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10/07/2015 07:05 CEST | Actualizado 09/07/2016 11:12 CEST

Programa, programa, programa...

puebloEl programa que voy a defender en la campaña electoral lo conozco hasta en sus últimos entresijos y lo siento como algo realmente mío. Arranca de nuestras experiencias en este tiempo, de nuestro conocimiento de las necesidades de nuestro municipio, de nuestro contacto con los ciudadanos, sus expectativas y sus preocupaciones.

En estos días de vacaciones estoy aprovechando para preparar la edición impresa de nuestro programa electoral. Es la situación de los que somos miembros en un partido pequeño: el trabajo lo tenemos que hacer nosotros. No tenemos economía para encargar a otros que lo hagan. Pero esto me da también una ventaja: el programa que voy a defender en la campaña electoral lo conozco hasta en sus últimos entresijos y lo siento como algo realmente mío.

El programa con el que nos presentamos a estas elecciones ha visto la luz después de cuatro años de gestación. Tiene su base en el que presentamos a las últimas elecciones y es el producto de cuatro años de política. Arranca de nuestras experiencias en este tiempo, de nuestro conocimiento de las necesidades de nuestro municipio, de nuestro contacto con los ciudadanos, sus expectativas y sus preocupaciones. Esto ha llevado a un proceso institucional en la asamblea local del partido. Un comité propuso una redacción que se envió a todos los miembros del partido. En una asamblea general se discutieron las enmiendas y se votó el programa. El documento que yo hoy estoy pasando a limpio nace del trabajo y la reflexión política de toda la asamblea. Y a mí y a mis compañeros de candidatura nos toca ahora defenderlo.

Un programa electoral no es un documento que se oriente a ganar votos. Es la declaración de principios que va a guiar nuestro trabajo político en los próximos cuatro años. Tanto si ganamos las elecciones como si las perdemos, es nuestro compromiso político con nuestros electores: éstos saben lo que es importante para nosotros, por lo que vamos a luchar.

En Noruega hay una estructura en el tejido político que hace muy difícil la obtención de una mayoría absoluta. El pacto postelectoral es, así, una situación para la que todos tienen que estar preparados. Si el resultado de las elecciones nos diese la oportunidad de participar en una mayoría, entraríamos en negociaciones con nuestro programa sobre la mesa. Igual que los otros partidos. Y esa sería la base. El reparto de sillones es algo secundario y supeditado a los objetivos políticos. El resultado de esas negociaciones es siempre una plataforma política: un documento que se convierte en el programa político de la coalición para los cuatro años de mandato. Esa plataforma política se debate en el pleno del ayuntamiento y queda reflejada en su totalidad en el acta de sesiones. Los ciudadanos, los miembros de los partidos y la oposición sabe, a partir de ese momento, a qué atenerse en ese periodo, qué línea el gobierno municipal va a seguir.

Así que, tanto si ganamos como si perdemos, el documento que me ocupa en estos días no va a ser papel mojado. Lo que yo espero es que a mis conciudadanas y conciudadanos les guste y los convenza tanto como a mí.

Rafael Cobo es español pero vive en Noruega desde hace años. En este blog nos cuenta su experiencia como candidato del Partido Socialista Noruego a alcaldía de su pueblo. Puedes encontrar aquí la entradas anteriores.

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