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26/01/2016 07:08 CET | Actualizado 26/01/2017 11:12 CET

¡Chsssssss! ¡Que no oigo nada!

marEl silencio del mar desaparece a causa de la exploración sísmica que es necesaria para realizar mapas geológicos del subsuelo marino y saber si hay o no hidrocarburos, algo que se realiza con barcos provistos con cañones de aire comprimido que emiten sonidos muy elevados que atraviesan el agua y el subsuelo y rebotan hacia la superficie.

Foto: ISTOCK

Una de las características que más nos han maravillado del océano es el silencio, incluso el mítico oceanógrafo Jacques Cousteau llegó a rodar una película titulada El mundo del silencio. Los apasionados del mar conocen perfectamente esa calma inmensa cuando nos sumergimos hacia el lecho marino. Parece que se ha parado el tiempo y estamos explorando un mundo desconocido que nos aguarda callado. Lamentablemente, no es posible disfrutar de este espectáculo en una gran parte de las áreas costeras de nuestro planeta, y en las últimas décadas, se ha incrementado el nivel de ruido en todos los océanos.

Este hecho es debido principalmente a la exploración sísmica que es necesaria para realizar mapas geológicos del subsuelo marino, necesarios para confirmar la presencia o no de estructuras geológicas susceptibles de almacenar hidrocarburos. Esta exploración se realiza con barcos provistos con cañones de aire comprimido que emiten sonidos muy elevados que atraviesan el agua y el subsuelo y rebotan hacia la superficie; son de tanta intensidad que pueden escucharse a centenares de kilómetros de distancia. Estos ecos se procesan y constituyen una herramienta fundamental para elaborar los mapas geológicos.

Otros factores que también contribuyen al ruido submarino existente proceden de los sónares de buques de guerra, que utilizan frecuencias muy bajas (< 800 Hertzios) y viajan grandes distancias bajo el agua (> 100 kilómetros). Estos sónares afectan sobre todo a cetáceos, porque sus ondas de sonido provocan la vibración de las cavidades del cuerpo, en especial de aquellas que contienen aire en su interior. Este ruido se ha observado que interfiere en su comportamiento, llegando a interrumpir su alimentación e incluso se han registrado ballenas varadas con lesiones internas producidas por la acumulación de burbujas de gas, debidas a una subida repentina a superficie.

Todavía son necesarias más evidencias para llegar a afirmar sin ningún atisbo de duda este conflicto, aunque no se han observado varamientos masivos de cetáceos después de la prohibición de maniobras navales en ciertas áreas, como las Islas Canarias.

Los datos procedentes de las fuentes de ruido se han representado en el Mapa de Ruido Oceánico, que informa acerca de cómo el hombre es el responsable de la contaminación acústica de los océanos. En él podemos comprobar que el ruido se ha extendido por todos los océanos y que quedan pocas áreas que podrían considerarse libres de ruidos. Recientemente, varios investigadores han publicado un estudio donde identifican áreas que deberían ser tomadas en consideración a la hora de establecer reservas marinas en aquellas zonas que son silenciosas.

Una idea muy interesante...

Y ahora chsssssssssss, quédense callados sin hacer ningún tipo de ruido.

¿Cuánto tiempo ha transcurrido hasta que se ha roto el silencio?

¡Qué poco! ¿verdad?

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