INTERNACIONAL
08/12/2018 13:52 CET | Actualizado 08/12/2018 13:53 CET

Por qué Vox, Le Pen, Salvini o Wilders serán grandes (y peligrosos) amigos

El partido de Santiago Abascal se mueve con comodidad por los programas de la ultraderecha europea.

Combo con las imágenes de líderes de la ultraderecha.
Combo con las imágenes de líderes de la ultraderecha.

Los amigos de Marine Le Pen no paran de aumentar. Para su regocijo y para pavor de la mayoría del mundo. Las posturas de extrema derecha extienden sus garras por doquier, amenazando valores y derechos fundamentales allá por donde logran representación parlamentaria. El último lugar en el que Le Pen ha hecho amigos ha sido Andalucía. España ya no puede presumir de ser una excepción: aquí la ultraderecha también gana peso.

Le Pen no perdió ni medio segundo en felicitar vía Twitter al líder de Vox, Santiago Abascal, por los resultados de las elecciones andaluzas. Tenía tanta ansia por hacerlo, que publicó su mensaje incluso antes del recuento oficial:

"Mis encendidas y calurosas felicitaciones a nuestros amigos de Vox que, esta tarde en España, logran un resultado significativo para un movimiento joven y dinámico", escribió.

No es la primera vez que la líder de la extrema derecha francesa muestra en público su simpatía por el partido de Abascal. Se conocieron en 2017 en un encuentro de varias formaciones de extrema derecha en Perpiñán, cuando Le Pen se disputaba la presidencia francesa con Emmanuel Macron. "Tenéis todo nuestro apoyo", le dijo entonces la presidenta del Frente Nacional francés a Vox. Los del partido español no cabían en sí de gozo.

Abascal dio paso entonces a alardear públicamente de lo que les une con los de Le Pen: "Defensa de la soberanía nacional, la protección de la identidad cristiana de Europa y la reacción frente a la dictadura de la corrección política", dijo en una entrevista hace un año.

Y puso las miras más allá de Francia. Según el líder de Vox, las políticas de su partido tienen mucho que ver no sólo con el antiguo Frente Nacional francés, sino con el resto de grupos ultras europeos, como el del italiano Matteo Salvini. Razón no le falta: el rechazo a la inmigración, principalmente musulmana o la defensa ultranacionalista de la soberanía es algo que todos comparten, aunque lo cierto es que no hay una concordancia plena en todas sus posturas.

De hecho lo que hace Vox es moverse cómodamente entre las aguas no sólo de Le Pen y de Salvini, sino también de Alternativa para Alemania (AfD) o del Partido de la Libertad del holandés Geert Wilders.

Aquí la prueba.

Expulsión selectiva de inmigrantes (y obsesión con el islam)

Vox ha asumido ese discurso que criminaliza y asocia a los inmigrantes con delincuentes que vienen a aprovecharse de las ayudas sociales. En esta misma línea se mueve Marine Le Pen, que inocula el temor a la inmigración, el islam y la seguridad en un país impactado por atentados yihadistas sin precedentes entre 2015 y 2016.

El partido de Abascal quiere frenar la "invasión" mediante la "expulsión inmediata" de los inmigrantes ilegales". También quiere erigir un "muro de hormigón" en Ceuta y Melilla [aunque ahora digan que es una metáfora] y blindar más, mucho más, las fronteras. Pretende establecer castigos que conlleven incluso la cárcel para aquellas ONG, empresas o particulares que presten atención o ayuda a los inmigrantes ya que entiende que "colaboran" con las "mafias" que los traen a España. Es justo lo que está haciendo en Italia Matteo Salvini de la mano de su polémica ley sobre inmigración y seguridad.

Vox pone una condición para "aceptar inmigrantes": que "se adapten a las leyes y las costumbres españolas". Por este motivo busca favorecer que los nuevos inmigrantes procedan de Latinoamérica y no de África. Y por su puesto, que no sean musulmanes. De hecho Vox plantea la "eliminación del islam en las escuelas" o la prohibición de "toda práctica humillante contra la mujer, como el burka". Uno de sus principales puntos es el "cierre de mezquitas fundamentalistas" y la expulsión de los imanes que "propaguen el integrismo".

Cuando se lee lo relativo al islam en el programa del partido de Abascal no se sabe si se está ante lo que quiere Vox o ante lo que quiere el holandés Wilders. En este punto ambos reclaman, básicamente, lo mismo. Wilders clama contra la "islamización" de su país y lo que considera "la discriminación de los ciudadanos autóctonos".

Abascal y Wilders no están solos: este discurso puede extrapolarse perfectamente también a Alemania, donde la AfD entona lemas como: "El imperio del Islam en Alemania no es otra cosa que el imperio del mal". El partido pide directamente la eliminación de la enseñanza del islam en las escuelas.

Economía

Vox es clarísimo en este punto del programa: quiere una "rebaja radical" del Impuesto sobre la Renta. Es más, pretende dejar exentos del pago a los que ganen menos de 12.000. A partir de esa cifra es cuando se produce una mala aplicación del comunismo económico: pretende que los que ganen 12.001 euros paguen lo mismo que los que ganen hasta los 60.000: un tipo único fijo del 20%. También quiere rebajar los impuestos a las empresas bajando la presión fiscal al 20% y apuesta por la eliminar los impuestos al patrimonio y de sucesión.

En este punto sus mejores amigos son, de nuevo, los miembros de AfD, que se opone a una subida de impuestos y reclaman la supresión del gravamen sobre sucesiones. Además, la formación defiende la reducción del IVA hasta el 7%.

Aborto y violencia de género

Vox no quiere ni el derecho al aborto ni una ley de violencia de género. En esto tampoco está solo. En Italia, el ministro de Familia y Discapacidad de Italia, Lorenzo Fontana, ha hecho de la lucha contra el aborto su bandera y el país está en el ojo del huracán por un proyecto de ley del divorcio promovido por Matteo Salvini. La reforma ha sido incluso criticada por la ONU, ya que si se lleva a cabo, implicaría grandes riesgos para las víctimas de violencia de género. Esto es así porque uno de los puntos clave de este proyecto de ley es la de introducir una mediación, que prácticamente destruye la actual ley sobre el divorcio rápido, lo que pone en una situación de riesgo a las mujeres víctimas de violencia machista.

De nuevo, en estos puntos coinciden con AfD, que apuesta por la prohibición del aborto para promover la natalidad y asegurar así "la continuidad del pueblo alemán".

La UE

El partido de Abascal es mucho más moderado que Le Pen, Salvini o AfD en este campo. Vox quiere una reforma de los tratados de la Unión Europea, "en cuanto a fronteras, soberanía nacional y respeto por los valores". Luego no es tan radical como la ultraderechista francesa, que incluso habla de un 'Frexit' si los franceses lo quieren o como AfD, que y aboga por que Alemania abandone la UE y recupere el marco.

Los de Abascal coinciden en lo que al futuro de la UE se refiere con el llamado Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), que proclama por activa y por pasiva su derecho a decidir quién pisa su territorio y aseguran tener el "propósito de reforzar la estabilidad en Europa central".

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