POLÍTICA
18/07/2021 09:42 CEST

Todos no somos Younes: por qué los crímenes racistas importan menos

Una oleada de agresiones xenófobas en Murcia levanta todas las alarmas entre la población migrante, mientras la autóctona tiende a mirar para otro lado.

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Manifestación contra el racismo en Cartagena (Murcia) el 27 de junio de 2021, tras el asesinato de Younes Bilal en Mazarrón. 

Primero fue el incendio de la puerta de una mezquita en San Javier, donde escribieron “muerte al Islam”, en febrero; luego fue el caso de Mimoun Koutaibi, un chico marroquí de 22 años que está en coma desde el 5 de junio, cuando un compañero de trabajo le rompió el cráneo con una barra de hierro en Alhama de Murcia; luego fue el asesinato de Younes Bilal a manos de un exmilitar, que le descerrajó tres tiros mientras le gritaba “moro de mierda”, el 13 de junio en Mazarrón; tres días después apuñalaron a Lilián al grito de “¡sudaca, nos quitan la comida!”, mientras la mujer, de origen ecuatoriano, acompañaba a su prima en las colas del hambre en Cartagena; después vino el ataque a la mezquita de Cabezo de Torres, con una cabeza de cerdo y las pintadas “stop invasión” y “no al islam”, a principios de este mes.

“Son casos muy seguidos, no podemos estar callados. La comunidad marroquí y migrante no está tranquila”, advierte Sabah Yacoubi, presidenta de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes (ATIM) en Murcia. Yacoubi es consciente de que racismo, xenofobia e islamofobia hay “en todos sitios, en todos los países”, pero cree que lo que está ocurriendo en Murcia en los últimos meses es a otro nivel. “La gente tiene miedo. Este es un tipo de racismo que llega al asesinato… es muy peligroso”, sentencia. 

Según el último informe sobre la evolución de los delitos de odio en España, en 2018 se registraron 1.598 delitos de este tipo, de los cuales una tercera parte (531) fueron por racismo o xenofobia. Curiosamente, Murcia tenía ese año una tasa de delitos de odio (1,5 por 100.000 habitantes) por debajo de la media española (3,4) y ‘sólo’ se registraron 9 casos de racismo o xenofobia. 

La gente tiene miedoSabah Yacoubi, presidenta de ATIM Murcia

Antumi Toasijé, presidente del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica (CEDRE), considera que estas cifras no se aproximan a la realidad, ni en Murcia ni en el resto del país. “Una cosa es el número efectivo de agresiones racistas y otra cosa es que se conozcan o que se denuncien”, dice.

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Manifestación contra el racismo y la xenofobia en Cartagena (Murcia) el 27 de junio de 2021. En el cartel de la foto se pide "justicia" para Mimoun Koutaibi.

Precisamente el caso de Mimoun Koutaibi no salió a la luz hasta varios días después, cuando se produjo el asesinato de Younes Bilal. “La familia de Mimoun no tuvo fuerza ni apoyo para denunciarlo hasta entonces”, cuenta Paulino Ros, periodista, sociólogo y autor del blog Islam en Murcia.

El caso del joven de 22 años golpeado con una barra de hierro está rodeado de hermetismo. En la denuncia, la familia cuenta que el agresor, compañero de Mimoun en la empresa Primafrio, lo atacó porque su jefe lo había despedido a él con el argumento de que “el moro [Mimoun] trabaja mejor que tú”. La empresa, por lo pronto, se ha lavado las manos, y la Policía no ha dado más detalles sobre la investigación. Mientras, el chico de origen marroquí permanece en la UVI desde hace mes y medio.

El discurso que presenta a la población migrante como una amenaza está en auge en Murcia. La ultraderecha está muy fuerteAntumi Toasijé, presidente del CEDRE

Antumi Toasijé, totalmente al tanto de la “concentración de casos violentos en la Región de Murcia”, ofrece un diagnóstico bastante claro para explicar este ‘fenómeno’: “La ultraderecha está muy fuerte en esa comunidad autónoma”. 

Desde 2019, el Partido Popular gobierna en Murcia con el apoyo de Vox, y todos los expertos consultados coinciden en señalar que, desde que la extrema derecha tiene poder en la región, se ha reforzado y legitimado el discurso de odio contra la población migrante, y que en algunos casos ese discurso pasa a los hechos. “Lamentablemente, el discurso que presenta a la población migrante como una amenaza está en auge en esa comunidad autónoma, y creemos que los casos de racismo violento son una consecuencia directa de ello”, apunta Toasijé. “No podemos decir que un partido político sea el único responsable, pero sí que se ha creado un clima y una normalización de discursos que hacen que determinadas personas se sientan legitimadas para cometer ese tipo de actos”, aclara.

En Murcia se ha normalizado que ese discurso esté en el Gobierno, y para mí no es normal. En otros países no se está permitiendoPaulino Ros, Islam en Murcia

Paulino Ros hace un análisis parecido. “En nuestro país hay un racismo latente desde hace mucho tiempo, pero además las personas migrantes están desprotegidas por la ley y, cuando llega la legitimación del discurso de odio por parte de los políticos, prende la mecha y puede pasar cualquier cosa”, señala. “En Murcia se ha normalizado que ese discurso esté en el Gobierno, y para mí no es normal. En otros países no se está permitiendo”, recalca Ros. En las elecciones generales de 2019, Vox fue la fuerza más votada en Murcia.   

