INTERNACIONAL
26/05/2018 09:59 CEST | Actualizado 26/05/2018 10:02 CEST

Cinco claves para entender lo que está en juego en las elecciones de Colombia

Santos deja la presidencia y dos candidatos se la disputan: el conservador Duque y el izquierdista Petro.

Iván Duque, uribista, y Gustavo Petro, de la izquierda, son los dos candidatos mejor situados ante las elecciones de este domingo en Colombia.
Henry Romero / REUTERS
Iván Duque, uribista, y Gustavo Petro, de la izquierda, son los dos candidatos mejor situados ante las elecciones de este domingo en Colombia.

Este domingo, 27 de mayo, Colombia debe elegir en las urnas a quién quiere como presidente para los próximos cuatro años. Se acaba el tiempo del actual mandatario, Juan Manuel Santos -que ya ha cumplido sus dos mandatos y ha anunciado que deja la vida política- y la pelea se reduce básicamente a dos candidatos: Iván Duque, conservador del partido Centro Democrático, y Gustavo Petro, de la izquierda de Colombia Humana. No obstante, las encuestas pronostican que para que uno de los dos cante victoria deberemos esperar hasta el 17 de junio: si ninguno logra el 51% de los votos en estos comicios, hará falta una segunda vuelta.

A continuación te explicamos las claves de unas elecciones que llegan en un momento de encrucijadas para Colombia, con el proceso de paz con las guerrillas abierto, pendiente del desarrollo de una clase media cada vez más estable, de los nuevos movimientos de derechos sociales que reclaman su lugar y de la guerra contra el narcotráfico, aún por ganar.

1. El proceso

Según ha informado el gobierno colombiano, son 36,2 los millones de ciudadanos que podrán votar este domingo y elegir a su presidente y a su vicepresidente. Los colombianos en el exterior también tienen voz, hay 819.398 viviendo fuera que están habilitados para votar, siempre que se hayan inscrito previamente en el censo electoral.

Dependiendo de los resultados de este domingo, habrá o no segunda vuelta. Si ninguno de los seis candidatos oficialmente registrados obtiene la mitad más uno de los votos que depositen los ciudadanos, deberá celebrarse una nueva jornada electoral tres semanas más tarde. En esa ocasión ya únicamente solo participarán los dos aspirantes que hayan obtenido las votaciones más altas y será declarado presidente quien se lleve la mayoría de los votos.

Esta vez hay novedades importantes: el candidato que gane (ahora o en junio) no podrá aspirar a un segundo mandato, ya que el Congreso eliminó en 2015 la reelección. Esto enfada especialmente a Iván Duque, uribista, es decir, seguidor del expresidente Álvaro Uribe, que es quien hace más de una década aprobó la extensión de legislaturas.

2. Los principales candidatos

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Gustavo Petro e Iván Duque se saludan en un foro ambiental celebrado en enero en Bogotá.

Aunque son seis los candidatos que podrán marcar los colombianos -siempre después de identificarse con su cédula de ciudadanía o amarilla con hologramas, como se la conoce popularmente-, los que tienen posibilidades reales de imponerse son Duque y Petro. El giro que ambos proponen para su nación no puede ser más diferente.

Iván Duque (41 años) es el favorito en las encuestas. Cuando fue elegido como cabeza de lista de su formación apenas tenía un 4% de apoyos populares, pero con el impulso del poderoso Uribe ahora llega al 35% en los sondeos de opinión de los principales medios, lo que supone 10 puntos más que su inmediato competidor, Petro. El candidato del Centro Democrático es abogado, formado en universidades de EEUU como Georgetown, fue senador durante cuatro años, trabajó como asesor en el Ministerio de Hacienda y en el Banco Interamericano de Derechos Humanos.

