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04/08/2013 09:24 CEST | Actualizado 04/10/2013 11:12 CEST

¡Cuidado con el Fondo Monetario Internacional!

Acabo de leer estupefacto que el FMI propone una reducción del 10% de los salarios en España, entre otras medidas para generar crecimiento y empleo (sic). Me pregunto sobre la legitimidad y autoridad de tal institución, el FMI, que junto con el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, los Grupos ad-hoc y las Agencias Internacionales de Calificación, conforman el madarinato global de las relaciones económicas y, por ende, políticas internacionales.

Acabo de leer estupefacto que el Fondo Monetario Internacional propone una reducción del 10% de los salarios en España, entre otras medidas para generar crecimiento y empleo (sic).

Dada mi impericia en cuestiones de macroeconomía, se me escapa la virtualidad de dichas medidas. Sin embargo, me pregunto sobre la legitimidad y autoridad de tal institución, el FMI, que junto con el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, los Grupos ad-hoc y las Agencias Internacionales de Calificación, conforman el madarinato global de las relaciones económicas y, por ende, políticas internacionales.

Me propongo exponer algunas razones para abolir o transformar radicalmente estas nefastas instituciones en aras de la erradicación de los problemas más acuciantes que afligen a los seres humanos: el hambre, la carencia de agua potable, el acceso a la atención médica y a los medicamentos esenciales, el desempleo, la desigualdad.

El FMI y el BM fueron creados como agencias especializadas de la Naciones Unidas. De acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, estas instituciones financieras debían ser controladas por el Consejo Económico y Social que supervisa la Asamblea General de la ONU. Si este acuerdo se hubiese mantenido, el FMI y el BM serían algo que rinde cuentas en un sentido más amplio que justo a los intereses bancarios del primer mundo. Pero ni el FMI ni el BM operan bajo el control de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como demanda la Carta de la ONU. Y es que el FMI y el BM no son democráticos ni en su funcionamiento interno ni en el impacto de sus políticas.

Funcionamiento interno: El principio de "un dólar, un voto". Cada país tiene un determinado poder de voto dentro del organismo, dependiendo del tamaño de su economía (PIB), cuenta corriente, reservas internacionales y otras variables económicas. Como decía Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía y antiguo economista jefe del Banco Mundial: "El principal problema que veo en el FMI y el BM es que los derechos de vote no están repartidos en base a los principios de cualquier sociedad democrática. La mayoría de los votes están en los países industrializados más ricos. En EEUU y en Europa nadie aceptaría el principio de que un dólar equivale a un voto. Pero éste es el principio que subyace en el FMI y en el BM. Cuanto más dinero tienes, más votos tienes ("The fundamental problem I see at the International Monetary Fund and the World Bank is that the voting Rights are not allocated on the principles of any democratic society. Most of the votes go to the wealthy industrial countries. In the United States and Europe no one would accept the principle that one dollar equals one vote. But this is the principle that underlies the IMF and the World Bank. The more money you have, the more votes you have". (Raising a Ruckus documentary by KQED television San Francisco, 2001).

Las decisiones se toman con una mayoría cualificada de 70%, aunque algunas decisiones (16 de 40) se toman con una mayoría calificada de 85%. Dado que Estados Unidos posee 16.74%, el sistema le otorga un poder de veto sobre las decisiones tomadas por el organismo financiero. Así, el FMI ha sido una correa de transmisión de la Secretaría del Tesoro de USA (históricamente, el director del FMI ha sido siempre un europeo pero lo aprueba en la práctica el gobierno federal de EEUU). Algo similar sucede con el Banco Mundial. Las suscripciones de capital son proporcionales a la riqueza de cada país determinando el número de votos de cada uno de estos: por ejemplo, a la fecha, EEUU controla el 16.38% de los votos; Japón el 7.86%, Alemania 4.48%, Francia 4.30%, Italia 2.78% y Gran Bretaña el 4.30%. En contraste 24 países africanos controlan juntos sólo el 2.85% del total.

Funcionamiento externo: una mirada histórica a su actuación muestra que sus prácticas no han promocionado las prácticas democráticas, aliándose con las élites privilegiadas de los países empobrecidos ("alianza" de las élites transnacionales) y debilitando las organizaciones sociales democráticas como los sindicatos, grupos campesinos y otras organizaciones cívicas: Filipinas de Marcos; Chile de Pinochet; Argentina y Guatemala de los generales; Haití de los Duvaliers; la familia real Saudí; el Zaire de Mobutu; ... Y ahora la Rwanda de Kagame o la Etiopía de Desalegne. ¿Hoy la España de Rajoy?

