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14/06/2015 19:16 CEST | Actualizado 14/06/2015 19:16 CEST

Cómo fabricar un dinosaurio en seis pasos

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Casi parece que llevamos esperando desde el Mesozoico, pero por fin ya está aquí la película Jurassic World. Desde que la primera parte de la franquicia Parque Jurásico llegó a las pantallas en 1993, la saga ha pasado bajo la lupa de los científicos, que han valorado la recreación gráfica de los grandes reptiles del Cretácico. En aquella ocasión se elogió la fidelidad en el retrato de los dinosaurios. En cambio, ahora algunos expertos han lamentado que Jurassic World no incorpore el hecho de que muchos dinosaurios tenían plumas, algo aún desconocido en 1993.

Pero claro está, el principal escollo científico de la película es la premisa original de la novela de Michael Crichton: la clonación de los dinosaurios. En su día ya se descartó la posibilidad de obtener un ADN lo suficientemente intacto del estómago de un mosquito encerrado en ámbar. Veintidós años después, ¿cuánto hemos avanzado en las opciones de clonar a los dinosaurios? Esto es lo que hoy puede hacer la ciencia, y lo que podría hacer en un futuro no tan lejano.

1. PUNTO DE PARTIDA: EL POLLO

Uno de los aspectos más criticados de Parque Jurásico fue la extraña elección de la rana como animal donante para rellenar los huecos perdidos en el ADN de los dinosaurios. Esta opción era un truco de la trama: dado que los científicos solo creaban hembras para impedir su reproducción, era preciso dejar una brecha que permitiera la inesperada aparición de los machos. Algunos animales, como ciertos peces, poseen una curiosa cualidad llamada hermafroditismo secuencial por la cual los individuos pueden cambiar de sexo a lo largo de sus vidas. Uno de los animales con esta capacidad es la rana bermeja (Rana temporaria), cuyas hembras pueden transformarse en machos.

La elección de la rana bermeja está muy justificada desde el punto de vista argumental, pero muy poco desde el científico: los anfibios separaron su camino evolutivo del de los reptiles antes que los mamíferos (371 millones de años frente a 296). Lo cual quiere decir que si los investigadores buscaban un animal lo más próximo posible a los dinosaurios, habrían acertado más escogiendo a un humano que a una rana. Pero hay otra alternativa mejor: ya en el siglo XIX se propuso una estrecha relación entre dinosaurios y aves, y hoy la mayoría de los paleontólogos reconocen que las aves son dinosaurios.

Así, en lugar de intentar extraer el ADN de un dinosaurio de las tripas de un mosquito y abordar la casi imposible tarea de reconstruir todos sus cromosomas rellenando los huecos con material de rana, parece mucho más factible y lógico partir de un dinosaurio actual y tratar de intervenir en su desarrollo para dinosaurizarlo aún más. Esta es la idea de Jack Horner, paleontólogo de la Universidad de Montana (Estados Unidos) y del Museo de las Rocosas. Horner ha actuado como asesor científico de la saga Parque Jurásico, y desde el momento en que conoció el guión de la primera película comenzó a gestar su idea: transformar un pollo en algo más parecido a un dinosaurio del Mesozoico. Así nació el proyecto del pollosaurio, tal como lo llama el propio Horner.

2. CAMBIAR LA COLA DE POLLO POR COLA DE DINOSAURIO

Horner ha analizado qué cambios genéticos llevaron de la cola larga de los dinosaurios a la corta de los pájaros, “un fenómeno particularmente crítico en la evolución de las aves”, escribían el investigador y sus colaboradores en julio de 2014 en la revista EvoDevo. Las aves tienen una cola corta con las últimas vértebras fusionadas, a diferencia de los ratones y los dinosaurios. Estudiando mutaciones en ratones, los científicos encontraron un par de docenas de cepas mutantes que poseen colas similares a las de las aves, cortas y fusionadas, logrando después identificar los genes implicados y abriendo la posibilidad de modificar este proceso a voluntad.

3. CAMBIAR EL PICO POR HOCICO CON DIENTES

La idea de Horner no consiste tanto en modificar genes, sino en regular su acción a lo largo del crecimiento embrionario en determinadas partes de la anatomía para decidir, por ejemplo, si el embrión desarrolla un pico o un hocico. En esta línea, y comparando la anatomía de la cabeza en aves y dinosaurios, investigadores estadounidenses. han probado a inhibir distintos genes que se manifiestan en la formación del rostro durante el desarrollo embrionario del pollo y de otras aves, pero no de los reptiles actuales ni de los mamíferos. Así han obtenido embriones que, en lugar de pico, muestran un hocico similar al de pequeños dinosaurios como el Velociraptor o el Archaeopteryx.

