INTERNACIONAL
21/02/2021 10:31 CET

Trump busca retener el control del partido atacando a su principal opositor republicano

Mientras el Partido Republicano está centrado en recuperar las dos Cámaras en las elecciones de 2022, Trump está más interesado en presionar a los senadores republicanos para que destituyan a Mitch McConnell.

Drew Angerer VIA GETTY IMAGES

Después de mentir durante casi un mes tras dejar la presidencia, el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, está ejecutando un plan para volver a la primera línea del panorama político nacional a través de nuevas recaudaciones de fondos y ataques contra su nuevo enemigo: Mitch McConnell, el senador republicano de mayor rango de Washington.

Trump lleva sin recaudar dinero desde el 6 de enero, el día del asalto al Capitolio, pero se ha sabido que no tardará en publicar una nueva página web para seguir incrementando su lucrativo negocio de donaciones.

Y aunque el Partido Republicano ahora está centrado en intentar recuperar alguna de las dos Cámaras en las elecciones de medio término de 2022, Trump está más interesado en presionar a los senadores republicanos para que destituyan a McConnell, quien apoyó el segundo impeachment a Trump y luego le dedicó una dura crítica en la Cámara del Senado y en una columna del Wall Street Journal. 

“Esto demuestra que Trump sigue siendo el líder del nuevo partido y está empujando afuera a los líderes del antiguo partido”, explica un político republicano desde el anonimato.

Las encuestas más recientes desvelan que Trump es profundamente impopular entre los estadounidenses, pero mantiene la aprobación de la mayoría de los republicanos. Otra encuesta mostró que Trump sigue 40 puntos porcentuales por encima del siguiente republicano más apoyado en las primarias de la candidatura republicana de 2024, a la que Trump ha declarado que se presentará.

Algunos asesores republicanos han advertido que los ataques de Trump a McConnell y a otros detractores dentro del partido quizás beneficien al expresidente, pero se convertirán en una pesadilla para el partido.

“Su irreparable necesidad de atención va provocarle daños muy duraderos al Partido Republicano”, avisa David Kochel, el asesor que ayudó al senador republicano Joni Ernst a conseguir una holgada reelección.

“Trump ha sido siempre brillante desde el punto de vista táctico y terrible desde el punto de vista estratégico”, sostiene el asesor Terry Sullivan, que dirigió la campaña de las primarias del senador Marco Rubio en 2016. “No tiene ningún plan, solo quiere reaccionar a la oposición de McConnell”.

Los republicanos que quieren mantener el apoyo de los fanáticos de Trump ya han empezado a realizar “peregrinaciones” al club privado Mar-a-Lago, donde se ha instalado Trump. Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en el Congreso, y el diputado Whip Steve Scalise han visitado a Trump en su nueva residencia, mientras que Nikki Haley, embajadora de Trump en Naciones Unidas y potencial candidata a las presidenciales de Estados Unidos en 2024, trató de concertar una reunión, pero fue rechazada.

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Donald Trump saluda a sus seguidores a su llegada a Mar-a-Lago, el club privado en el que reside.

Trump es el primer presidente de un solo término que pierde la reelección en los tiempos modernos y que aun así intenta mantenerse en primera línea de la política nacional. Consiguió recaudar casi 80 millones de dólares para “Salvar América” entre el 3 de noviembre y el 6 de enero afirmando a través de SMS y correos electrónicos que ese dinero serviría para promocionar a sus candidatos en la segunda vuelta de Georgia y en sus batallas legales para “Detener el Robo”. Al final, no invirtió ni un dólar en ninguna de esas dos misiones y sigue contando con todo el dinero para hacer básicamente lo que le apetezca (como pagar sus gastos personales o asignarse un sueldo de ocho cifras) gracias a la laxa regulación de los comités de “liderazgo”.

Trump sigue teniendo acceso al correo y al número de móvil de más de 40 millones de personas, incluidos varios donantes millonarios, gracias a sus jefes de campaña y al Comité Nacional Republicano. Algunos asesores del Partido Republicano creen que hay un porcentaje importante de donantes que estarían dispuestos a seguir aportando 5 dólares al mes, de forma que podría embolsarse decenas de millones de dólares cada año.

Pero se avecinan dos acontecimientos que van a poner a prueba el control que tiene Trump todavía sobre el partido.

La semana que viene, la Unión Conservadora Estadounidense, que durante décadas ha celebrado sus reuniones en Washington, se reunirá en Orlando, a solo dos horas a coche del nuevo hogar de Trump. Se espera que asistan al menos seis potenciales candidatos a liderar el Partido Republicano en 2024, incluido el senador Rick Scott y el gobernador Ron DeSantis, ambos de Florida. No está claro si Trump, que ha protagonizado el evento durante los últimos cuatro años, se presentará este año.

Seis semanas después, el Comité Nacional Republicano (RNC) celebrará en Palm Beach una conferencia para sus mayores donantes, un evento que durante los últimos años ha canalizado cientos de miles de dólares al club privado Mar-a-Lago de Trump a través de comidas y cenas exclusivas.

El RNC no ha querido responder a las preguntas del HuffPost sobre si esos banquetes tendrán lugar también este año. La reunión se producirá, al igual que en años anteriores, en el hotel Four Seasons, a apenas 7 kilómetros de la nueva residencia de Trump, ya que este solo dispone de 10 suites para invitados en su club.

Un miembro del RNC, que ha accedido a hablar desde el anonimato, opina que sería un grave error del Partido Republicano recurrir a las propiedades de lujo del expresidente.

“Sería una mala idea. El partido no puede seguir controlado por un candidato”, comenta este miembro, que lo califica de “fórmula para el fracaso”.

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Mar-a-Lago, el club privado de lujo donde vive Trump desde que dejó de ser presidente de Estados Unidos.

Trump dejó la Casa Blanca dos semanas después de su último y desesperado intento por aferrarse al poder, cuando incitó a las masas a intimidar a su propio vicepresidente y al Congreso para que invalidaran el resultado de las elecciones y lo mantuvieran a él en la presidencia. El impeachment propuesto por los demócratas recibió el apoyo de diez diputados y siete senadores republicanos, pero Trump no ha dejado de decir que que las elecciones fueron un robo, la principal mentira que desencadenó el asalto al Capitolio. Este miércoles volvió a insistir en su mentira del fraude electoral en la primera entrevista que ha concedido desde que dejó de ser el presidente.

El jueves, el senador Mitt Romney, que ha sido el único republicano que ha votado dos veces contra Trump en sus dos juicios políticos, solicitó que incluyeran en el Registro del Congreso unas declaraciones en las que describe explícitamente las acciones de Trump como un movimiento hacia el autoritarismo.

“Hay una fina línea que separa nuestra república democrática de una autocracia: nuestras elecciones justas y libres y la subsiguiente transferencia pacífica de poderes. Donald Trump intentó traspasar esa línea. Lo que intentó fue lo que más tenían los Padres Fundadores. Ese es precisamente el motivo por el que le concedieron al Congreso la potestad de someter a juicio político a los presidentes”, escribió Romney.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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