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07/11/2014 09:34 CET | Actualizado 06/01/2015 11:12 CET

Vivaqueando al borde del precipicio

Lain Entralgo denunció la abundancia en nuestro país de hombres hereticales, que son los que rompen y quiebran, y de la escasez de los pontificales, aquellos sobre cuyas palabras y reflexiones se puede transitar y, por lo tanto, buscan la comprensión, el entendimiento y la empatía. Siempre quise ser modestamente de los segundos y jamás de los primeros.

Fuente: JAVIER LIZÓN/EFE

Llevo cuarenta años en esta bendita profesión, desde que tenía veinte en mi Bilbao natal, y ni un solo día he dejado de repetirme que es la más bella del mundo, como proclamó el insigne Albert Camus.

Vivo como vosotros vivís el momento dramático de este oficio, cuya depresión se debe más que a nuestras acciones y omisiones -que haberlas las hay- a las de otros que no supieron cuál era su función y su misión.

Somos el eslabón débil de una cadena que se ha quebrado y vivaqueamos en la pared del precipicio. Por eso, es mi deber de bien nacido ser agradecido y, hoy aquí, he de decir que cuando se me vino el mundo encima hace unos años pensando que el ejercicio de la profesión había terminado para mí como para tantos otros compañeros, se me abrió la pantalla de El Confidencial.com, me acogieron las páginas de La Vanguardia y me dieron voz los micrófonos de la SER. Gracias.

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Fuente: JAVIER LIZÓN/EFE

En mi vida profesional he absorbido algunas lecturas con las que intento sostener el ejercicio digno del periodismo y que me han proporcionado claves interesantes y aleccionadoras y que en esta tesitura me gustaría trasladaros.

La primera me la procuró este párrafo de Ortega:

"Nada me parece más despreciable, más contrario a su misión, que el escritor del cual se sabe por anticipado lo que va a pensar y decir sobre un nuevo tema. Esto es la definición del imbécil. Por motivo parejo abomino del hombre consecuente con sus ideas. Eso es la definición de la mula. No es uno, se me ocurre, quien debe ser consecuente con sus ideas, sino sus ideas quienes deben ser consecuentes con la realidad"

Estos criterios del filósofo madrileño han tenido una actualización magistral gracias a Antonio Muñoz Molina que escribió en su último ensayo "Todo lo que era sólido" estas palabras:

"Es muy difícil llevar la contraria en España. Llevar la contraria no a los del partido o a los del bando contrario, sino a los que parecían que están en el lado de uno; llevar la contraria sin mirar a un lado y a otro antes de abrir la boca para asegurarse de que se cuenta con el apoyo de los que saben o creen que uno está a su favor; llevar la contraria a solas, a cuerpo limpio, diciendo educadamente lo que uno piensa que debe decir, lo que le apetece decir, lo que le parece indigno callar, sabiendo que se arriesga no a la reprobación segura de quienes no comparten sus ideas sino al rechazo ofendido de los que lo consideraban uno de los suyos; llevar la contraria no a visiones abstractas y totales del mundo sino a hechos particulares de la realidad"

El segundo recurso me lo ofreció la lectura de Pedro Lain Entralgo y su "España como problema" cuando denunció la abundancia en nuestro país de hombres hereticales, que son los que rompen y quiebran, y de la escasez de los pontificales, aquellos sobre cuyas palabras y reflexiones se puede transitar y, por lo tanto, buscan la comprensión, el entendimiento y la empatía. Siempre quise ser modestamente de los segundos y jamás de los primeros.

Y el tercer recurso, consiste en acogerme a la sublime poesía militante de Miguel Hernández cuando nuestro país aparece ahora postrado y justamente indignado, al tiempo que dividido y en tensión separadora de sus pueblos y tierras. Y entonces leo un texto que no por repetido sigue resultando menos sugerente y emotivo:

¿Quién habló de echar un yugo

sobre el cuello de esta raza?

¿Quién ha puesto al huracán

jamás ni yugos ni trabas,

ni quién al rayo detuvo

prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,

vascos de piedra blindada,

valencianos de alegría

y castellanos de alma,

labrados como la tierra

y airosos como las alas;

andaluces de relámpagos,

nacidos entre guitarras

y forjados en los yunques

torrenciales de las lágrimas;

extremeños de centeno,

gallegos de lluvia y calma,

catalanes de firmeza,

aragoneses de casta,

murcianos de dinamita

frutalmente propagada,

leoneses, navarros, dueños

del hambre, el sudor y el hacha,

reyes de la minería,

señores de la labranza,

hombres que entre las raíces,

como raíces gallardas,

vais de la vida a la muerte,

vais de la nada a la nada:

yugos os quieren poner

gentes de la hierba mala

yugos que habéis de dejar

rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes

está despuntando el alba

Ojala, así sea.

Extracto del discurso pronunciado por el autor el jueves 5 de noviembre en el acto de entrega del XXI Premio Francisco Cerecedo 2014 de Periodismo, que concede la Asociación de Periodistas Europeos.

Abajo puedes ver el vídeo con el discurso íntegro de Zarzalejos y el que pronunció el Rey Felipe.

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