Uno de sus retos principales es el de demostrar que no es una marioneta. Que su padrino es Uribe, pero que el expresidente no lleva las riendas de su proyecto. Por eso enfatiza que es "de otra generación" y promete "un tiempo nuevo". En sus mítines, en los que se muestra sonriente y dicharachero, plantea una "reforma a fondo" de la política nacional y garantiza más emprendimiento y menos corrupción, desde posturas neoliberales y siempre defendiendo la alianza firme con Washington. La paz con las FARC no le gusta nada, por lo que se teme que ralentice o bloquee la aplicación del acuerdo que firmó Santos (y que le valió hasta el Nobel de la Paz).

Gustavo Petro (58 años) es la verdadera revolución de estos comicios. Hace décadas que no llega tan alto un candidato claramente progresista. Exguerrillero del movimiento 19 de Abril, antiguo alcalde de la capital, Bogotá, senador y diplomático (unas amenazas de muerte le hicieron buscar trabajo en Bélgica), no procede de familia política alguna, pasó en su juventud por los calabozos y denunció torturas. Ha elogiado públicamente a Hugo Chávez, pero también se ha desmarcado de su sucesor, el presidente venezolano Nicolás Maduro. La derecha avisa de un "colapso" si vence su Colombia Humana, porque en el programa lleva decisiones insólitas, como el aumento de impuestos a tierras sin uso. "Comunista" y "castrochavista", le dicen.

La nueva visión de este economista, que expone con seriedad y solemnidad, atrae especialmente a los jóvenes: apuesta por cambiar las energías fósiles por limpias, por no encarcelar a los drogadictos sino darles tratamiento, por permitir la adopción para parejas homosexuales, por atender la pobreza y "acabar con el odio" instalado en el país.

Petro ha denunciado en los últimos días que se está fraguando un fraude electoral, porque el software que se utilizará en los comicios no ha sido revisado y misión que envió la Unión Europea a Colombia no tiene la capacidad para hacerlo.

Henry Romero / REUTERS
Gustavo Petro, Iván Duque, Germán Vargas Lleras, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, posando antes del debate organizado el 24 de mayo por el diario 'El Tiempo'.

La pugna es cosa de dos, pero también es interesante conocer a los otros candidatos, por las sorpresas que pueda haber o la influencia que puedan tener en las políticas por venir. El más destacado es el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, candidato de #MejorVargasLleras, que decidió lanzarse a la carrera con un programa de centroderecha y respaldado por Cambio Radical, el partido que lideró durante años. Fue concejal de Bogotá, senador en cuatro periodos diferentes y tres veces ministro en los últimos dos gobiernos.

Humberto de la Calle, por su parte, se presenta con la Coalición Partido Liberal Colombiano-Partido Alianza Social Independiente. Fue el jefe negociador por el gobierno en los diálogos de paz alcanzados con la guerrilla de las FARC. También ejerció como fue vicepresidente durante dos años (aunque renunció al cargo), fue ministro del Interior y embajador en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Por Coalición Colombia acude a las urnas Sergio Fajardo, que fue gobernador del departamento de Antioquia entre 2012 y 2015 y alcalde de Medellín entre 2004 y 2007. En 2010 ya aspiró a la vicepresidencia como contraparte de Antanas Mockus.

Finalmente, Jorge Antonio Trujillo, el candidato por el Movimiento Político Todos Somos Colombia, es un pastor cristiano, con doctorado en Teología y fundador de la Iglesia Centro Cristiano Casa de Reino y del Centro Cristiano Monte de Sion, que fue senador entre 2006 y 2010.

3. La paz, clave

Jaime Saldarriaga / Reuters
Rodrigo Londoño, líder de las FARC, y Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, en el acto de abandono de las armas por parte de la guerrilla en Mesetas, en junio de 2017.

La marcha de Santos está generando un intenso pulso entre el uribismo y la izquierda a propósito del proceso de paz con las guerrillas colombianas. ¿Hay que negociar con ellos? ¿Hay que mantener los acuerdos actuales? La presencia en el país andino de grupos paramilitares ha marcado la historia contemporánea de Colombia, así que es obvio que todos los actores políticos tienen algo que decir y que el tema es troncal en la campaña.

