Tras la pandemia prepárate para la "adaptación hedónica"

Lo que necesitas no es lo que deberías tener.

Este año no ha sido el año en el que te esfuerzas y obtienes lo que quieres, ha sido el año en el que has aprendido a apreciar lo que tienes.

Y es que la mente no es agradecida por naturaleza. La mente está diseñada para percibir peligros y reaccionar ante ellos con el fin de garantizarnos la supervivencia. En nuestra naturaleza más instintiva no figura el agradecimiento, a pesar de las maravillosas sensaciones que experimentamos cuando damos las gracias sinceras o las recibimos.

Este año venía con una artillería de imprevistos que a todo el mundo, en sentido literal, nos han sorprendido. De premio venía la opción de apreciar lo valioso y dar las gracias. Es así como tomamos consciencia muchas veces de lo afortunados que somos, o hemos sido: al vernos privados de eso que tanto nos complace.

No te sientas culpable por dar por sentado con tremenda rapidez lo bueno que tienes en tu vida, porque te ha pasado y te volverá a pasar.

Ahora quizás estás disfrutando más esos pequeños placeres cotidianos que se cayeron de tu agenda por causas mayores, pero por un proceso natural, terminarás adaptándote a ellos al volver a ser rutinarios. A esto se le llama “adaptación hedónica”.

“He oído muchas veces en estos meses eso de “a ver si a partir de ahora la gente es mejor”. Como si hablar de gente no les incluyera”

El antídoto a esta adaptación muchas veces es un sopapo de la vida que pone en duda que vayas a disfrutarlo para siempre, pero la reacción automática de esta mente superviviente que tenemos es querer retener aquello para siempre haciendo un pacto con quien haya al otro lado por el que nunca vas a volver a despreciarlo. Pero no hace falta mucho tiempo para que vuelvas a caer en la rutina de darlo por hecho.

Lo dicho, tu mente está más pendiente de avisarte de los peligros que de agradecer lo maravilloso que es tener pulmones que te ayuden a correr en caso de emergencia.

Supongo que es por eso por lo que no se fabricarán suficientes diarios de gratitud. Tenemos que tener un propósito claro de agradecer aquello que nos hace la vida más gustosa, tan claro como cuando queremos adelgazar antes de verano o dejar de fumar el primer día de enero.

Lo importante es el compromiso que tengas contigo.

Si lo haces porque hay alguien que te lo exige o a quien quieres demostrarle tu capacidad de conseguir objetivos, no suele funcionar. Haz memoria y piensa en la de cosas que has dejado a medias. No creo que las hayas abandonado porque no tienes fuerza de voluntad, más bien suele ser porque no hay un propósito propio definido. Lo hacemos para posturear con más arte en el chiringuito o para contentar a la pareja que no soporta el humo, pero ¿dónde quedas tú en esos propósitos? Si vas a posturear, ¿no sería mejor hacerlo disfrutando además de una salud óptima? ¿O vivir sin tabaco para poder subir las escaleras sin pensar en una bombona de oxígeno portátil?

“Seguiremos obsesionándonos por las ofertas de los nuevos chismes que poner a cargar, antes que por poder vernos las caras sin filtros”

La vida nos da avisos para volver a nosotros mismos. A veces es una enfermedad, a veces un confinamiento.

He oído muchas veces en estos meses eso de “a ver si a partir de ahora la gente es mejor”. Como si hablar de gente no les incluyera. La buena noticia es que la mayoría de la gente cuando pase todo esto (y que cada cual tome por finalizado esto cuando considere), va a volver a ser la que era. Lo hemos visto cuando el primer día sin confinamiento solo se piensa en compartir una botella de vodka en la calle. La mente superviviente de algunos debe de ser que equipara beber alcohol a sobrevivir, ¿quién sabe el porqué?

Lo de disfrutar de una simple visita de media hora a tus seres queridos volverá a perder sentido cuando lo des por sentado si no te comprometes a estar presente y apreciar lo valioso.

Seguiremos obsesionándonos por las ofertas de los nuevos chismes que poner a cargar, antes que por poder vernos las caras sin filtros. A no ser que retomemos la importancia de apreciar y agradecer.

Quizás sea el mejor propósito que podamos hacer el día 31 porque en el momento en el que te paras a pensar qué agradezco hoy que no agradecí ayer, la vida empieza a cambiar.

Lo que realmente necesitas no es lo que estás convencido que deberías tener.

Piénsalo y conecta con lo verdadero.