Y es que el principio operativo del FMI y del BM es el "desarrollo" a través de la inversión de las empresas y corporaciones privadas en los países del Tercer Mundo. Pero claro, el objetivo fundamental de las corporaciones es obtener beneficios para sus accionistas, no favorecer el crecimiento o la democracia en las áreas empobrecidas del planeta. Y estas grandes corporaciones transnacionales son las que marcan la agenda del FMI y del BM, reduciendo las restricciones a la movilidad de capitales a través de las fronteras y reduciendo los aranceles para sus productos. Se favorece así la visión (debidamente publicitada a través de la propaganda) de que los bajos aranceles incrementan el comercio y, automáticamente, producen mayor prosperidad para todos. Precisamente, el GATT (Acuerdo General para los Aranceles y el Comercio), precursor de la Organización Mundial del Comercio, se centró casi exclusivamente en la reducción de los aranceles que debía pagar el capital transnacional a los gobiernos. Esto produjo una de las mayores transferencias de riqueza de la historia de modo que cientos de billones de dólares que deberían haber ido a las manos de los gobiernos, acabaron en poder de las grandes corporaciones, contribuyendo a la crisis fiscal del estado y a la bancarrota del gobierno. ¿Sucederá así también en nuestro país?

EL FRACASO DEL FMI/BM/OMC

Claramente, los datos muestran que la desigualdad global es mucho más extrema hoy en día que al final de la II Guerra Mundial, cuando las instituciones económicas globales como el FMI y BM fueron creadas. Según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, el 20% de la población mundial consume el 86% de los recursos del planeta y el otro 80% de la población consume lo que queda. Pero es que, además, la evidencia comparativa constata que allá donde se han aplicado las políticas de ajuste estructural de estos organismos económicos internacionales, se ha producido un detrimento de los ingresos de la población (esta es la propuesta actual para España), una reducción de los servicios sociales, una merma de los procesos políticos de decisión democrática y, en definitiva, un empeoramiento de la situación general de la gente de esos países.

Y es que mientras el FMI/BM/OMC fuerzan a los países en desarrollo a adoptar políticas de libre mercado, ignoran un hecho histórico evidente: todos los países que se han industrializado con éxito y que han alcanzado unos estándares de vida para la mayoría de su población, no lo han hecho a través de un modelo de libre mercado, sino a través de la intervención estatal en la economía, con inversiones dirigidas por los gobiernos, control del comercio y ayudas a sectores elegidos de la economía. Así ha sucedido en Europa, China, Corea del Sur, Malasia, India, etc. Ni siquiera EEUU utiliza en puridad ese modelo (véase por ejemplo el subsidio a los productos agrícolas). No ha habido ningún país del mundo que haya roto con su subdesarrollo sin recurrir al proteccionismo. La evidencia de ello es abrumadora. Lo que el libre comercio y la desregulación de los mercados financieros y comerciales han favorecido son los intereses de las grandes corporaciones. Véanse al respecto las obras del economista Ha-Joon Chang: plantea que la gran mayoría de los países desarrollados usaron políticas económicas intervencionistas para enriquecerse, pero después intentaron prohibir que otros países hicieran lo mismo ("Retirar la escalera"). En palabras de otro economista, Jeffrey Sachs, hoy necesitamos más gobierno, no menos, que promueva la educación, la productividad y la cooperación global -y no que sirva únicamente a los intereses de los ricos.

La pregunta final es si la economía debe tener como objetivo la maximización del beneficio de las grandes corporaciones o bien la satisfacción de las necesidades humanas y la preservación del medioambiente. Claramente, ni el FMI, ni el BM, ni la OMC dan respuesta a esta disyuntiva de una manera democrática, con la participación y el control de las mayorías sobre las inversiones del capital. Estas instituciones mantienen un carácter tan profundamente antidemocrático y están ligadas tan estrechamente a los intereses de los bancos, las corporaciones y las élites, que no cabe sino su abolición o su profunda reestructuración en términos de una gestión democrática y planificada de la economía global.

Por tanto, los principios de las nuevas instituciones económicas globales deberán estar basados en los derechos humanos establecidos en la Declaración de 1948 (como el derecho a comer o el derecho a la atención sanitaria), de modo que puedan promulgar legislación que subordine los intereses comerciales privados a la satisfacción de los derechos humanos que garanticen una existencia libre de necesidades.

Más aún, ¿haría falta una institución para transferir fondos desde los países ricos a los países pobres? Quizá no si la riqueza del sur no fuera sistemáticamente saqueada a través del pago de intereses de préstamos ilegítimos, de la repatriación de beneficios por parte de las corporaciones transnacionales, de la explotación de los recursos naturales, de la fuga de cerebros de personal cualificado hacia los países industrializados, etc. etc. No olvidemos que los países empobrecidos pagan anualmente a las clases dirigentes de los países ricos mucho más dinero del que reciben de ellas en forma de créditos de cooperación, inversiones, ayuda humanitaria o fondos para el desarrollo. Es un sinsentido. Los tipos de interés son entre 5 y 7 veces más elevados que los que se practican en los mercados financieros. Y aunque la mayoría de los países afectados paga escrupulosamente en los plazos previstos, su deuda externa no deja de aumentar. Así, se produce una enorme desproporción en la mayor parte de los estados del Sur entre los gastos presupuestarios asignados a los servicios sociales y los que se consagran al pago de la deuda, según datos del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, consultados el 2 de agosto de 2013).

Ahora que llevo un tiempo indagando sobre los riesgos, la idea de precaución, los temores sociales, la gestión de la incertidumbre, se me enciende la alarma hacia estas instituciones económicas globales: ¡CUIDADO CON EL FMI!