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24/10/2018 14:04 CEST | Actualizado 28/10/2018 09:00 CET

Cómo evitar subir de peso en época de frío

Pixabay

A medida que avanza el otoño, una pregunta común que recibo de mis clientes es: "¿Cómo evito subir de peso durante el otoño y el invierno?".

Si bien nuestros ancestros se adaptaban al duro invierno incrementando la ingesta de calorías durante el otoño, comían muchas más frutas, cereales, legumbres, frutos secos y semillas con el fin de almacenar suficiente energía y así sobrevivir la hambruna que sufrirían durante el invierno. Nosotros en la actualidad, como sociedad moderna, no necesitamos prepararnos para ese aislamiento o esa necesidad extra de energía que se necesita para afrontar una hambruna, tenemos alimentos a nuestra disposición cualquier época del año, incluso en invierno.

El retraso genómico es uno de los responsables del incremento de peso durante los meses de frío

A pesar de que ya no existe esa necesidad fisiológica de sobrevivir al duro frío sin sustento, tendemos a ganar peso en esta época del año.

Algunos catalogan esta necesidad del cuerpo, de consumir alimentos más calóricos, al retraso genómico: hemos evolucionado de depredador a las personas civiles que somos hoy, pero nuestros genes no lo han hecho, de ahí que haya una parte natural por la que nuestro cuerpo pide más azúcar y más alimentos grasos.

Pero la verdad que las festividades de estos meses y el hecho de que pasemos más tiempo en casa no son de gran ayuda, toda esa comida que tradicionalmente comemos cargada de azúcares y refinados y la ansiedad que nos puede provocar el no disfrutar de tiempo al aire libre, ayudan y mucho a no mantenernos en nuestro peso.

¿Y cómo nos podemos adaptar? ¡Pues es más fácil de lo que crees!

1. Haz que tu comida cuente

Si quieres consumir la grasa almacenada y que sea tu principal fuente de energía, haz solo tres comidas al día, sin snacks entre horas. Esto pasa porque al comer tres comidas al día, dejando suficiente tiempo entre ellas, el cuerpo se ve obligado a quemar la grasa almacenada. Una vez que tu cuerpo comience a quemar la grasa almacenada, verás que tus niveles de energía se equilibran, tu ánimo es más estable y puedes pensar con mucha más claridad.

Haz que cada comida cuente y trata de que la comida del medio día sea tu sustento principal, minimizando las cenas y tomándolas lo más temprano que puedas 8 de la tarde o antes si puedes.

2. Productos de temporada desintoxicantes

La cosecha de otoño abunda con gran cantidad de alimentos deliciosos, de temporada, y generalmente más calóricos, pero también hay otros alimentos que ayudan a la desintoxicación y ayudan al hígado a hacer su trabajo. Encontramos el diente de león, la cúrcuma o el jengibre por ejemplo.

Tómatelos en infusiones, un cúrcuma latte, utiliza la parte verde del diente de león en ensaladas o prepárate uno rico curry. Nos ayudarán a desintoxicarnos y restablecer la digestión.

3. Reconecta con el círculo natural de luz y oscuridad

A medida que los días se acortan y las noches se alargan, nuestros cuerpos están diseñados para producir más melatonina y dormir más.

La melatonina, que es producida por la glándula pineal durante los ciclos oscuros, no solo nos pone a dormir, sino que también puede apoyar la pérdida de peso saludable.

Para nuestra desgracia, cada vez estamos más desconectados que nunca de los ciclos de luz y oscuridad. Cuando estamos expuesto a excesiva luz artificial durante la noche, estamos bloqueando la producción adecuada de melatonina, esto hará que no disfrutemos de un sueño reparador.

La buena noticia es que en solo un par de días puedes restablecer los niveles normales de producción de melatonita y restablecer el reloj circadiano natural del cuerpo. Para ello tienes que dejar de lado la televisión, el ordenador y el móvil y disfrutar de más tiempo al sol y hacer ejercicio, aunque sea solo una caminata rápida, verás como tus niveles de melatonina se recuperan.

4. Vitamina D y pérdida de peso

Se ha demostrado que los niveles óptimos de vitamina D favorecen un peso saludable.

El 90% de la vitamina D la generamos al tomar el sol. Podemos ingerir alimentos ricos en vitamina D, aunque muchos de los que están "enriquecidos" lo están con vitamina D2 en lugar de D3. La vitamina D2 es una forma sintética de vitamina D y no es tan efectiva como la vitamina D3 natural.

Otra forma de obtener niveles adecuados de vitamina D es con suplementación. Los expertos del Consejo de Vitamina D sugieren mantener niveles entre 50-80 ng/mL.

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