“¿Dónde está la sociedad española para condenar el racismo?”

La reacción de los políticos murcianos ante estas agresiones racistas ha sido escasa o nula. Tras conocer el ataque contra Mimoun Koutaibi, el presidente de la región, Fernando López Miras (PP), se limitó a expresar su “preocupación por cualquier agresión en la que subyacen connotaciones racistas”. Por su parte, el alcalde de Mazarrón, Gaspar Miras (PSOE), condenó el asesinato de Younes Bilal como “un crimen racista y xenófobo que tiene un tinte de odio”, pero enseguida añadió que “afortunadamente es un hecho puntual en Mazarrón, donde viven en armonía 3.000 magrebíes desde hace más de 25 años, perfectamente integrados”.

En la Región de Murcia viven unas 220.000 personas migrantes, la mayoría procedentes de Marruecos y de Ecuador, y la mayoría empleadas en condiciones precarias en el campo y en el trabajo doméstico. A menos que consigan la nacionalidad española, los marroquíes no tienen derecho a voto. Los ecuatorianos sí pueden votar, pero sólo en las elecciones municipales, previa inscripción. 

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Manifestación contra el racismo en Cartagena (Murcia) el 27 de junio de 2021, tras el asesinato de Younes Bilal en Mazarrón. 

“Como los extranjeros no tenemos derecho a voto, no les importamos a los políticos”, lamenta Sabah Yacoubi. La presidenta de ATIM en Murcia reflexiona también con tristeza sobre la respuesta que dio la sociedad española al asesinato de Younes Bilal. “En las manifestaciones que convocamos por el asesinato de Younes [en varias ciudades de España], vimos que el 98% de las personas que fueron eran marroquíes. ¿Dónde está la sociedad española para condenar los casos de racismo?”, plantea Yacoubi.

Apenas tres semanas después de que Younes Bilal, de 37 años, muriera a tiros mientras preguntaba a su agresor “qué problema tienes con los moros”, otro joven, Samuel Luiz, de 24 años, moría a manos de una jauría humana que le gritaba “maricón”, en A Coruña.

Hemos perdido estas dos vidas porque está aumentando el discurso de odio contra los migrantes y las personas LGTBI, pero parece que hay una doble vara de medirSabah Yacoubi

Yacoubi no quiere entrar a hacer comparaciones, y condena “fuertemente” el asesinato del “pobre Samuel”, pero no puede evitar sentir agravio cuando analiza la respuesta política y social a ambos casos. En el de Samuel Luiz, “vimos cómo Pedro Sánchez escribió en Twitter su condena, y en cambio en ningún momento envió un mensaje por el asesinato de Younes”, se duele.

“Hemos perdido estas dos vidas porque en la sociedad está aumentando el discurso de odio contra los migrantes y contra las personas LGTBI, pero creo que no se le está dando el mismo valor”, lamenta la presidenta de ATIM. “El de Younes también fue un crimen de odio, pero parece que hay una doble vara de medir”, recuerda.  

“¿Cómo llegamos a que unas víctimas nos importen más que otras?”

Moha Gerehou, activista antirracista, periodista y escritor, también percibe lo que comenta Sabah Yacoubi. “Más allá del movimiento antirracista, e incluso dentro de él, la movilización por el asesinato de Younes ha sido poca, y esto es una forma de hacer autocrítica, pero también de hacer extensible la crítica a la sociedad”, apunta. “¿Por qué y cómo llegamos a este punto en el que unas víctimas nos importan más que otras?”, se pregunta. 

Gerehou insiste en que no quiere hacer “ninguna competición entre víctimas”, pero sí “tratar de pensar por qué determinados casos como el de Younes un hombre inocente sentado en un bar, al que le dicen ‘no queremos moros aquí’ y le pegan tres disparos no nos sacuden tanto, qué es lo que hace que nos pase más desapercibido, que estemos casi inmunizados”, plantea. 

En su opinión, “las mismas diferencias que existen a la hora de discriminar son las que existen a la hora de sentir empatía”. “En el momento en el que no valoramos las vidas negras, las vidas moras, las vidas gitanas, igual que la vida de las personas blancas, tampoco sentimos la misma empatía o la misma solidaridad cuando ocurre un crimen de este tipo”, sostiene Gerehou. 

En el momento en el que no valoramos las vidas negras, las vidas moras, las vidas gitanas, igual que la vida de las personas blancas, tampoco sentimos la misma empatíaMoha Gerehou, activista y escritor

Antumi Toasijé coincide en señalar que, en general, “hay muy poca preocupación hacia los actos racistas” en la sociedad, y advierte de que “hay que tener mucho cuidado con minimizar el fenómeno y restarle importancia, porque esto puede ser la antesala de persecuciones sociales”. 

Para el presidente del CEDRE, la clave está precisamente en empezar a reconocer y frenar los pequeños actos xenófobos si se quiere evitar en el futuro delitos mayores. “Para que una persona llegue a cometer un asesinato racista o una agresión racista violenta, seguramente con anterioridad ha cometido otras muchas infracciones que no hay sido condenadas”, razona Toasijé. “Si esa persona que ha hecho comentarios racistas hubiera recibido algún reproche por su comportamiento, probablemente no habría llegado a cometer el crimen”, explica. El racismo, insiste, es algo “cotidiano” y “sistémico”, no sucesos puntuales. Y atraviesa la política, la judicatura y toda la sociedad, añade.

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