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18/07/2018 13:46 CEST | Actualizado 18/07/2018 14:02 CEST

Por qué el Gobierno más viejo de la izquierda parece joven

Presentación del Gabinete de Pedro Sánchez, el pasado junio.
EFE
Presentación del Gabinete de Pedro Sánchez, el pasado junio.

El Gobierno de Pedro Sánchez es el de mayor edad de los formados por la izquierda en democracia, tiene 55 años de media. El tercero más añoso, tras dos de Rajoy. El más joven ha sido el de Felipe González en 1982; en 1996, cuando Aznar ganó, su ministro José Manuel Romay Beccaría, parecía un anciano entre los suyos y solo tenía 62 años. El actual Gobierno cuenta con siete miembros que, o tienen esa edad, o la superan con holgura. ¿Por qué parecen más jóvenes? Una democracia que tiene ya cuarenta años, un país con más ancianos que niños, sumado a la presencia de una mayoría de mujeres, son una parte de la clave. Pero merece la pena pararse a pensar en alguno de estos detalles. O en todos.

A la exvicepresidenta Elena Salgado sí que le ha llamado la atención "la frescura" que transmite el Ejecutivo de Sánchez, pese a "la media de 55 años", aunque el asunto no haya sido analizado a fondo y el hecho de la mayoría de mujeres sea un factor que transmite renovación. Su colega, el exministro y economista Jordi Sevilla, sostiene que detrás hay un cambio cultural, una tendencia que ha llegado para quedarse. "Tener 70 años ya no es un problema y tener menos de 40 ya no es un activo per se. No creo que sea solo en la política, acaba de llegar una directora de periódico con 68 años y entre los tertulianos de referencia no triunfa precisamente la juventud. En estos momentos, el grupo de mayor impacto social son los pensionistas y esto es lógico en una sociedad envejecida, como la nuestra".

La derecha ha tenido menos problemas con los añosos, y la propia Villalobos es un claro ejemplo, lo mismo que Rajoy o Ana Pastor

Para Sevilla, este hecho real y palpable, el de una sociedad con un colectivo tan poderoso como los jubilados, va a marcar los próximos tiempos, hasta el punto de que "los mayores vamos a imponer nuestras necesidades a los jóvenes, con lo que todo ello implica. Hay que recordar que allá por el año 2000, en el que luego sería el Gobierno de Zapatero, llegamos con el mensaje del cambio generacional, y ahí seguimos", apunta el extitular de Administraciones Públicas, convencido de que hay que reflexionar más profundamente sobre por qué la experiencia cotiza al alza.

Jon Nazca / Reuters
Mariano Rajoy y Celia Villalobos.

Que la experiencia es un activo y se obtiene con los años, "y punto pelota", se lo dijo hace unos días Celia Villalobos a Pablo Casado en el programa de Susanna Griso en Antena 3, pero es que la derecha ha tenido menos problemas con los añosos, y la propia Villalobos es un claro ejemplo, lo mismo que Rajoy o Ana Pastor, entre otros muchos.

Como en tantas otras ocasiones, todo depende del cristal con el que se mire la realidad. Desde el cristal de sus 35 años, Antonio Roldán Monés, el portavoz de Economía de Ciudadanos -uno de los dos partidos nuevos- y responsable de Programas y Áreas Sectoriales, "nunca" ha pensado "que este Gobierno fuera joven". "Es más, para mí le falta juventud. La frescura aparente se debe al contraste evidente con el Gobierno anterior, que parecía un Gobierno de Diputación Provincial. Estos tienen más recorrido internacional y dan una sensación más abierta".

El hecho de lucir canas o patas de gallo, tener experiencia sin ser antiguo, no es ya un lastre

Lo de un país de viejos, que no para viejos, entra en la argumentación lógica y así lo define el catedrático y politólogo Fernando Vallespín. "Es una tendencia política que ha llegado para quedarse y es natural. La Transición tenía que pilotarla alguien no implicado en la Guerra Civil (Suárez, Felipe), pero a medida que se ha ido asentando la democracia, ya no hacía falta tanta juventud. Yo recuerdo que Felipe González dejó la política con los mismos años que Schröder llegó a canciller. Ahora estamos normalizando lo que antes era un tabú, que los jóvenes tenían que ocupar un papel en la política. Creo que eso es bueno, lo patológico era que lo joven tuviera que ser lo bueno. Los que llegan ahora son gente experimentada, normal. Han sido alcaldes, presidentes de comunidad, con recorrido en vidas profesionales... como en el resto de las democracias asentadas".

