contaminantes.

Al finalizar el debate, una compañera recibía el mensaje de su abuela: “Hija, yo creía que Feijóo era otra cosa”. No hubiéramos podido resumirlo mejor.

Sánchez-Feijóo: cara a cara en el Senado

Sánchez-Feijóo: cara a cara en el Senado