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30/05/2014 07:46 CEST | Actualizado 29/07/2014 11:12 CEST

Los 'Hombres de Blanco' urden la 'Operación Susana'

"No me dejáis morir tranquilo", le dijo Rubalcaba a uno de sus barones cuando Eduardo Madina clamó por un cónclave que diera voz a la militancia. El diputado vasco ha hecho saltar por los aires los planes previstos por el aparato, y los Hombres de Blanco, de José Blanco, son ahora los muñidores de la operación para aclamar a Susana Díaz como líder.

¿Recuerdan Men in Black? Aquellos agentes secretos encargados de ayudar a ocultar una hipotética presencia extraterrestre en la Tierra. Pues en esta película que les voy a contar también parece haber alienígenas, y muchos. Socialistas que no han entendido el mensaje de las urnas; cargos orgánicos que se aferran a la poltrona del poder; secretarios generales que claman sólo de boquilla por la apertura de un partido irreconocible para sus bases; habituales de las conspiraciones... Hablamos del PSOE, claro, de la ebullición de un partido que ha sido contundentemente derrotado en unas elecciones, y cuyo secretario general ha convocado un congreso extraordinario para evitar su dimisión y que sea una gestora la que decida el futuro inmediato del socialismo. "No me dejáis morir tranquilo", le dijo Alfredo Pérez Rubalcaba a uno de sus barones cuando esta semana el diputado vasco Eduardo Madina clamó por un cónclave que diera voz a la militancia, y no sólo a los delegados que eligen los aparatos en un congreso, como rezan los Estatutos del partido.

El órdago del secretario general del Grupo Socialista hacía saltar todas las alarmas y removía de nuevo las turbulentas aguas del PSOE porque el establishment tenía todo controlado para una nueva componenda. El plan A, con José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono de valedores, entre otros, pasaba por aclamar a la todopoderosa presidenta de Andalucía, Susana Díaz. El plan B, un congreso de unidad del que saliera un secretario general tutelado desde la federación más numerosa del PSOE bajo la presidencia de Díaz. Ambos saltaron por los aires porque ni Madina estaba dispuesto al tutelaje, ni para Andalucía era sencillo oponerse públicamente a un cónclave con voto directo de la militancia. Así fue como el PSOE entró en ebullición por culpa de un vasco empeñado en que los 220.000 afiliados hablaran. A partir de aquí, ya no hablamos de hombres de negro, sino de blanco. Lo explicamos.

Que José Antonio Griñán glosara las bondades de Susana Díaz ayer por la mañana en la Cadena Ser no resultó extraño; que varios diputados andaluces declararan en el Congreso a primera hora de la mañana que ser presidenta de Andalucía y secretaria general del PSOE era perfectamente compatible, tampoco; pero cuando ya a media tarde salieron en tromba hasta ocho barones para señalar a Susana Díaz como futura líder del PSOE, la coral chirriaba.

Tomás Gómez (Madrid), Ximo Puig (Valencia), César Luena (La Rioja), Javier Lambán (Aragón), José Miguel Pérez (Canarias), Eva Díaz (Cantabria) y Roberto Jiménez (Navarra). Todos a una, por la Operación Susana. Vamos, que el PSOE al unísono aclamaba a la presidenta de Andalucía, siempre reticente a las primarias abiertas, sin antes consultar a la militancia. Que si no se pueden cambiar las reglas del juego a mitad del partido; que si cualquiera puede impugnar un congreso que no cumpla con las normas establecidas; que si ella es la única que acumula poder orgánico, institucional y, tras el resultado de las elecciones europeas, ahora también el social... Tres llamadas bastaron para saber que la operación estaba orquestada y que era la reacción al pulso del diputado Madina, un "ingenuo" que quiere poner otra mirada a la política, huir de componendas orgánicas y rechazar las viejas formas del vetusto PSOE.

Y aquí es donde entran en escena The Men in White, los Hombres de Blanco, no por el atuendo sino porque es el apellido de quien conoce como su propia casa la fontanería del PSOE. José Blanco, muñidor de cien conspiraciones y miles de tácticas orgánicas, al frente de la Operación Susana. Él es de los que cree que el ascenso de la presidenta andaluza a la secretaría general es irreversible, que la baronesa tiene que tomar las riendas y que eso de "un militante, un voto" corre el riesgo de ser invalidado. Y ayer, por encargo de la propia Díaz, telefoneó a varios secretarios generales para que salieran públicamente a apoyar su liderato como número uno del PSOE. Él dice que sólo llamó a uno de los barones, y no sólo para señalarle el camino. Pero Antonio Hernando, el todavía secretario de Política Autonómica de la dirección del PSOE y hombre de su más absoluta confianza en sus tiempos de vicesecretario general, hizo el resto de llamadas a las federaciones. The Men in White avanzan que habrá más y que en los próximos días secretarios provinciales, alcaldes y demás cargos seguirán la estela del Susanato. Y semejante despliegue orgánico sólo puede servir para un congreso al uso en el que sólo voten los compromisarios, porque salir pertrechado de aparatos es más que contraproducente en un cónclave donde voten los afiliados libremente. De ahí que se barrunte que el siguiente paso sea vetar la elección directa del secretario general en una consulta previa.

Los secretarios generales de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, y de Asturias, Javier Fernández, se han desmarcado de forma nítida de esta operación orquestada. El de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, aún no ha emitido, pero las interferencias que llegan sobre su posición son ambiguas, igual que las del vasco Patxi López. Los dos primeros no quieren oir hablar de una nueva "operación orgánica", de manejos ni cambalaches. Y menos entrar en los detalles del cómo y por qué ha sido secundada justo por aquellos barones más debilitados tras los resultados de las elecciones europeas. Son los mismos que hace 24 horas defendían aquello de "un militante, un voto" y hoy se alinean con el trapicheo. Todo sea por la "democracia interna". ¿No era eso lo prometido? Pues eso. Que en el PSOE parece que, como en el PP, no se han enterado de nada. Luego que no se sorprendan. Al menos, habrá uno, un tal Eduardo Madina, que podrá contar que un día se inmoló por un PSOE más limpio.

¿Es o no es ésta una película de marcianos?

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