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14/05/2018 07:31 CEST | Actualizado 14/05/2018 07:31 CEST

Confesión: odio ayudar a mis hijos con los deberes de mates

Que levante la mano todo el que piense que los deberes de matemáticas son un rollo. No me refiero a mis propios deberes, yo ya hace años que acabé el colegio. Ilusa de mí, pensaba que me había librado de las matemáticas cuando aprobé mi última clase de Estadística en bachillerato, pero nada más lejos de la realidad. No había contado con el hecho de que, cuando se tienen hijos, hay que volver a aprender matemáticas de nuevo para ayudarles.

Y es probable que esta segunda vez sea mucho menos divertida. Cuando uno se pone a estudiar las matemáticas de sexto de Primaria con un niño que no tiene ninguna gana de hacer deberes, ya augura una tarde bastante aburrida. De modo que se me ocurrió recopilar una lista de cinco aspectos que me frustran especialmente sobre los deberes de matemáticas.

Getty Images/MIXA

No tengo ni idea de cómo hacerlos

Nunca se me dieron genial las matemáticas, y ahora mucho menos. Aparte de eso, tengo la cabeza a rebosar con tareas varias, como organizar los horarios familiares, el trabajo, preparar la cena, acordarme de que hay que pagar la excursión del niño para el colegio y, en general, mantener todo en orden. Todas las matemáticas que aprendí durante mis años de colegio (aparte de lo básico) están archivadas en algún rincón remoto de mi cerebro y no es posible acceder si no es tras una exhaustiva búsqueda de Google que despierte mis recuerdos ("Ah, vale, ya me acuerdo... más o menos"). Sí, tengo que entender las matemáticas por mí misma antes de poder ayudar a mi hija con los deberes. No tuve problemas con tercero de Primaria, pero para cuarto... Google.

El objetivo no es conseguir una respuesta

Al menos no el único objetivo. Si se es capaz de resolver el problema mentalmente y se escribe la respuesta, eso no es "correcto". No del todo. Debes mostrar el proceso que te ha llevado a la respuesta. Así que, aunque seas un genio, tienes que pasar una hora o dos explicando absolutamente todo.

Mi hija a veces me mira, confusa, porque no soy capaz de explicárselo como lo haría su maravillosa profesora.

Los problemas de mates tienen una doble dificultad

Está claro que las mates han cambiado desde que yo era pequeña. Pensaba que, dado que los números y las letras son conceptos bastante absolutos, las matemáticas seguirían siendo relativamente parecidas. No, ahora son totalmente distintas.

Cuando yo estaba en el colegio, una hoja de trabajo contaba con muchos ejercicios de cálculo y después uno o dos problemas. Ahora, en cambio, noto que la mayoría de los ejercicios son problemas. ¿Alguien más se ha dado cuenta? Así que, si a alguien se le da mal la lengua, también tendrá problemas con las mates. Y si no se es capaz de comprender la pregunta, es altamente probable que la respuesta esté mal. Ojalá las mates fueran solo mates, y la lengua fuera lengua.

perfectlab via Getty Images

No es lo más entretenido del mundo

No digo que todo en la vida tenga que ser divertido, por supuesto, pero se me ocurren unas veinte cosas que haría antes que ponerme a resolver ejercicios de matemáticas. Por ejemplo, limpiar el baño o sacar la basura. Es muy frustrante.

Me gustaría no sentirme agotada después de haber resuelto unos cuantos ejercicios con mi hija. Preferiría leer libros en el sofá, jugar a un juego de mesa, ver la tele juntas, dar un paseo o envolvernos en una manta para hablar de nuestro día. Lo que sea menos mates.

Soy su madre, no su profesora

Me esfuerzo mucho, de verdad. Me esfuerzo por explicarle las preguntas cuando se siente insegura (después de buscarlas en Google, por supuesto). Pero a veces me mira, confusa, porque no soy capaz de explicárselo como lo haría su maravillosa profesora.

Hay un motivo por el que no elegí ser profesora: se me dan fatal las matemáticas. Parece que lo único que consigo es que mi hija se confunda aún más. Y me preocupa empeorar la situación. A veces, pienso que le ayudaría más si no me involucrara tanto con los deberes desde un primer momento.

Dicho esto, entiendo que de vez en cuando resulte útil mandar algunos deberes a casa para que los padres sepan lo que están estudiando sus hijos y puedan darse cuenta de si lo están entendiendo o no. Sin embargo, si quiero que nuestra relación madre-hija sobreviva, puede que tenga que pedir ayuda a otra persona.

¿A alguien se le dan bien las mates?

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Canadá y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao

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