El anuncio de las negociaciones entre el Ejecutivo de Santos y la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), fue celebrado tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, sorprendentemente, hubo una mayoría que se manifestó en contra de ratificar ese pacto, porque se extendió el relato de Uribe de que se habían hecho demasiadas concesiones a la exguerrilla, cuyos miembros habían escapado "impunes". Pese a ello, en febrero del pasado año, se proclamó el fin de 52 años de conflicto y el advenimiento de la convivencia.

Las FARC anunciaron de seguido que emprendían la vía no violenta, la de la política, y que se creaba un nuevo partido con su nombre e ideología. Sin embargo, la violencia ejercida sobre los militantes del partido durante la precampaña y el poco apoyo electoral recibido en los comicios municipales de marzo llevaron a que la cúpula del partido decidiera retirar de su candidatura presidencial a Rodrigo Londoño Timochenko (que además arrastra serios problemas de salud), contando la FARC los próximos cuatro años con la representación pactada en el Acuerdo.

Posteriormente, Santos ha impulsado también el acercamiento a la guerrilla del ELN, pero el proceso está atravesando numerosos contratiempos. Para el uribismo, este proceso de paz ha sido esencial, ya que ha afianzado su discurso, el de una de las vertientes políticas tradicionales del país y que que aglutina a los más reaccionarios. "No se trata de destruir o hacer trizas los acuerdos", dijo el candidato Duque a El País. Pero parece claro que, si gana, tratará de revisar los términos de estos pactos.

También es importante lo que piensan de ello en el colectivo de cristianos y evangélicos del país, que inclinaron la balanza en favor del no en el referéndum sobre el acuerdo de paz.

4. La abstención

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Manifestación de universitarios a favor del acuerdo de paz Gobierno-FARC, en Bogotá, en septiembre de 2016.

Entre los convocados a las urnas hay unos 12 millones de colombianos de entre 18 y 28 años. Esta franja de edad supone un problema de cara a la abstención, pues solo cuatro de cada diez jóvenes ejercen su derecho a voto en Colombia, según el Ministerio del Interior. Los motivos son varios, pero destaca la poca tradición de votar en el país, así como la desconfianza democrática, apunta Notimérica.

Según el Barómetro de las Américas -llevado a cabo por este ministerio y el Observatorio de la Democracia de la Universidad de Los Andes- seis de cada diez jóvenes no confían en las instituciones democráticas y siete de cada diez considera que los gobernantes no están interesados por sus verdaderos intereses y opiniones.

En cambio, los que participen pueden marcar la diferencia: en las zonas rurales el desapego es mayor pero en las zonas urbanas el fenómeno Petro está calando con fuerza en los nuevos profesionales, los estudiantes y el movimiento social juvenil.

5. La supervisión

MicroStockHub via Getty Images

Estas elecciones contarán con un importante y variado despliegue para garantizar que la jornada se desarrolla con normalidad y que el proceso es absolutamente garantista. La Unión Europea ha enviado una misión de expertos electorales. Desde el pasado 4 de mayo está ya "revisando técnicamente las diferentes etapas en el proceso electoral", dice el gobierno, incluyendo una prueba del programa necesario para el recuento y un par de simulacros.

A ella se suma a misión de Misión de Veeduría Electoral (MVE) de la Organización de Estados Americanos, desplegada desde el 16 de mayo, y otros 78 observadores para estar sobre el terreno. La Association of World Elections Bodies (A-WEB), Mercosur, el Parlamento Andino, y la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE) también tendrán presencia en esta cita con las urnas.

Por parte de las autoridades locales, se ha activado a 3.000 observadores de la Misión de Observación Electoral (MOE), 4.000 funcionarios de la Procuraduría General, del Defensor del Pueblo y funcionarios municipales, 5.000 funcionarios de la Fiscalía General de la Nación y 240.000 soldados que se dispondrán para cuestiones de mera seguridad.

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