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25/05/2018 07:30 CEST | Actualizado 25/05/2018 07:30 CEST

El 'mensajeriado'

Un repartidor.
REUTERS
Un repartidor.

La irrupción de la mal llamada economía colaborativa ha abierto un debate sobre la destrucción de las relaciones laborales y de cómo estas están afectando a la conformación del mercado de trabajo. Las plataformas online que han impulsado unos modelos de negocio horizontales para el intercambio de bienes y servicios basan su actividad en la creación de una red tecnológica que conecta directamente la oferta y la demanda, sin intermediarios.

Los gestores de estas compañías han demostrado, entre otras cosas, una gran destreza en la manipulación del lenguaje empresarial, hasta el punto de haber conseguido que modernizando superficialmente algunos términos puedan eludir el cumplimiento de sus obligaciones como empleadores que son.

Así, en muchas de estas empresas en lugar de ofrecer puestos de trabajo, se oferta ser partner o proveedor de la misma. Para el caso de aquellos que necesitan del transporte de un producto final o similar, las plataformas se definen como una entidad que alcanza sus objetivos con un número indeterminado de pequeños empresarios ligados a la misma. La realidad es que la relación de estos microempresarios con la entidad se asemeja a la de los trabajadores por cuenta ajena.

La cuestión es: ¿hay mucha diferencia entre la situación laboral de los "riders" de las plataformas digitales y los repartidores de las empresas de mensajería?

En nuestro país, aceptamos situaciones como las aquí descritas sin que ello nos suponga ningún conflicto ético como consumidores. En buena medida, esto es causado por la eclosión, en los años 90, del sector de la mensajería y el reparto urgente. La ocupación del espacio público que ha producido los mensajeros tiene un especial significado dado que, fundamentalmente, en las grandes ciudades han sido los abanderados de unos valores de eficiencia, rapidez, fiabilidad y calidad.

La utilización de lo que en los últimos tiempos se ha dado en llamar "falsos autónomos", en lugar de trabajadores por cuenta ajena, utilizando el concepto de proveedor de servicios, es uno de los pilares del modelo de negocio de las empresas de mensajería. Estas están teniendo un desarrollo espectacular por causa del impulso del comercio electrónico. El e.commerce viene registrando crecimientos por encima del 25% anual, según datos de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia.

Situación cotidiana

Con este viento a favor el número de mensajeros que vemos circulando por nuestras calles, ocupando el espacio público, se sigue incrementado día a día. La cuestión es: ¿hay mucha diferencia entre la situación laboral de los que se han venido a denominar "riders" de las plataformas digitales y los repartidores de las empresas de mensajería? No parece que haya diferencias significativas.

Conocemos la respuesta de las siguientes preguntas: ¿Las empresas de mensajería tienen el control sobre el trabajo que desempeñan sus autónomos? ¿Les fijan el horario, la jornada y la zona de reparto? ¿El trabajo que realiza un mensajero depende en más de un 70% de la empresa para la que distribuye los envíos? ¿Están obligados a vestir un uniforme que identifique la para quién la que reparten? ¿Están exclusivamente subordinados a la empresa para la que prestan servicios?

Este sector lidera año tras año las estadísticas de accidentes laborales de tráfico

Este es el panorama de un sector arraigado en nuestro país desde hace decenios y que transmite la imagen de haber conseguido corregir los fallos del mercado de la distribución de envíos, mejorando su eficiencia y su productividad, cuando lo realmente destacable es que los resultados que obtienen se deben en gran parte a una peculiar interpretación de las normas del mercado laboral.

Esta situación se ha hecho tan cotidiana que a nadie extraña que los gastos promedio de personal de estas compañías, sobre el total de sus gastos, apenas alcancen el 12%, o que haya empresas que declaren tener el triple de vehículos de reparto que el total de personas que están trabajando en la misma.

Es difícil de determinar el rendimiento neto que obtienen estos trabajadores pero lo que sí conocemos con seguridad es que este sector lidera año tras año las estadísticas de accidentes laborales de tráfico, –en el 20% del total de los accidentes de tráfico con moto que se producen en Madrid, están implicados mensajeros-. El modelo de negocio de este sector tiene como uno de sus pilares el hecho de considerar a los repartidores como proveedores en lugar de como trabajadores por cuenta ajena.

Esto no es una respuesta eficiente a una demanda del mercado, es una barrera de entrada para posibles operadores que pretendan actuar de forma más respetuosa con las normas de la legislación laboral. Entender esto debería ser una oportunidad para revisar la regulación de este sector.

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