POLÍTICA
10/11/2018 10:42 CET | Actualizado 10/11/2018 10:42 CET

¿Boixos nois: vuelven los ultras del Barça?

Agresiones, peleas, incidentes con la policía... Los seguidores radicales barcelonistas han protagonizado diversos incidentes durante las últimas semanas

Aficionados encendiendo una bengala antes de un Barça - Atlético de Madrid, en febrero de 2017.
Gonzalo Arroyo Moreno via Getty Images
Aficionados encendiendo una bengala antes de un Barça - Atlético de Madrid, en febrero de 2017.

¿Vuelven los Boixos Nois o es que nunca se fueron? Después de unos años de perfil bajo tras el descabezamiento policial de sus líderes, los aficionados radicales del Barça se han vuelto a dejar ver durante las últimas semanas.

El pasado 19 de septiembre apalizaron a un aficionado del PSV Eindhoven en los aledaños del Camp Nou. Un mes después, el 29 de octubre, hubo incidentes con los Mossos tras cortar una calle horas antes del enfrentamiento con el Real Madrid en Barcelona. El pasado fin de semana, un grupo de ultras culés se desplazó hasta Vallecas y protagonizó una batalla campal contra los Bukaneros, los seguidores radicales del Rayo Vallecano, que se saldó con tres heridos.

En el FC Barcelona viven con preocupación el 'resurgir' de los ultras, si bien tanto fuentes policiales como del club reconocen que nunca dejaron de existir. "Nosotros les prohibimos la entrada al estadio en 2005 pero el grupo sigue existiendo", explican desde el club, "tenemos poca influencia en lo que pueda ocurrir en la calle o fuera de nuestras instalaciones". Desde el Barça, no obstante, aseguran que han abierto igualmente una investigación para determinar si entre los participantes en la reyerta de Vallecas había socios de la entidad.

Según el Ministerio del Interior, hay unos 10.000 ultras en todo España. De estos, los Mossos d'Esquadra calculan que unos 400 o 500 pertenecen, con mayor o menor vinculación, a los Boixos Nois. "Unos 40 o 50 siguen accediendo al estadio cada fin de semana", cuentan desde la policía catalana, "pero lo hacen en grupos pequeños y a título personal. Es muy difícil de controlar o identificar".

Según la policía y miembros del entorno ultra consultados, los Boixos que han protagonizado los incidentes de los últimos días son una mezcla de savia nueva junto a algunos veteranos que pasan de la treintena y siguen vinculados al colectivo radical.

Tanto el Barça como el Madrid decidieron expulsar a sus ultras de sus estadios hace ya más de una década y sustituirlos por equipos de animación desvinculados del mundo ultra. Desde entonces, los Boixos Nois tienen prohibido acceder juntos al estadio y exhibir sus banderas, pancartas e incluso sus bufandas. La relación entre la directiva barcelonista y sus ultras, no obstante, siguió siendo convulsa unos años más.

Cuando Joan Laporta los decidió vetar, en 2005, recibió amenazas de muerte y pintadas en su domicilio. Los Boixos incluso llegaron a ofrecer 30.000 euros por darle una paliza al que fuera presidente del club. Años más tarde su sucesor, Sandro Rosell, intentó impulsar una grada de animación ajena a los ultras. Pero los Mossos d'Esquadra vetaron a buena parte de los nombres incluidos en esa lista por su vinculación con los Boixos Nois. A su vez, se publicaron cartas entre Rosell y los Boixos en las que el presidente se comprometía a impulsar esa grada joven a cambio del apoyo de los ultras durante las elecciones a la presidencia del club.

A pesar del veto en el Camp Nou y en el Bernabéu, en el resto de equipos estos seguidores radicales siguen teniendo una fuerte influencia por el ambiente hostil que generan en el campo contra el equipo visitante. El fenómeno dista mucho de la relevancia que tuvo en los 90, pero todavía existen grupos ultras consolidados en los estadios del Atlético de Madrid (probablemente el grupo más numeroso), Rayo Vallecano, Deportivo de La Coruña, Valencia, Sporting de Gijón, Betis, Sevilla, Athletic de Bilbao y Osasuna, entre otros.

Auge y caída de los Casuals

"Los Boixos Nois, al fundarse en 1981, no tenían vinculación con el mundo neonazi", cuenta un miembro retirado que acompañó al grupo durante finales de los 90 y principios de los 2000. "Pero los Casuals fueron tomando el control del grupo a mediados de los 90 y al final acabaron desbancando a los fundadores originales, que seguían ahí pero sin el poder que tenían antes".

Los Casuals son una sección de los Boixos Nois creada a principios de los 90. Su nombre proviene de la decisión de abandonar la estética skinhead para no llamar la atención de la policía. En pocos años, los miembros de esta sección se hicieron con el control de los Boixos, a los que dotaron de un perfil neonazi que no había tenido antes. "Había una plana mayor que poco a poco fraguó un golpe de Estado dentro del grupo", recuerda el hooligan entrevistado. "Eran ultraviolentos y la gente les tenía miedo". En 1991 uno de ellos, José Antonio Romero, alias Jaro, asesinó a un aficionado del Espanyol.

A finales de los 90 los Casuals ya controlaban al grupo radical a su antojo y atemorizaban incluso a la directiva de Josep Lluís Nuñez, que les concedía tanto como pidieran. El presidente de los Boixos seguía siendo Manuel Omar, de carácter pacífico, pero los Casuals eran quienes controlaban la situación desde el bar Virginia, en los aledaños del Camp Nou. Gracias a un ejército de jóvenes con ganas de impresionar a sus cabecillas, desarrollaron una estructura paralela para delinquir y extorsionar que acabó llevando a algunos de sus miembros a prisión.

A finales de los 90 su principal actividad era el tráfico de drogas y armas así como los atracos y secuestros a narcotraficantes. Ya entrados los 2000, ampliaron su labor a los robos, palizas por encargo y a la extorsión de varios empresarios de la noche a cambio de protección. Durante años, los miembros más jóvenes de los Casuals estuvieron generando peleas e incidentes en una docena de discotecas de Barcelona y sus alrededores. Llegaba un grupo de ultras y se ponían a pegar y destrozar todo lo que encontraban por delante. Si hacía falta, repetían la acción durante varias semanas. Finalmente, obligaban a sus dueños a pagar una tasa para evitar incidentes o incluso a contratar el personal de seguridad de los Casuals para la seguridad del local.

Durante la última década la presión policial sobre la banda fue aumentando y se consideró desarticulada en 2010. Se encarcelaron a media docena de miembros, entre ellos a Ricard Mateo, uno de sus cabecillas conocido en el grupo como Ricart. Mateo, de 46 años, se pasó cuatro años en prisión provisional entre 2011 y 2014 y en 2015 volvió a ingresar en la cárcel tras la ratificación de su condena por parte del Tribunal Supremo.

Durante uno de los juicios, en 2013, los miembros de esta banda se liaron a puñetazos con los Mossos d'Esquadra en medio de la sala en la Audiencia de Barcelona.

A pesar de las detenciones, los Casuals siguieron actuando y Mateo daba órdenes desde la cárcel. Otro de sus cabecillas, Antonio Torn, alias Toñito, fue detenido el pasado abril en una gran operación contra la introducción de cocaína en el puerto de Barcelona. Según los investigadores, el papel de los Casuals seguía siendo el mismo de antes: "ejercer la violencia" cuando alguna operación se complicaba, gracias a su "vinculación con grupos de origen ruso, expertos en ajustes de cuentas".

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