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18/11/2013 07:17 CET | Actualizado 17/01/2014 11:12 CET

Asterix contra los radares recaudatorios

El futuro Reglamento de Circulación permitirá la sanción incluso a peatones que caminen bajo los efectos del alcohol, lo que induce a pensar que los controles podrán hacerse a cualquier ciudadano, a criterio de los agentes recaudadores. Sí: recaudadores.

Se acercan las Navidades. Fiestas en las que el consumo de alcohol está fomentado, admitido, consentido, inducido, tolerado... pongan ustedes todos los participios que quieran. Y por otro lado, la legislación prohíbe desarrollar una actividad tan común como el conducir si se ha consumido una pequeña cantidad de alcohol. No se impide circular por la calle, ni subirse a un andamio, ni bajar a la mina, ni firmar un decreto ley, ni escribir en un periódico, ni asistir a un pleno del Congreso de los Diputados, donde, por cierto, se consumen generosas cantidades de alcohol. No. Lo único incompatible con el consumo de alcohol es la conducción de un vehículo a motor. Tampoco está muy claro si se puede conducir una bicicleta; o mejor dicho, tampoco está muy claro si se puede hacer un control preventivo a un ciclista.

La actual redacción del futuro Reglamento de Circulación permitirá la sanción incluso a peatones que caminen bajo los efectos del alcohol, lo que induce a pensar que los controles podrán hacerse a cualquier ciudadano, a criterio de los agentes recaudadores. Sí: he escrito bien, recaudadores.

No seré yo quien diga que debe permitirse el consumo de alcohol a los conductores. Soy de los que creo que, al volante, la tasa debe ser cero. Pero lo que quiero resaltar es el fariseísmo de esta norma y la incongruencia de alguno de sus aspectos. Desde que los romanos nos dotaron de unos principios de Derecho, se ha castigado la conducta que se apartaba de la norma; al menos eso nos enseñaba Don Ursicino Álvarez desde su cátedra de la Universidad de Madrid. El Derecho, al contrario que la Medicina, no puede (o no debe) dictar normas para prevenir conductas, aunque sí puede (y debe) establecer reglas para garantizar el bien común. Y aquel excepcional doctor en Derecho ponía como ejemplo la prohibición de utilizar los cuchillos con la mano derecha, reservado sólo a las gentes de armas, mientras los ciudadanos solo podían emplear la mano izquierda, menos hábil, para el uso doméstico del utensilio. Es decir, ya los romanos establecían un uso regulado de algo que podía considerarse peligroso.

Cuando en los años 60/70 se toma conciencia del coste social de los accidentes de tráfico se inicia una campaña cada vez más severa sobre las limitaciones a la conducción, comenzando por la obligatoriedad de un proceso de aprendizaje y un intenso control del tráfico por parte de las fuerzas de seguridad. Precisamente la severidad y la mentalidad franquista en el control determinó que fuese el Ministerio de Interior y no el de Transportes, como en el resto de países europeos, el que se encargase de la tarea. Las limitaciones de velocidad genéricas, el uso del cinturón de seguridad y el endurecimiento de las sanciones fueron los primeros pasos, acompañados por unas campañas de concienciación que produjeron más miedo que seguridad. España estaba entre los países con más siniestralidad vial, con más de 9.000 muertos al año para un parque de 15 millones de vehículos.

Hoy, España está entre los países más seguros de Europa, con menos de 2.000 muertos para un parque casi tres veces superior. Es decir, en una generación la seguridad vial ha alcanzado niveles que hacen innecesaria una severa represión policial. Que no hay que bajar la guardia; de acuerdo. Pero seguir apretando la rosca del garrote conduce a una situación de crispación y miedo de los conductores; y al desprestigio de los cuerpos encargados del tránsito.

En la Bretaña francesa ha surgido un movimiento contra los radares que ha destruido ya más de 40 en pocas semanas. Hay quien considera que son actos de vandalismo (y sin duda lo son) pero tambien Asterix se rebeló precisamente en la Bretaña contra la soberbia y afan racaudador del Imperio... y acabó ganándose la simpatía de los lectores. Aprendamos la lección.

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