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Felipe González en su juventud.

Para este catedrático de Ciencia Política y de la Administración, este avance tiene también su cara más oscura. Se trata de la "enorme brecha generacional que se ha originado en esta sociedad. Los que formamos la generación de la Transición llegamos a los puestos muy jóvenes (el propio Vallespín fue catedrático con 36 años, algo hoy casi impensable) y tenemos vidas profesionales muy largas. Este asunto, además, se ha cruzado con la crisis y su precariedad. Hoy, cuando se jubila un catedrático no se le sustituye por otro, sino por un ayudante de doctor. Este ejemplo de la Universidad se traslada a muchos ámbitos".

Son algunas de las razones que convierten en tendencia el hecho de que lucir canas o patas de gallo, tener experiencia sin ser antiguo, no sea ya un lastre. Al menos en los viejos partidos, PP y PSOE, pese al discurso que vende ahora Casado –"por sus ideas, Pablo es un joven muy viejo" apuntaba un miembro también joven de su partido hace unos días-, populares y socialistas no reniegan, necesitan a sus mayores. ¿Y qué hay del discurso de regeneración unida a juventud que vendieron los partidos nuevos?

La imagen del partido de Pablo Iglesias quedó vinculada a lo joven como garantía de limpio

Tanto el politólogo Vallespín como Sevilla tienen en mente a Manuela Carmena cuando se habla de juventud vinculada a Podemos, pero aunque es verdad que la jueza ahora alcaldesa de Madrid marcó tendencia, la imagen del partido de Pablo Iglesias quedó vinculada a lo joven como garantía de limpio.

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Pablo Casado.

En cuanto a Ciudadanos, Toni Roldán claro está que no comparte que Ciudadanos ya sea una organización envejecida, entre otras cosas porque mantienen "el impulso y la fuerza de lo no gastado y están muy lejos del cinismo de los que llevan mucho tiempo en política". "Si miro a mi equipo y a mí mismo -la mayoría bastante jóvenes- siento que tenemos más ganas de cambiar las cosas, somos menos cínicos que los experimentados. Por eso hablamos del 'efecto Macron', hace falta ser un poco soñador, incluso naif, para tener más empuje. He tratado con tres gobiernos y tampoco me parece que estos tengan una preparación extraordinaria, alguno sigue aún en las nubes. En cuanto a la edad, somos una sociedad envejecida y la clase política lo refleja, por eso precisamente se necesita gente joven".

La frescura que -por ahora- transmite el Gobierno de Sánchez- se debe también a la mayoría de mujeres por primera vez en un Gabinete

Fernando Vallespín defiende que lo que envejece antes es "lo nuevo". "El paradigma de la regeneración permanente no dura y un año de exposición mediática en las televisiones por ejemplo, envejece como 15 años reales. Somos una democracia añosa y nuestros políticos también, como nuestro Gobierno y nuestra sociedad en general". "Eso es la normalidad" con todas sus contradicciones, insiste el catedrático, preocupado a futuro por las frustraciones que genere "lo durables" que sean las generaciones de la Transición. "Es un tapón, asociado la crisis económica", añade.

La frescura que -por ahora- transmite el Gobierno de Sánchez- se debe también a la mayoría de mujeres por primera vez en un Gabinete, como destacaba la vicepresidenta Salgado, pero el efecto pasará. Mujeres maduras -la más joven es Carmen Montón, 42 años, la edad media del Gobierno de González en el 82- muy profesionales, con más carrera, que por ejemplo las jóvenes de Zapatero, Leyre Pajìn, la añorada Carmen Chacón o Bibiana Aído. Nombres que se diluyen hoy en el tiempo.

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