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13/12/2019 06:22 CET | Actualizado 13/12/2019 06:22 CET

Tu violencia y mi sororidad

La violencia machista no son solo golpes, golpes que se curan en el mejor de los casos...

Colin Anderson Productions pty ltd via Getty Images

Por fortuna, siempre he sido muy sensible a las problemáticas sociales, y como mujer la empatía es mucho mayor sin duda alguna. La violencia doméstica es un tema que a todas las mujeres por alguna u otra forma nos rodea, bien por haberlo vivido en primera persona, o bien porque alguien cercano a nosotras lo vivió.  

Hace algunos años viví un episodio que por suerte no trascendió, alguien a quien empezaba a conocer a través de Internet en un momento de fragilidad masculina, me llamó prostituta porque ese día usé unos hermosos zapatos rojos. Corté de inmediato toda comunicación sin peros de por medio. Por suerte no trascendió a más; sin embargo, confieso que me costó mucho volver a calzar zapatos de ese color y no asociarlos con esa situación. Tuve por suerte fortaleza en ese momento, pero como mujer me encontraba sola, y en soledad los miedos pueden hacernos trizas. Tuve suerte…

Insisto con profundo amor en aquello de la suerte, porque a lo largo de los años la vida me ha rodeado de mujeres increíblemente maravillosas. Una de ellas es Meryland Cuevas-Canela, quien transformó un episodio monstruoso de su vida en amor y enseñanza. Ella es sobreviviente de violencia de género, de los casos más terribles que he podido escuchar de cerca. De haber transcurrido un poco más de tiempo, quizá Meryland no estuviera contando su historia, historia que transformó en un libro maravilloso llamado Rompiendo silencios, que es de los poquísimos que se encuentran en nuestro idioma sobre el tema. Un libro referencial e icónico sin duda alguna, que recomiendo fervientemente a toda mujer, sea en versión impresa u online. Pueden encontrarlo en Amazon

Gracias al trabajo de grandes mujeres como  Meryland, he aprendido una considerable cantidad de cosas, porque la violencia no son solo golpes, golpes que se curan en el mejor de los casos. La violencia son palabras, son actos, al inicio, a la mitad o al final. La violencia es entre casados, solteros, amigos con derechos, recién conocidos, e inclusive extraños. La violencia es violencia. 

Foto cedida por la autora del libro.

Gracias a grandes mujeres a mí alrededor como la Psicóloga Yumary Guerra de Sosa he aprendido herramientas que no tienen precio para situaciones de esta índole. A través de Yumary he aprendido sobre la fragilidad masculina, que no es un tema del que se hable y es de gran importancia, de necesaria visibilización, educación y discusión, y que está causando estragos. Le hemos exigido a la mujer que se apresure y adapte a los tiempos, pero no hemos enseñado al hombre a que se apresure y adapte a esta nueva mujer y a estos nuevos tiempos. Los hombres no hablan de sus emociones, los hombres no trabajan su autoestima y al hablar son desnudados y quedan con una fragilidad que suelen transformar en violencia por miedo, un círculo vicioso que pareciera nunca acabar.

No sé quién vaya a leer mi blog, pero tú, mujer, querida hermana, quiero que sepas siempre y que no te quede duda jamás: tu opinión importa, eres necesaria. No, no es un invento en tu cabeza lo que pasa. Si no tienes con quién hablar aquí estoy.

Le hemos exigido a la mujer que se apresure y adapte a los tiempos, pero no hemos enseñado al hombre a que se apresure y adapte a esta nueva mujer.

Es por estas cosas que es necesario saber de quién rodearse, porque necesitamos sororidad en momentos difíciles de la vida; y no, no es algo exclusivo de las mujeres. Aspiro y anhelo a que cuando llegue el oportuno momento a que los hombres hablen abiertamente de su autoestima, de sus sentimientos; también sepan entender y buscar un círculo de grandes hombres de quienes rodearse, que sepan escucharles, abrigarles y protegerles y ¿por qué no? educarles, como han hecho mis grandes mujeres, sobre situaciones terribles como estas.

No importa quién seas, tu opinión importa, tú vales, eres necesaria. Por favor, nunca lo olvides.

No dejes de alimentar tu autoestima, sola y con tu red de mujeres, tus hermanas, porque no sabes cuándo alguna de ustedes pueda necesitar a las otras.

Gracias a mis mujeres: Luciana, Andreina, Fabiola, Marielis por haberme arropado con tanto amor, el amor de la sororidad, el amor que siempre debemos saber tejar y sembrar en los demás.

Aquello de que la gente solo da lo que tiene en su corazón es cierto, pero también es cierto como un templo que la gente da lo que tiene en su autoestima.

¡Hasta la próxima!

 

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