Aún faltan los dientes, pero esto ya se había logrado antes. En 2006, investigadores de la Universidad de Wisconsin (EE. UU.) descubrieron por casualidad que los embriones de pollo portadores de una mutación llamada talpid2 desarrollan dientes similares a los de los cocodrilos y los ancestros que estos comparten con aves y dinosaurios no aviares, los arcosaurios.

4. CAMBIAR LAS PLUMAS POR ESCAMAS Y LAS ESCAMAS POR PLUMAS

Aunque hoy sabemos que muchos dinosaurios poseían plumas, un estudio publicado este mes ha recopilado los datos conocidos sobre la piel de estos animales y ha determinado que “lo más probable es que los dinosaurios más primitivos tuvieran la piel escamosa, sin adornos de plumas o sus precursores, y que esto se conservara en la mayoría”. Así pues, el pollosaurio debería cambiar plumas por escamas para acercarse al aspecto más ancestral.

En 1980, investigadores de la Universidad Científica y Médica de Grenoble (Francia) trataron embriones de pollo con ácido retinoico, un derivado de la vitamina A que es crucial en el desarrollo temprano. Tras el tratamiento, a los embriones les crecían plumas en las patas, mientras que las plumas del cuerpo degeneraban en estructuras escamosas. Esto se asemeja al caso de algunos dinosaurios: el pequeño Microraptor, un antecesor de las aves, tenía largas plumas solo en sus cuatro extremidades, que posiblemente utilizaba para planear.

5. CAMBIAR LAS ALAS POR BRAZOS

Nuestro pollosaurio aún sigue teniendo alas en lugar de brazos. Esta transformación parece complicada, pero lo es menos desde que un estudio publicado en septiembre de 2014 por investigadores de la Universidad de Chile en Santiago consiguiera resolver un crucigrama evolutivo que hasta ahora había desafiado a los científicos: determinar cuáles fueron los cambios anatómicos que transformaron un brazo relativamente rígido y corto, con nueve huesos en la muñeca, en un ala larga y muy flexible que conserva solo cuatro de los nueve. Queda por delante, como en los casos anteriores, descubrir cuáles son los mecanismos genéticos implicados en el desarrollo del ala del pollo.

6. MÁS ALLÁ DEL POLLOSAURIO

El proyecto de Horner no daría como resultado un clon de un dinosaurio extinto, sino un dinosaurio actual (un ave) más parecido a sus ancestros y parientes del Mesozoico. Ir más allá, señala el científico, requeriría intervenir quirúrgicamente sobre el ADN del pollo para revertir lo que la evolución ha hecho con sus genes. Pero conocer cómo eran los genes de los antiguos dinosaurios es más complicado que en Parque Jurásico.

Hoy la genética y los modelos informáticos permiten comparar el ADN de varias especies actuales con distinto grado de parentesco y averiguar cómo eran los genes de sus ancestros comunes. En 2002, investigadores de la Universidad Rockefeller de Nueva York (EE. UU.) reconstruyeron el gen de la rodopsina, una molécula de la retina implicada en la visión, tal como era hace 240 millones de años en los arcosaurios. En diciembre de 2014, un equipo internacional de científicos secuenció los genomas de tres especies de cocodrilos y los comparó con varios de aves para reconstruir parcialmente el genoma del ancestro común de los arcosaurios.

Pero tampoco es descabellado pensar que algún día puedan recuperarse secuencias genéticas de restos fósiles. Recientemente, los científicos están logrando identificar componentes originales de tejidos blandos de los fósiles, lo que ha permitido saber de qué color eran las plumas de varios dinosaurios y aves que vivieron hace millones de años. Las actuales técnicas de espectrometría de masas han revelado secuencias de fragmentos de proteínas del tiranosaurio, y el propio Horner ha obtenido secuencias de colágeno de un hadrosaurio de hace 80 millones de años. Este mes, un grupo de investigadores británicos ha descrito restos de aminoácidos (los componentes de las proteínas) y estructuras de glóbulos rojos de la sangre en ocho huesos de dinosaurios del Cretácico. Con futuras técnicas moleculares más sofisticadas, quién sabe hasta dónde podría llegarse. El camino de regreso hacia los dinosaurios es más que una fantasía y, en opinión de Horner, “estamos a un 50% de llegar allí”.

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