POLÍTICA
19/02/2020 09:39 CET

"No hay ninguna institución que haya protegido a tantos delincuentes durante tantos años como la Iglesia católica"

Miguel Hurtado, víctima de abusos sexuales por parte de un fraile, denuncia en 'El manual del silencio' las prácticas de los depredadores sexuales que encubre la Iglesia.

CARLOS PINA
Miguel Hurtado

Miguel Hurtado nunca se imaginó que su vida cambiaría el día en que se animó a formar parte de un grupo de scouts de la Abadía de Montserrat, uno de los lugares más sagrados y emblemáticos de Cataluña.

Lo que empezó como una vía de escape para un chaval de 16 años sumido en un mar de dudas en plena crisis personal y familiar acabaría arrastrándolo a un agujero mucho, mucho más profundo y oscuro. Cuando el monje Andreu Soler se ganó la confianza de Miguel, comenzó a abusar sexualmente de él, y el joven, paralizado de miedo, fue incapaz de reaccionar. Al cabo de un tiempo, Miguel se hartó de guardar silencio, pero nadie se atrevió a respaldarlo. Ni sus padres quisieron denunciar, ni la Abadía vio motivos para llevar al depredador ante la justicia. 

Más de veinte años después, Miguel Hurtado publica El manual del silencio. La historia de pederastia en la Iglesia que nadie quiso escuchar (Planeta), una obra en la que une los puntos de una trama que se resiste a desaparecer por su afán de encubrimiento y su poder.  

¿Es la jerarquía católica una de las organizaciones criminales más opacas y poderosas del planeta, como dices en el libro?

Es importante mirar los hechos. ¿Qué otra organización ha encubierto delitos durante décadas en docenas de países de los cinco continentes? La Iglesia católica. No hay ninguna institución que haya protegido a tantos delincuentes en tantos países durante tantos años. Y, a pesar de eso, solamente en los últimos años nos hemos enterado como sociedad de que esto estaba sucediendo. ¿Por qué? Porque ha sido muy opaca y muy secreta en cómo ha gestionado los casos. 

A un pederasta se le juzga y va a prisión, pero a un cura pederasta se lo traslada de parroquia y lo ponen a rezar 20 padres nuestros y 50 avemarías

Por lo que explicas en El manual del silencio, dentro de la Iglesia tienen su propio modus operandi y además no se rigen por las mismas normas que se aplican al resto de la ciudadanía. 

Básicamente, lo que ha hecho el Vaticano durante los últimos cien años es decir: ‘Hay unas normas para el resto de ciudadanos, basadas en la Constitución; pero para el clero queremos un trato de privilegio’. A un pederasta, en la familia, en la escuela, en el deporte, se le juzga y va a prisión, pero a un cura pederasta se lo traslada de parroquia y lo ponen a rezar 20 padres nuestros y 50 avemarías. Han conseguido un trato de favor, pero como no lo pueden decir abiertamente, lo han hecho de forma opaca y secreta, estableciendo el secreto pontificio, esto es: ‘Cuando nos enteremos de que tenemos un pederasta, lo vamos a gestionar internamente, con unos procedimientos canónicos clasificados como top secret, de manera que si hay algún obispo al que se le ocurra ir a la Policía, que sepa que se le va a excomulgar y a cesar de su puesto’.

¿Se han dado casos de esto último que cuentas?

En Irlanda, a finales de los 90, los obispos querían denunciar todos los casos a la Policía, porque veían la que se les venía encima. Y en el Vaticano les dijeron que no, porque según el Derecho Canónico y el secreto Pontificio eso no se podía hacer. En las conferencias católicas de países anglosajones —Australia, EEUU, Irlanda, Canadá— veían que les venía un tsunami y querían actuar de forma más proactiva y encauzar el problema, pero se encontraron con un muro del Vaticano: es un secreto que se tiene que guardar y no se puede informar a la justicia.

A día de hoy la Conferencia Episcopal Española no incluye en su protocolo de actuación la denuncia automática de los casos de pederastia a la justicia. Dicen que si quiere denunciar alguien, que sean las víctimas o sus familiares, que los obispos no tienen que denunciar la pederastia a la Policía.

O sea, que pueden seguir encubriendo.

Exactamente. Y estamos hablando de 2020.

CARLOS PINA
Hurtado, autor de 'El manual del silencio'.

Leyendo el libro, da la impresión de que para denunciar hay que superar una serie de barreras tremendas, empezando por tu propia familia.

