ECONOMÍA
27/07/2012 12:06 CEST | Actualizado 27/07/2012 13:30 CEST

"Quieren acabar con el gremio taxista" (FOTOS)

Getty Images

El sol cae a plomo en Madrid. A escasos metros del Museo Reina Sofía están Alberto y su taxi. Lleva tres cuartos de hora esperando un pasajero. El calor alcanza los 35 grados. Cuando pone en marcha el coche apenas se percibe el aire acondicionado. Los tiempos no están para gastar, se lamenta.

En los compartimentos del vehículo lleva algunas hojas con la convocatoria para la protesta de este viernes en Madrid y el paro nacional de taxistas del 1 de agosto. Ambas tienen un objetivo común: luchar contra la modificación de la Ley de Ordenación de Transportes, explica el pequeño documento, que advierte de que el sector sería liberalizado con estos cambios.

Alberto tiene palabras más sencillas para explicarlo: “Cualquier persona con un coche podría hacer el servicio de taxi. Se cargan al gremio totalmente”. Con las modificaciones un vehículo no necesitaría un taxímetro regulado por el Ayuntamiento para establecer tarifas para los pasajeros.

Los números rojos del taxi de Alberto ya marcan 3,50 euros al lado de una bandera española. Empieza a contar cómo afectan los cambios a la ley a los pasajeros. En el vaivén, los pasajeros no se enteran de si las tarifas de taxi suben o bajan, si son compatibles con su trayecto o no, reconoce Alberto, y si las modificaciones a la ley se aprueban ya no existirá ni la garantía de que el taxi está regulado.

POCAS GANANCIAS

Ser taxista es duro. La espera es larga y las ganancias son pocas. Para contarlo el conductor prefiere relatar la historia del compañero con el que esperaba en el Reina Sofía. “Lleva el hombre desde las siete de la mañana y apenas ha ingresado 70 euros. Tiene que conseguir 85 para pagarle al dueño del coche, más la gasolina. A las siete de la tarde empezará a trabajar para él”.

Unas 16 horas al volante casi no alcanzan para cubrir los gastos del día. Y el IVA todavía no sube. “Así la gente vive amargada, llevan 12 o 13 horas trabajando y no llevan nada para ellos”. Para Alberto la liberalización catapultará a más personas a la cola del paro. Y los primeros, augura, serán los que han tramitado licencias durante años.

CON EL FRENO DE MANO

El taxi de Juan Martín avanza con el motor apagado. Mueve el coche bajando el freno de mano. Lo empuja y espera a que llegue algún cliente en una larga cola de taxistas. Hasta que tenga un pasajero abordo no merecerá la pena poner el vehículo en marcha.

Este viernes irá a la protesta y el 1 de agosto no trabajará para que no le rompan el coche, pero también porque está en contra de los cambios a la ley. Tiene tres hijas y, aunque no está ahogado por una hipoteca como otros compañeros, quiere que el dinero que gana como autónomo alcance para cubrir los gastos necesarios del hogar. “No he dejado de pagar nada, pero en cuanto lo haga les voy a dejar que tiren por donde quieran”, comenta con resignación.

A su juicio, el tema ya no es sólo los taxistas, sino lo que está ocurriendo en toda España a raíz de la crisis económica. Conduce por la calle de Alcalá, llena de pequeños comercios, y no consigue explicar cómo las grandes compañías registran ganancias mientras los ciudadanos como él tienen que pensarlo dos veces para gastar en algo. “Aquí es como el ejército de Pancho Villa, cada quién que haga lo que quiera. Les ha gustado la palabra liberalizar“, sugiere sobre los recortes que, desde su punto de vista, representan el desorden.

España está mal, sostienen todos los taxistas. Lo escuchan a diario en la radio mientras conducen, y muchos prefieren evitar el tema hablando del clima. Pero la conversación siempre vuelve, inevitablemente, a la crisis. “Rajoy no puede decir que no sabía cómo estaban las cosas. Que no lo sepamos nosotros, bueno, pero ellos lo sabían perfectamente”, comenta Juan.

EL ORIGEN DE TODOS ESTÁ EN ZAPATERO

Cada taxista tiene una postura distinta sobre los errores del Gobierno, pero todos tienen claro que empezó con la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. Carlos da vueltas lentamente por el centro de la ciudad para encontrar pasajeros mientras escucha la radio de los taxistas. Le gusta estar informado y aprovecha los tiempos de espera para leer la prensa.

“Los recortes son necesarios para cuadrar la situación en la que estamos. El Estado tiene unos gastos y esos gastos se tienen que cumplir vía impuestos, ingresos y recortes”, explica con tranquilidad.

Se imagina la deuda del país, la recalcula varias veces y, aunque no la consigue definir con exactitud, llega a la conclusión de que generar igualdad en España llevará mucho tiempo. Como el resto de los gremios que han salido a protestar en las últimas semanas, los taxistas también demandan respeto por parte del Gobierno de los derechos que han conseguido a lo largo del tiempo.

Carlos detiene el taxi antes de cobrar la tarifa, piensa unos minutos y propone una solución: “Hay que cribar todo el sistema y que quede lo que es necesario para funcionar. Y a partir de ahí, recortar. Todo lo que se ha dilapidado es por lo políticos”.

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