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28/11/2015 10:13 CET | Actualizado 28/11/2016 11:12 CET

Artistazos

camaraEl político es un artistazo de los pies a la cabeza, porque da las pinceladas oportunas para satisfacer su ego: ni una más, ni una menos. Si a algo le apetece contestar, un brochazo y listo. Si no, pinta un Picasso y se le aplaude como si no hubiera mañana. "¿Me lo dedica?".

Foto: ISTOCK

A la nebulosa política, que es algo así como un entramado que da a la nada por el patio de luces, se llega por el camino más corto, pero también más valiente: preguntando.

Si se quiere saber algo y dudar sobre ello al minuto siguiente, o bien entrar en un bucle de contradicciones que, cuando llega a su fin, no revela más que su existencia, no dude: pregunte algo a un político. Y si el mismo ha sido alguna vez presidente del Gobierno, o sea, ese cargo del que sólo está por encima -como lo está de todo- Florentino Pérez, ya es el no va más.

Pregunte lo que quiera. Lo que le venga en gana. El tiempo que hizo ayer. Claro, eso. No preguntes eso, tonto, que vas a desperdiciar la pregunta, pregunta mejor por algo que haya dicho antes. Ponga de manifiesto una contradicción. Qué le parece el respeto a la Ley, pero preguntado de esta otra forma. Ahora ya da igual. Pues eso. Haga buenas preguntas, hurgue.

Desvívase por arañar cualquier información relevante que no se haya dado todavía. Pregunte por la MAT, ahora que ha leído eso. Haberlo dicho antes, que ahora ya estoy escribiendo. Qué malo eres.

El político es un artistazo de los pies a la cabeza, porque da las pinceladas oportunas para satisfacer su ego: ni una más, ni una menos. Si a algo le apetece contestar, un brochazo y listo. Si no, pinta un Picasso y se le aplaude como si no hubiera mañana. "¿Me lo dedica?".

Los políticos se levantan por la mañana y, en vez de mirarse al espejo, se preguntan cuál es el debate que mejor les va para pasar el día. Si la noche anterior han visto Gran Hermano, suelen tirar por Educación; pero si entre sueños se les ha colado Fraga, optan por democracia (no) representativa. Entre lo que tardan en darle al orín y lavarse la cara deciden el discurso del día: de hecho en el desayuno ya sólo leen noticias que traten el tema que acaban de elegir. Hay debates tan bellos que los políticos no pueden dejar de abrazarlos, como el bebé que se apropia de su peluche de por vida. Está tan cómodo con él, que lo achucha hasta el punto en que es incómodo quitárselo: para él y para quien quiere hacerlo. Y ahí ya ganan.

Hace unos días, Zapatero vino a mi ciudad, Santa Coloma de Gramenet, y al final de su exposición se encontró con una pregunta buenísima, magistralmente formulada e incluso elogiada por él mismo. La escena fue tal que así:

- "Usted ha dicho que cuando se recurre al TC por asuntos políticos, pierde la política. ¿Qué opina acerca del recurso de amparo que van a interponer conjuntamente PSC, PPC y C's contra la actuación de la Mesa del Parlament?, preguntó un asistente".

- "La democracia es muy seria: el cierre del entramado constitucional son la Justicia y la Policía, ambas independientes. Cambiemos la ley, pero aceptémosla y cumplámosla, contestó Zapatero".

Después de la respuesta, el acto se acabó: aplausos. Cuando me puse en pie, pregunté a mi amigo si era cosa mía o el expresidente no había contestado a la pregunta, pero antes de que me diera su opinión, el político ya se rodeaba de gente preguntándole: "¿Me lo dedica?". Fue una suerte no ser el único en darse cuenta de haber asistido a una obra maestra.