Las barreras psicológicas y las barreras culturales son muy, muy, muy potentes. Por ejemplo, mi madre es de la generación de posguerra; culturalmente, lo que se le había enseñado era a no enfrentarse a los poderosos, porque ‘si denuncias, no vas a conseguir nada y te van a machacar’. Para sobrevivir, lo mejor es intentar olvidar lo que ha pasado y tirar hacia adelante, pensaba ella. Yo, en cambio, soy hijo de la democracia, nací en el año 82. Y cuando hubo el caso de abuso, noté mucho el choque de cultura del nacionalcatolicismo de mi madre —secretismo, opacidad, sumisión ante los poderosos— frente a mi mentalidad de ‘todos somos iguales ante la ley, no se puede proteger a los delincuentes, no se puede silenciar los delitos’. Ese choque refleja las mentalidades de dos épocas.

La jerarquía católica ha dicho a los padres que en el nombre de Dios tenían que traicionar a sus hijos

¿La reacción que tuvo tu familia cambió para siempre vuestra relación? 

Para mí lo más grave es que la jerarquía católica ha dicho a los padres que en el nombre de Dios tenían que traicionar a sus hijos. Estaban diciendo a los padres: ‘Guardad el secreto, mantenedlo en silencio, que este caso no trascienda por el bien de la Iglesia’; cuando se ha demostrado que uno de los elementos más dañinos de los abusos es el secretismo y el encubrimiento. Este año, cuando he denunciado públicamente y ya no existe el secreto, mi salud mental ha mejorado mucho. Pero yo no decidí guardar el secreto durante 20 años, sino que me coaccionaron, me presionaron y me forzaron para que me callara, y eso genera un dolor importante cuando quienes han mantenido en parte el secreto han sido tus familiares, y quienes te han aconsejado y te han presionado para callar han sido tus familiares.

Si cuando mi madre se quejó al abad [un año después de los abusos], el abad le hubiera dicho que los padres tienen que apoyar a sus hijos y no lo contrario, no hubieran contribuido a esa brecha, a esa tensión y a esa herida en la familia. La institución que dice que defiende la infancia, la familia y la vida en sus prácticas está destrozando familias, robando infancias y acabando con vidas, porque hay muchas víctimas que se han suicidado. Su comportamiento está contradiciendo su doctrina y su discurso. 

Si a día de hoy un niño sufre abusos, ¿crees que se encontraría con la misma falta de apoyo, no solamente institucional, sino también familiar y del sistema? 

Aún estamos muy verdes, sobre todo en comparación con otros países de nuestro entorno. Creo que encontraría más apoyo, pero aún soy muy escéptico sobre si las instituciones sabrían cómo gestionarlo, si tendrían recursos terapéuticos apropiados. No lo sé, no lo sé.

La institución que dice que defiende la infancia, la familia y la vida en la práctica está destrozando familias, robando infancias y acabando con vidas

¿Qué deberían responder esos padres, si su hijo les cuenta que ha sufrido abusos? 

Lo más importante es que el niño perciba que sus padres le apoyan, independientemente del resultado. Aunque denuncies en los tribunales y al final pierdas, no es lo mismo que el niño perciba que su padre le ha apoyado desde el minuto uno que si su padre es cómplice del encubrimiento.

Hace un año pusiste una denuncia colectiva con otras víctimas. ¿En este año se ha avanzado algo?

Llevamos años exigiendo la reforma de la ley de prescripción. Hemos recogido medio millón de firmas en Change, las hemos presentado ante el Congreso y al Gobierno no le quedó más remedio que incluir una reforma de los plazos de prescripción. El problema es que han puesto un parche; han hecho una reforma totalmente descafeinada e insuficiente, por la cual el plazo de prescripción comenzará a contar a partir de que la víctima cumpla 30 años. La mayoría de casos prescribirá cuando la víctima tenga entre 35 y 40 años. Ya sabemos que la Iglesia y el Estado español no quieren investigar los casos de pederastia, pero a la hora de establecer el plazo de prescripción, pedimos al Ministerio de Justicia y a los diputados que se basen en evidencias científicas, no en prejuicios ideológicos. Y los estudios científicos dicen que la edad media a la que las víctimas denuncian públicamente es a los 44 años. Así que están haciendo una reforma para acabar con la impunidad que sigue dejando la mayoría de los casos impunes.

Desgraciadamente, no hemos conseguido nada. El Gobierno sigue muy enrocado y muy cerrado en banda, y nos están intentando engañar. Porque nos dicen que quieren solucionarlo y lo que hacen es ponerle un parche. Y cuando salga el próximo depredador sexual, se verá que la ley es insuficiente. Que se pueda juzgar a estos señores es imprescindible para que entren en el registro de delincuentes sexuales y no puedan trabajar con niños.

Esta reforma ni siquiera está en vigor, todavía…

No, no, está proponiéndose aún. Nosotros en 2016 protestamos por primera vez, y entonces nos trasladaron su solidaridad, su afecto, su cariño… Dijeron que lo iban a priorizar, que estaban muy sensibilizados con el tema. Cuatro años después, no han hecho nada.

CARLOS PINA

¿Tenéis más esperanzas con el nuevo Gobierno?

