Ya vienen los cuatro Reyes Magos de Oriente

La leyenda de los Magos da muchas posibilidades a la invención y a la ampliación del mito.
Los cuatro reyes magos
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Los cuatro reyes magos

Ya vienen los cuatro Reyes Magos, por los arenales… Y no me refiero como cuarto Rey Mago, al monarca emérito en Abu Dabi, que no sabemos ni cuándo vendrá, ni qué regalos nos traerá…

Estos días de representación de La leyenda del Príncipe Zahoreh. El cuarto Rey Mago con Antonio Albella, Victoria Vázquez y Bruno Cortese, en el Museo de Cera de Madrid, me dan mucho para reflexionar sobre aquellos personajes míticos, como antes lo hice de la mano del gran Jack Taylor, con el espectáculo que codirigimos, Auto de los Reyes Magos.

“Nacido pues, Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes, llegaron del oriente unos magos”, dejó Mateo escrito en su Evangelio, sin especificar ni número, ni raza, ni procedencia exacta de tales personajes. Todo lo demás surgió de los textos apócrifos. Hasta el siglo III, no se habla de que sean tres magos, ni de que sean reyes, y hasta un siglo después no se les pone nombre. Y no se implanta hasta el siglo XVI que Baltasar sea negro… Indispensable para el mito fue el documento medieval Historia de los Reyes Magos, de Juan de Hildesheim, compuesto en el siglo XIV.

Por tanto, la leyenda de los Reyes Magos da muchas posibilidades a la invención y a la ampliación del mito, incluyendo a la cuestión de la existencia de un cuarto Rey Mago. Un cuarto personaje que viene de tierras más alejadas, que llega tarde a la cita de Belén y que anda errante hasta el Viernes Santo, cuyas andanzas son contadas en el siglo XIX por el norteamericano Henry L. Van Dyke, y ya en el siglo XX, por el alemán Edzard Schaper o por el francés Michel Tournier.

A este cuarto Rey Mago lo bauticé como el Príncipe Zahoreh, un personaje que me acompaña desde hace mucho tiempo en las artes escénicas. Y este cuarto Rey Mago, es el nigromante y repostero que no llegó a tiempo a Belén para adorar al Niño. Perseguía al cometa y buscaba al que él creía ser el Divino Confitero, aquel que le daría la receta del secreto de los secretos, el dulce definitivo que saciaría el hambre del mundo...

Su pena fue pararse una y otra vez a ayudar a los demás, dar de comer con sus dulces a unos y otros. Su persistencia en su empresa es digna de admiración. Y no consiguió su meta, por eso no fue tan afamado como los otros tres. “Unos tienen la fama, y otros cardan la lana”, que diría mi abuelo. La vida misma, el que más lucha por los demás, pero al final aunque no es tan reconocido, obtiene la esencia.

Ya vienen los cuatro Reyes Magos. Y espero que nos traigan, al menos, esperanza para estos tiempos que corren. Y quizá se nos pegue la perseverancia y el empeño de aquel cuatro Rey Mago…