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06/07/2019 09:38 CEST | Actualizado 06/07/2019 09:38 CEST

Venezuela, oro y Holocausto

En 2001 se localizaron 38 lingotes con la esvástica impresa en la cámara acorazada del Banco de España.

El pasado mes de junio Wall Street Journal informaba sobre la aparición de “al menos” 7,4 toneladas de oro venezolano en Uganda. Su destino era ser tratado en las instalaciones de la African Gold Refinery, propiedad del magnate belga Alain Goetz. Durante el proceso los lingotes pierden cualquier marca que delate su procedencia, hecho que permite burlar la vigilancia y salir al mercado internacional. Los principales depósitos que atesoran el oro de Venezuela son: la Reserva Federal de los EEUU, el Banco de Inglaterra y las bóvedas del Banco Central de Venezuela. En fecha reciente Deutsche Bank se quedó con 20 toneladas debido al impago de un swap. Puesto que la presión internacional ha congelado los fondos en el extranjero, Nicolás Maduro opera fundamentalmente con las reservas almacenadas en Caracas. De allí despegaron los dos aviones rusos que tomaron tierra en el Aeropuerto Internacional de Entebbe.

Parte de las barras que obran en poder de Venezuela datan de la Segunda Guerra Mundial. En la década de 1940 los aliados pagaron por el carburante que posibilitó la derrota de Hitler. No obstante la capitalización prosiguió tras el fin del conflicto, y nuevas remesas de oro llegaron a América Latina.

Durante la ocupación de Europa los nazis saquearon las riquezas de los pueblos subyugados. Objetos de valor como anillos, pendientes o prótesis dentales acabaron en las cecas del Tercer Reich. Las incautaciones, incluyendo las realizadas en los campos de exterminio, alcanzaron las 735 toneladas de oro. España, teóricamente neutral, se benefició de tan nefasta mercancía. Un ejemplo: entre los años 1942 y 1945 la estación pirenaica de Canfranc vio pasar 86 toneladas de oro arrebatadas a los judíos. Tras la guerra el Departamento de Estado norteamericano impulsó la recuperación del metal expoliado, poniendo en marcha la Comisión Tripartita para la Restitución del Oro Monetario junto con Reino Unido y Francia. Sus pesquisas tuvieron un éxito discreto, y no se pudo recuperar la totalidad de lo robado.

¿Hubo otros movimientos de oro? El Centro Simon Wisenthal, fundado por el célebre cazador de nazis, retomó las investigaciones a finales de la década de 1990. Su director de Relaciones Internacionales, Shimon Samuels, tuvo acceso a los archivos del Banco de España entre 1936 y 1945. Fue así como descubrió la entrada de oro procedente del Holocausto en nuestro país. El Instituto Español de Moneda Extranjera realizó compras en diversos bancos suizos, a lo que debemos añadir lo percibido por la exportación de wolframio. Pero Samuels fue más allá.

Según diversos testimonios, 2 toneladas de oro que estaban almacenadas en la embajada alemana de Madrid en 1945 fueron entregadas a las autoridades británicas. Ese mismo año el Banco de España habría participado en una transferencia similar. De este modo Franco compraba tiempo y amistades en una época de incertidumbre. El Centro Simon Wisenthal pidió al Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido la desclasificación de sus archivos, pero su respuesta fue negativa.

En 2001 se localizaron 38 lingotes con la esvástica impresa en la cámara acorazada del Banco de España. ¿Por qué no se ha hecho justicia en todos estos años?

¿Cómo llegó el oro nazi al continente americano? Existieron dos posibles vías de entrada. En primer lugar, la llamada red ODESSA, acrónimo de Organisation der ehemaligen SS-Angehörigen, que desde puertos mediterráneos propiciaba la evasión de criminales de guerra a Oriente Próximo y América Latina. Los prófugos se llevaron consigo gran parte de los bienes saqueados para financiar sus actividades. En segundo lugar, el pago de los créditos concedidos por Estados Unidos durante la posguerra. El coste de la victoria y el proceso de descolonización dejaron a Gran Bretaña al borde del precipicio. Su primer ministro, Clement Attlee, aceptó el Acuerdo de Préstamo Anglo-Americano en el verano de 1946.

Lo mismo sucedió con las ayudas que Eisenhower negoció con Franco entre 1951 y 1953. El historiador económico Pablo Martín-Aceña afirmó en una entrevista: “Quitando los lingotes que quedan en el Banco de España, [los demás] fueron a parar a Wall Street. Así se pagaron los créditos norteamericanos que vencieron en 1957”. ¿Y cómo llegó a Venezuela? El oro procedente de la península Ibérica alimentó la estructura financiera de ODESSA en Paraguay y Argentina. Desde allí se hizo fluir a otros países como Venezuela, donde había miembros de la red. Pero la fuente principal resultó ser menos oscura. Los rigores de la Guerra Fría hacían necesario disponer de un ejército operativo, así pues, los Estados Unidos transfirieron cantidades de oro a Venezuela para abastecerse de carburante. Ahora podemos establecer el itinerario definitivo: Alemania, Suiza, España, Portugal, Reino Unido, Estados Unidos y Venezuela.

¿Se trata de información fiable? Las autoridades israelíes han seguido todos estos movimientos con preocupación, pues Turquía y otras naciones de Oriente Medio son los principales clientes del oro blanqueado. Una vez más, los esfuerzos del Centro Simon Wisenthal han marcado la diferencia. Hace pocos días Jerusalem Post publicaba el siguiente titular: ¿Está la Venezuela de Maduro traficando con el oro nazi robado a las víctimas del Holocausto? 

El contenido de la información recogía las impresiones de Samuels, quien lamentaba no haber podido verificar el origen de los lingotes antes de su refinado. A continuación añadió: “la documentación de las barras mostraba que eran de la década de 1940 (…). Otros testigos afirmaron haber visto que muchos de los lingotes tenían sellos torpemente raspados para ocultar su origen”. No, no es ninguna fantasía. En 2001 se localizaron 38 lingotes con la esvástica impresa en la cámara acorazada del Banco de España. ¿Por qué no se ha hecho justicia en todos estos años? La avaricia y el silencio han revalorizado una mercancía tan abominable como los diamantes de sangre africanos.

 

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