Personalmente, creo que este Gobierno está más preocupado del marketing y de las relaciones públicas. Les interesa más llamarla la ‘ley Rhodes’, porque les da más likes en redes sociales, que hablar con los activistas y colectivos para ver si esta ley va a funcionar en la práctica o no: si va a proteger a las víctimas y a los niños, cosa que en este momento, no. A mí las campañas de marketing no me interesan mucho. Si aprueban la ley, vamos a seguir protestando y criticando, y no nos quedará más remedio que pedir amparo a Naciones Unidas, pedirle que le dé un tirón de orejas al Gobierno para que reformen el plazo de prescripción, para que empiece a contar a partir de los 40 o 50 años de la víctima.

Al Gobierno le interesa más llamarla 'ley Rhodes', porque da más 'likes' en redes sociales, que hablar con los activistas y colectivos para ver si esta ley va a funcionar

Tú, en cambio, denunciaste antes de los 40. Y, aun así, el delito ya había prescrito. 

Sí, y el mío es un caso fuera de lo común. De las víctimas que están dando la cara, hay muy pocas que tengan 20 o 30 años. La mayoría son mayores, porque necesitan mucho tiempo para asimilar la experiencia. En mi caso, denuncié pronto, pero tardé 20 años. La primera vez que me quejé en Montserrat era 1999, y denuncié en 2019. 

Los abusos se produjeron en 1998…

Este señor era un depredador sexual que abusó al menos de 12 menores, como mínimo, durante 30 años, y no lo digo yo esto, lo dice la Abadía de Montserrat. Ya tuvo víctimas en los 70, hubo víctimas que en esa época se quejaron, y Montserrat no hizo nada. Yo fui la última víctima que se quejó en 1999, y me quejé hasta cuatro veces en los siguientes 20 años, con dos abades distintos. Pues no le denunciaron ante la justicia, no le abrieron proceso disciplinario católico para expulsarlo de la vida religiosa, no intentaron encontrar otras víctimas, no informaron al Vaticano. Solamente reaccionaron cuando varios activistas nos plantamos con una pancarta el día de la misa en Montserrat e invitamos a los medios. Si el primer caso de pederastia en Montserrat fue a finales de los años 60 y mi denuncia fue en 2019, estamos hablando de 50 años de encubrimiento.

Por lo que comentas, la misma Abadía reconoció que era un depredador sexual, pero no cuestionaron su propio encubrimiento como institución.

Claro. ¿Y cómo es posible que tuvieran a un depredador sexual en nómina durante 40 años y no se enteraran?

¿Para eso no tienen respuesta?

No. Montaron una Comisión cuyos miembros fueron elegidos a dedo por el abad. A dedo. La Comisión no tiene independencia, hay conflicto de intereses. Y, por lo que hemos visto en otros países, esas comisiones no sirven de nada. Lo que hacen es reconocer el abuso, pero nunca, nunca investigan el encubrimiento. Lo único que hicieron en Montserrat fue pedir perdón. Pero no establecieron mecanismos para compensar a las víctimas. Y no es por un tema económico, porque tienen un patrimonio importante y cada año reciben dos millones de euros de la Generalitat de Catalunya. Si quisieran, podrían pagarlo. ¿Por qué no lo hacen? Porque si crean un sistema de compensación económica va a aflorar el abuso oculto, y quizás en vez de tener que indemnizar a doce víctimas, tienen que indemnizar a cincuenta, o a cien.

¿Cómo es posible que tuvieran a un depredador sexual en nómina durante 40 años y no se enteraran?

A ti te pagaron de mala manera 7.200 euros...

Sí. Yo les pedí reparación económica porque necesitaba terapia para superar los abusos y, para mi gran sorpresa, me dijeron que estaban dispuestos a indemnizarme, pero que no lo iban a hacer por transferencia bancaria, sino en un sobre en billetes de 500 para que no quedara rastro ni constancia del pago. Acepté el dinero porque necesitaba la terapia, pero años después me enteré de que un año antes de morir, la Abadía de Montserrat le había publicado [a su agresor, Andreu Soler] un libro de memorias en el que el pederasta alardeaba de la gran labor que había hecho durante cuarenta años educando a críos, y el prólogo lo había escrito Jordi Pujol. 

Para más inri, en el libro había fotos, y en una de esas estaba yo, a la edad en la que fui abusado. Al verme ahí con otros chavales, pensé ¿cuántos de los chavales de estas fotos han sido víctimas de este depredador? Y en vez de tratar de encontrar a otras víctimas, lo que hacen es homenajear públicamente al pederasta. Ante esa situación, devolví el dinero al abad y le dije que a partir de entonces no tenía por qué guardar silencio. 

