VIRALES
10/05/2018 08:43 CEST | Actualizado 10/05/2018 14:36 CEST

La camarera rusa de 'First Dates' le trae una almeja y un cuchillo y ella protagoniza el momento más guarro de la historia

"Mi almeja ahora mismo está así... pero puede que si te lo curras un poquito... ¡Plin!" (abre la almeja)

Silvia, tatuadora alicantina de 27 años, protagonizó uno de los momentos más ¿eróticos? que ha vivido First Dates en toda su historia. Frente a La Gitana Satánica, que así se hacía llamar, estaba Rubén, un chaval de 26 años de estética más o menos heavy que, todo hay que decirlo, le seguía el juego a su cita que daba gusto verlo.

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CUATRO

Tras una toma de contacto inicial, un estremecedor eructo de Silvia, y tras dejar claro ella que siente debilidad por "las travestis cubanas heavies", llegó la camarera rusa del programa, Yulia Demoss, con unas almejas. Y con los bichitos llegó la fiesta de dos rombos:

- Silvia. A ver si quieres chupar alguna (almeja).

- Rubén. Jajajajajajajaja

- Silvia. Lá más gorda. ¿Es una indirecta?

- Rubén. ¡Tú qué crees! Pues sí. Pero es que me miras con esa cara...

- Silvia. De curiosona...

- Rubén. Y cualquiera diría que estás desesperada...

- Silvia. Estoy desesperada... pero por irme a mi casa.

- Rubén. (Deja la concha de la almeja en el plato de ella).

- Silvia. Y me la dejas en el plato... ¿Qué desfachatez es esa?

Ante la cámara, el chaval parecía encantado: "Está más en el bando descarado que en el femenino, pero tiene un encanto que no todos pueden llegar a apreciar", aseguró Rubén.

CUATRO

Entonces, llegó el cénit de la noche. Un momento que no sabríamos si clasificarlo en la estantería de las películas eróticas o en las gore. Silvia cogió una almeja cerrada y, con un cuchillito, la abrió sugiriendo a su cita la siguiente escena:

- Silvia. Mi almeja ahora mismo está así...

- Rubén. Cerrá...

- Silvia. Pero puede que si te lo curras un poquito... ¡Plin! (abre la almeja) menos mal que no está vacía...

- Rubén. ¿Es una indirecta?

- Silvia. Tú qué eres... ¿Tó pulpaco?

- Rubén. ¡Hombre, por favor...!

- Silvia. Mira lo que gotea aquí... justo.

- Rubén. ¿Está bueno?

- Silvia. Tú sí que estás bueno... de espaldas

- Rubén. Vale, y a cuatro patas contra la pared.

CUATRO

Y así, en todo lo alto, y con un jugueteo con el helado y la entrepierna de él mediante, encararon la sentencia final. Ambos tenían claro que, con ellos, las risas estaban aseguradas. Pero de ahí a que pudiera saltar la chispa había un trecho: "No tendría una segunda cita con Rubén porque somos más colegas de oficio y beneficio, y de golfeo y cachondeo... pegamos como supercolegas pero no como pareja", argumentó ella, ante el gesto afirmativo de él, que apostillo que "para tomar unas birras...".

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