Si su nombre hubiera estado incluido en un registro público, ninguna editorial le habría publicado un libro. Pero debido al secretismo, no sabemos cuántos pederastas hay en España, quiénes son, dónde están y qué han hecho. No hay un registro público de sacerdotes pederastas en España, así que no podemos saber la magnitud del problema. ¿Cuántos ‘germà Andreu’ [padre Andreu] hay? Si yo no hubiera luchado durante 20 años, si yo no hubiera denunciado en 2019, la sociedad catalana y la sociedad española jamás se hubieran enterado de que en Montserrat se practicaba la pederastia.

CARLOS PINA

¿Había un perfil determinado de víctimas?

Es interesante… Yo en un primer momento pensé que mi caso era representativo. A mí me pilló en un mal momento, en una situación de vulnerabilidad por una serie de problemas personales y familiares, y se ganó mi confianza, se aproximó de forma progresiva, y solamente cuando había un vínculo de afecto y cariño fue cuando comenzaron los abusos. Pero luego, cuando el caso salió a la luz y salieron más víctimas, se vio que había hecho de todo. Había abusado de menores muy vulnerables, como una víctima que había tenido cáncer de hueso, le habían amputado la pierna y había tenido un intento de suicidio. Los padres le habían llevado a Montserrat pensando que ahí tendría consuelo y apoyo espiritual y el germà Andreu aprovechó para abusar de él. Había ese perfil de víctima muy vulnerable, pero también había menores de los que abusó el primer día que los conoció.

La mierda acumulada durante décadas está supurando por los cuatro continentes

¿Crees que en la Iglesia han cambiado algo las cosas con el papa Francisco?

No. El papa Francisco ha hecho una campaña de marketing y de relaciones públicas. Al año de ser papa, Naciones Unidas hizo una investigación sobre cómo había gestionado la Iglesia los casos de pederastia y su informe fue demoledor. Hizo recomendaciones específicas: denuncien los casos a la Policía, entreguen los archivos canónicos, cesen a los abusadores y a los encubridores, compensen a las víctimas… Cosas muy básicas. El papa Francisco no sólo se negó a aceptar el informe, sino que se negó a implementar las recomendaciones. El papa Francisco y el Vaticano se negaron a rendir cuentas ante la ONU y se han negado a presentar un informe de seguimiento, como hacen todos los Estados ante una situación así.

Como intentaron maquillar el problema, al final el problema les estalló en la cara. En 2019, en vez de comparecer ante Naciones Unidas, tuvieron que hacer una cumbre antipederastia deprisa y corriendo porque les están estallando escándalos en medio mundo: en Australia estaban juzgando al cardenal Pell por pederasta, en Francia estaban juzgando al cardenal Barbarin por encubridor, en Chile estaba el caso del obispo Barros, que había protegido a uno de los mayores pederastas del país… La mierda acumulada durante décadas estaba supurando por los cuatro continentes. Si hubieran hecho las cosas bien cuando en 2014 Naciones Unidas les dio un toque de atención, no hubieran tenido que lidiar con esa crisis. Y saben lo que tienen que hacer, pero no quieren, porque eso significaría perder poder.

La Iglesia sabe y no quiere hacer, pero, ¿qué hay del Estado?  

Eso es. Hay una vulneración gravísima de derechos constitucionales básicos, una vulneración de los derechos fundamentales del niño, y las víctimas estamos desamparadas por el Estado, dejadas de la mano de Dios. Que los obispos pasen de las víctimas, bueno… tampoco le vas a pedir peras al olmo, todos sabemos cómo son. Pero que mi Gobierno me considere un problema e intente hacer esfuerzos denodados por ignorar mi denuncia me parece mucho más preocupante.

Otros países sí están actuando. Vivo en Inglaterra y allí los delitos de pederastia son imprescriptibles, han hecho una comisión de investigación sobre abuso institucional… ¿Por qué en España no se hace algo así?

Que mi Gobierno me considere un problema e intente ignorar mi denuncia me parece mucho más preocupante

¿A día de hoy, puedes decir que has superado el trauma?

Creo que la herida ha cicatrizado; la cicatriz está ahí y no duele tanto. Después de escribir el libro, estoy más en paz con el pasado y más centrado en mi presente y mi futuro. Pero cuando superas el trauma, cuando estás mejor y eres capaz de disfrutar, te das cuenta de lo difícil que era todo antes. Antes me costaba horrores independizarme, hacer amigos… y ahora todo me parece tan sencillo en comparación. Es como si te hacen correr una maratón con una mochila llena de piedras. 

Y luego hay otra cosa: aunque ya estés bien, tienes que hacer un duelo, porque durante la juventud, en los años más bonitos de tu vida, cuando mis amigos estaban haciendo Erasmus, de mochileros o de fiesta, yo estaba en casa traumatizado, amargado, triste, angustiado. Eso ya no te lo devuelve nadie y tienes que hacer un duelo por la parte de tu vida que te han robado.

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